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jueves, 25 de junio de 2015

El Papa ambiental

Pero en el caso del Perú, ya no son las transnacionales las que devastan, sino las actividades ilegales y la pobreza

Por: Jaime de Althaus
Antropólogo y periodista
EL COMERCIO

La encíclica papal “Laudato Si” es un extenso documento muy trabajado y por instantes poético y místico, en el que el Papa intenta juzgar el modelo de crecimiento global y sus efectos ambientales desde un marco teológico y ético. El “paradigma tecnocrático”, la “rentabilidad financiera”, la obsesión por las máximas ganancias y por el “consumismo sin ética y sin sentido social y ambiental” están propiciando el calentamiento global y agotando los recursos. El hombre, autorreferenciado e individualista, dominado por necesidades inmediatas, no reconoce a la naturaleza como la creación de Dios, y establece con ella una relación de dominio en lugar de una de unión y respeto al todo del que formamos parte. Desenfreno egoísta que llevará a la violencia y destrucción recíproca.

Está presente la vieja desconfianza de la Iglesia con la búsqueda de ganancias, base del mercado. Pero ya decía Smith que, en un mercado libre, el individuo, buscando su propio beneficio, consigue el de los demás. Si yo gano dinero es porque lo que produzco satisface necesidades de otros. Han sido las economías de mercado las que han reducido la pobreza y generado democracias que, a su vez, generan presiones ambientalistas para castigar excesos. En cambio, las economías dirigidas por la ética redistributiva (socialismo, estatismo, colectivismo) produjeron más pobreza, regímenes totalitarios y más destrucción del ambiente.

Salir de la pobreza consiste precisamente en incrementar la capacidad de consumo. Que los vastos sectores emergentes quieran consumir más es un derecho y ayuda al crecimiento para que más personas salgan de la pobreza. En qué momento eso se convierte en “consumismo”, en exceso egoísta, es algo que sí merece una discusión ética.

El Papa responsabiliza a las empresas multinacionales de haber arrasado las selvas tropicales, contaminado ríos, etc. Eso ha ocurrido. Pero en el caso del Perú, ya no son las transnacionales las que devastan, sino las actividades ilegales y la pobreza. No la gran o mediana inversión minera, que, salvo excepciones, ahora es limpia, sino la minería ilegal que usa mercurio y cianuro. No las grandes o medianas concesiones forestales modernas que deberíamos tener, que conservan el recurso, sino la migración itinerante de campesinos pobres que ha devastado 9 millones de hectáreas en la selva alta, en algunos casos sembrando coca y contaminando los ríos. No las pesqueras industriales, que tienen cuotas que son controladas, sino la pesca artesanal sin control que incluso usa dinamita. Y las ciudades y pueblos que botan sus residuos sólidos y líquidos a los ríos y al mar.

Entonces, tenemos que crecer más para reducir la pobreza y formalizar si queremos golpear menos el ambiente. Para eso, necesitamos engancharnos bien al “modelo de desarrollo global” que el Papa quiere cambiar porque ha ocasionado el cambio climático. Pero el mismo “paradigma tecnocrático” que ha ocasionado el calentamiento global es el que está produciendo ahora tecnologías y energía limpias. En 20 años solo habrá automóviles eléctricos, por ejemplo. Por eso los presidentes del G-7 pudieron anunciar, la semana pasada, al mismo tiempo que se publicaba la encíclica, que habían tomado la decisión “revolucionaria” de “descarbonizar” totalmente la economía en unas décadas. Aleluya.

viernes, 28 de noviembre de 2014

La gran exclusión

Nuestra estructura de ingresos ya no es una pirámide: es un rombo. Pero la del empleo en las empresas es al revés: cóncava

Por: Jaime de Althaus
EL COMERCIO
28-11-14

Debe ser por un afán provocador que Alfredo Torres ha escrito en este Diario que es un mito que en el Perú exista un dinámico sector emergente de micro y pequeños empresarios que a su vez conformen una nueva clase media, pues –afirma– la gran mayoría de microempresas no son expresiones de un pujante emprendedurismo, sino un esforzado mecanismo de supervivencia. Y que el sector verdaderamente dinámico, que explica el crecimiento de la clase media emergente, es el de las 50 mil empresas que tienen entre 10 y 100 trabajadores.

El problema de ese enfoque es que ve el proceso solo de arriba hacia abajo, negando la emergencia que viene de abajo hacia arriba y que queda frustrada precisamente porque las normas laborales y tributarias le impiden seguir escalando. No cabe duda de que hay un fuerte proceso de emergencia social. Entre el 2007 y el 2012, el empleo adecuado urbano (los que ganan por encima del salario mínimo) se dobló asombrosamente, pasando del 27,6% al 56,4%, y la clase media se ha doblado o triplicado (según el cálculo que se haga): pasó de 25,9% de la población el 2005 a 48,9% el 2011 según el BID, o de 11,9% a 40,1% según el Banco Mundial. La cantidad de población en la que se ha incrementado la clase media es mucho mayor a la que trabaja en empresas entre 10 y 100 trabajadores. Nuestra estructura de ingresos ya no es una pirámide, sino un rombo.

El problema está en que buena parte de esa población incorporada a una nueva clase media no se ha formalizado, pues entre esos años el empleo informal urbano apenas disminuyó del 72,8% al 66,8%. Tenemos una clase media emergente informal, lo que es casi un contrasentido. Y no se ha formalizado por el costo de la formalidad. Entonces, si vemos el tema en términos políticos, una cosa es decir: hay que reformar la legislación laboral para que crezcan más las empresas medianas y grandes, y otra es decir: hay que hacerlo para liberar el tapón que les impide a los micro y pequeños empresarios seguir creciendo.

Pues eso es lo que está ocurriendo. Si la estructura de ingresos es un rombo, la del empleo en las empresas es al revés, cóncava: hay mucho menos trabajadores en empresas medianas (8,9%) que en empresas grandes (24,3%), lo que significa que el salto de la pequeña a la mediana empresa es un salto mortal, casi imposible. Es decir, el crecimiento económico de las clases emergentes está reprimido por una formalidad excluyente, onerosa y compleja. La escasa formalización ocurre por expansión de las empresas grandes y no por crecimiento de las pequeñas.

Impulsar el desarrollo de las medianas y grandes empresas formales para convertirnos en un país del Primer Mundo, como quiere Alfredo, requiere levantar las barreras que impiden el acceso de los sectores emergentes a las palancas de la formalidad y que limitan el crecimiento de los pequeños más allá de cierto punto. Pues esa es, finalmente, la gran exclusión de nuestra sociedad.

viernes, 21 de octubre de 2011

La Expulsión del Paraíso

Por: Jaime De Althaus Guarderas
EL COMERCIO
21-10-11


El movimiento de los ‘indignados’ alberga muchos reclamos, pero es principalmente el grito de protesta de los expulsados del Estado de bienestar en aquellos países en los que este colapsó o debe reducirse severamente porque sus ingresos no alcanzan para pagar sus gastos. Es, entonces, la protesta de los despedidos, de los que ahora deberán trabajar dos o cinco años más porque la edad de jubilación era muy temprana y no hay cómo pagar a tanto jubilado joven, de los beneficiarios de subsidios ahora recortados o de seguridades laborales flexibilizadas, de los funcionarios públicos a los que se les ha reducido dolorosamente los sueldos, única manera de efectuar ajustes en países que carecen de moneda propia. Una movilización, en esencia, contra la pérdida de una seguridad económica que se creía dada para siempre.

Es una protesta, por lo tanto, perfectamente natural. Pero no es revolucionaria. Su aspiración no es fundar un nuevo orden, sino restablecer el estado de comodidad anterior. Se reviste, sin embargo, de protesta contra el orden capitalista existente, como si el Estado de bienestar no hubiese sido un subproducto de este. La protesta no se vuelca contra los excesos populistas del Estado de bienestar, contra los políticos que asignaron beneficios insostenibles a cambio de votos, por la sencilla razón de que los electores, los propios ‘indignados’, son cómplices de esas decisiones. Son sus beneficiarios. Se vuelca entonces contra los bancos, contra el sistema capitalista. Sin los que, paradójicamente, no habría Estado de bienestar posible.

Es cierto que hay sueldos obscenos en los mismos bancos que originaron la crisis del 2008. Y que algunos gobiernos aplicaron paquetes de estímulo fiscal para contrarrestar esa crisis. Pero a los que les ha ido mal son a los países que ya tenían un déficit fiscal muy grande antes de la crisis. Las reformas al Estado de bienestar se vienen reclamando hace años. Para solventar esos déficits los gobiernos se endeudaron crecientemente y ahora no pueden pagar la deuda a los bancos. Es infantil, absurdo e ideológico reclamarle a los bancos por una deuda generada por los estados.

En el Perú no hubo ‘indignados’ que se movilizaran el sábado no porque los ‘indignados’ locales hubiesen ganado con Ollanta Humala, sino porque no hay Estado de bienestar del cual estemos siendo expulsados, aunque sí hemos tenido un Estado populista que creó privilegios, cuya abolición generó indignados: los maestros del Sutep, por ejemplo, cuando se estableció la evaluación y la carrera meritocrática. Acá el crecimiento capitalista está haciendo posible construir recién un Estado, a secas. Justamente, se trata de no recaer en protecciones estatales y legales excesivas, que anulan la iniciativa individual, disuaden la inversión y resultan, a la larga, insostenibles.

viernes, 10 de junio de 2011

¿Ciudadanos o Mendigos?

Por: Jaime De Althaus Guarderas
EL COMERCIO
10-06-11


No es una buena política regalar dinero. Lamentablemente, eso es lo que va a ocurrir con el próximo gobierno, y a raudales, con los programas anunciados y prometidos. No es una buena política por varias razones. Primero, porque nadie sale de la pobreza recibiendo dinero, sino siendo capaz de generarlo. Para eso, lo que debe hacerse no es regalar dinero, sino difundir tecnologías y titular la propiedad. El paquete tecnológico para la sierra rural, donde está la mayor parte de la pobreza, está probado, y le permite a la familia campesina que lo adopta salir de la indigencia, acabar con la desnutrición infantil, conectarse al mercado y llegar a obtener ingresos por dos o tres mil soles al mes en dos años. En cambio, programas de subsidios masivos al consumo solo sirven para perpetuar la pobreza. Porque, ¿para qué me voy a esforzar si me están regalando las cosas?

En segundo lugar, porque lleva a generar una clase de personas dependientes del Estado que tienden a acostumbrarse a esa ayuda y tienen, por lo tanto, menos incentivos para salir por sí mismos de la pobreza. A mayor cantidad recibida, menor interés en trabajar o autogenerar ingresos. Fomentar masivamente la mendicidad no puede ser bueno. No es digno. No es moralmente aceptable. En cambio, no hay nada más humanamente estimulante que ver cómo un campesino pobre, empoderado tecnológicamente, rompe las cadenas de la miseria y se convierte en empresario, en ciudadano libre y autónomo.

La tercera razón es que jamás vamos a desarrollar una clase media de ciudadanos plenos si subsidiamos la informalidad con programas de este tipo. En los últimos 18 años viene creciendo una nueva clase media emergente, pero es aún incipiente e incompleta porque la mayor parte de ella permanece en la informalidad. Por lo tanto, ni tiene todos los derechos ni cumple con todas las obligaciones que competen a un ciudadano pleno y responsable. Y tampoco puede acumular más allá de un punto. Lo que debe hacerse es facilitar su formalización para acelerar la formación de una clase media fuerte y extendida, en lugar de pasmarla con la distribución de pensiones y seguros de salud gratuitos que desincentivan el esfuerzo propio y vuelven menos interesante la formalidad. Pues sin una clase media sólida la democracia no se sostiene en última instancia. Un país de informales es una república populista –si cabe el oxímoron–, pasto de demagogos, y no una democracia liberal de ciudadanos libres y fiscalizadores. No cortemos la evolución de la sociedad peruana. No caigamos en el modelo clásico de los populismos autocráticos que usan la renta petrolera o minera para regalar beneficios sin que nadie pague impuestos. No queremos masa mendicante sino ciudadanía.

viernes, 29 de abril de 2011

Ni el Peor Enemigo del Perú

Por: Jaime De Althaus Guarderas
EL COMERCIO
29-04-11


Es absurdo cambiar lo que funciona bien y más absurdo aun es cambiarlo por algo que funciona mal. Eso es lo que hace, sistemáticamente, el plan de Ollanta Humala. En el Perú, el modelo de crecimiento funciona bien: crecemos a tasas altas y sostenidas. Lo que funciona mal es el Estado, que es ineficiente, corrupto y no redistribuye bien. Lo que hay que cambiar no es el modelo, sino el Estado. Pues bien, el plan de Humala propone cambiar el modelo poniéndole mucho más Estado. Es decir, cambiar lo sano por lo enfermo. Así, propone cambiar el capítulo económico de la Constitución para restablecer el rol empresarial del Estado, “nacionalizar las actividades estratégicas” (pág. 80), “retornar el control de las decisiones del negocio gasífero a Petroperú” (pág. 8), crear diversas empresas públicas, etc.

El único puerto que funciona bien es Matarani, concesionado a fines de los 90. Enapu es un desastre. El aeropuerto Jorge Chávez, también concesionado, ha sido declarado el mejor de Sudamérica. Pues bien, el plan anuncia que se revisarán todas las concesiones de puertos y aeropuertos y que se “restituirá la operación y la administración de los mismos con participación mayoritaria del Estado Peruano” (pág. 86).

Hasta 1994 solo el 8% de los hogares tenía teléfono y conseguir uno costaba 2 mil dólares. Hoy, luego de la privatización, casi todos los hogares del Perú tienen cuando menos un celular. Pues el plan propone crear una ¡empresa nacional de telecomunicaciones!

El sistema privado de pensiones no es perfecto, pero es un logro histórico. Antes los aportes iban a un fondo común que era regularmente saqueado por los gobiernos. Al final las pensiones se pagaban con maquinita, con inflación. Ahora estamos ante un fondo conformado por cuentas individuales de ahorro donde los aportes de cada afiliado no se tocan y, más bien, se incrementan un 15% promedio por año sobre los aportes. Y el fondo total ya supera los 30 mil millones de dólares, un ahorro interno como nunca lo ha tenido el Perú y que nos ha permitido conquistar, por primera vez, la independencia financiera del exterior. Lo que faltan, más bien, son proyectos.

¿Qué se propone? Regresar al sistema anterior de un fondo común y obligatorio, donde el sistema privado pasa a ser complementario. Es decir, lo malo como remedio de lo bueno. Y con confiscación, pues el aporte al sistema privado se reduce a lo que queda después de aportar al sistema público obligatorio (primera confiscación), y la pensión gratuita para todos los que no tengan pensión es financiada en parte “por una porción de los fondos aportados por los trabajadores” (pág. 173) (segunda confiscación). Y así sucesivamente: subsumir Essalud –que son fondos privados mandatados y funciona mejor– en el Ministerio de Salud… Francamente, ni el peor enemigo del Perú…

viernes, 1 de abril de 2011

Mitos

Por: Jaime De Althaus Guarderas
EL COMERCIO
01-04-11


Existe el mito de que nuestro crecimiento se debe al ‘boom’ del precio de los minerales. Ollanta Humala, por ejemplo, en su “Compromiso con el pueblo peruano”, afirma que hemos tenido “un crecimiento muy importante basado en los altos precios de las materias primas”. Nada más lejos de la verdad. En los últimos cinco años la tasa anual promedio de crecimiento de la minería ha sido de apenas 0,7%, y en los dos últimos años ha sido ¡negativa! (-3,2%), mientras que la manufactura no primaria ha crecido a 8% anual (pese a la fuerte caída del 2009), y la construcción a ¡14,3%! Lo que quiere decir que hace ya buen tiempo que el crecimiento de la economía peruana reposa principalmente en la demanda interna y en sectores no primarios. Y es lógico: tenemos ahora una industria competitiva y exportadora, inclusiva, que procesa nuestros recursos, que integra, que forma mercado interno.

Por eso, es equivocado también el mito, desarrollado en el plan de gobierno de Gana Perú, de que el modelo “neoliberal” ha “reprimarizado” la economía. Es al revés. Hace 25 años casi no exportábamos confecciones, productos químicos o metalmecánicos, menos aun agroindustriales no tradicionales. Entre 1994 y el 2007, las exportaciones no tradicionales se han expandido, en volumen (toneladas), a una tasa promedio anual de 2,5 veces superior a las tradicionales. Crecen –en volumen– mucho más rápido. Y esa velocidad se ha incrementado en los últimos años: entre el 2007 y el 2010, las no tradicionales se han expandido –siempre en volumen– a una tasa anual promedio ¡7,6 veces superior!(1)

Entonces, está en marcha un acelerado proceso de diversificación de nuestras exportaciones con mayor valor agregado. Se trata de acelerarlo aun más y sustentarlo a largo plazo con el mejoramiento cualitativo de la educación, investigación e infraestructura. Para eso necesitamos, sí, de los recursos fiscales que aporta la minería. Necesitamos mucha más inversión minera (producimos menos de la mitad que Chile) para generar más recaudación y más inversión regional. Sería grave, entonces, atacar tributariamente a la minería con una carga superior al 70%, que es lo que se desprende del plan de gobierno de Humala, cuando la de Chile, con nuevas regalías y todo, solo alcanza al 40%; y más aun “nacionalizar” sectores estratégicos y recuperar el rol empresarial del Estado en ellos, como se plantea, porque lo único que lograremos es que no venga inversión externa a un sector de por sí complicado y que, por lo tanto, la inversión general se retraiga. Con lo que liquidamos la más grande conquista histórica del Perú: el crecimiento acelerado y sostenido, sin el que no se podrá derrotar la pobreza.

(1) Las No Tradicionales crecieron a un promedio anual de 22%, mientras las Tradicionales a uno de 2.9%.

viernes, 11 de febrero de 2011

Los Comuneros No tienen Derecho a la Propiedad

Por: Jaime De Althaus Guarderas
EL COMERCIO
11-02-11


En el Perú hay temas que son invisibles porque desafían los mitos a través de los cuales entendemos la realidad. Y, si son invisibles, no aparecen, naturalmente, en los planes de gobierno presentados en la campaña electoral, ni en los programas del Gobierno Peruano siquiera. Uno de esos temas es la titulación individual de la propiedad al interior de las comunidades campesinas, un derecho que, hasta ahora, les está negado a los comuneros, lo que los convierte en ciudadanos de segunda o tercera clase, víctimas de un verdadero ‘apartheid’ legal por parte del Estado Peruano.

En esto funciona todavía el mito colectivista de la comunidad campesina, que, por razones distintas, satisface la conciencia moral de muchos. Pero la verdad es que la comunidad, si bien suele ser todavía, en alguna medida, una unidad social endogámica que planifica algunas cosas en común, la producción es familiar –no comunal– y las tierras de cultivo son privadas y se heredan de padres a hijos. Por eso, hay en las comunidades una demanda clara por la titulación individual de las tierras de cultivo, sobre todo las que están bajo riego. En efecto, una encuesta a 450 comuneros en 18 comunidades campesinas de Cusco y Puno realizada en 1998 reveló que el 60% de los comuneros respondió favorablemente a la opción por la titulación individual de sus tierras, resultado consistente con encuestas similares aplicadas en Ayacucho. Se constató también la costumbre de acudir a notarios, Registros Públicos y hasta el pago de autoavalúos para formalizar sus posesiones, asegurar los procesos de herencia y garantizar la inversión en las parcelas (Carlos Monge y Jaime Urrutia, “El debate sobre la titulación en comunidades del sur andino”, en SEPIA VII 1999: 399-400).

Víctor Agreda y Claudia Mendieta, en un informe no publicado, verificaron lo mismo en las comunidades campesinas de Ayarmaca y Juan Velasco Alvarado en el Cusco. Allí las familias comuneras ostentan documentos de propiedad de diferente naturaleza (escrituras ante notario o juez de paz, documentos de compraventa, herencias, etc.), pero se trata de documentos “imperfectos”. Lo que desean es el título inscrito en los Registros Públicos para respaldar legalmente ese derecho y tener la seguridad de que podrán legar estas tierras a sus descendientes con ese mismo respaldo legal.

El problema es que el Estado Peruano sencillamente no atiende esta demanda pese a que la Ley de Tierras de 1995 abre el camino para hacerlo, por la sencilla razón de que no ha querido reglamentar esa ley y porque los funcionarios de Cofopri y de la Sunarp, por su parte, se han mostrado reacios a aceptar iniciativas de este tipo y mucho menos a promoverlas. Hay, en buena cuenta, una conspiración contra las comunidades que es necesario develar para reconocer a los comuneros los mismos derechos a la propiedad que tienen todos los peruanos.

viernes, 10 de septiembre de 2010

La Ceguera

Por: Jaime De Althaus Guarderas
EL COMERCIO
10-09-10


Parece una burla macabra que hayan tenido que pasar 50 años para que Fidel Castro se percate de que el “modelo cubano” no funciona. Pero ello no debería asombrarnos, y menos aún que la crítica venga ahora del propio Fidel y no de la sociedad. Es consecuencia del modelo mismo, del sistema de control político absoluto propio del sistema comunista, que alcanzó niveles de perfección –eso sí– en Cuba. Allí no hay libertad de expresión ni de información. Está prohibido pensar, criticar e incluso saber lo que realmente ocurre. Carece, entonces, del mecanismo interno para su propia renovación. Es la combinación de la ceguera con la mudez.

En Cuba hay un solo periódico –el “Gramma”– cuyo editorialista único es Fidel Castro, que en lo que constituye la envidia del periodista de opinión– dicta desde su columna las políticas y critica, cuando no le gustan, las tímidas reformas que su hermano Raúl osa lanzar, anulándolas por supuesto. Hay cinco canales de televisión, uno dedicado al deporte, dos a programas educativos y los restantes a noticias. Las noticias nacionales son siempre positivas o, cuando son malas, ello es siempre culpa del imperio o de la naturaleza y entonces se presenta a las autoridades de la “revolución” luchando junto con el pueblo para enfrentar la adversidad. Las noticias internacionales, en cambio, son siempre negativas: exponen la violencia y las revueltas sociales que ocurren en otros países –por ejemplo, en el Perú. Y como Internet está prohibida –así como lo lee–, el resultado es que mucha gente cree que, si bien pasa las de Caín para sobrevivir, por lo menos se encuentra en un país relativamente ordenado y protegido por Fidel mientras el resto del mundo se cae a pedazos.

En un ambiente así, resguardado, además, por los comités de la revolución en cada manzana, no es de extrañar que hasta el propio Castro se haya creído su propia mentira. Y que solo él pueda quitarse la venda de los ojos. Naturalmente, ese acto de iluminación no irá al extremo de retirar las mordazas de las bocas de los cubanos. Pero sí a cortar algunas de las sogas que atan sus manos. Hace un mes Raúl Castro anunció que se autorizaría a los cubanos a abrir pequeños negocios. Imagínese. En Cuba nadie podía tener siquiera una pequeña bodega, menos aun un taxi. La iniciativa individual prohibida. La voluntad, anulada. Todos menores de edad, minusválidos morales. Hace un año y medio se promovió la entrega de algunas tierras en posesión privada –no en propiedad– a quien quisiera trabajarlas, para ver si se reducía el déficit de alimentos. Pero quienes incursionaron fracasaron porque no existe el mercado que les abastezca de equipos, insumos o crédito.

Es la ocasión precisa para que Patria Roja, aliada de Susana Villarán, abjure del credo comunista. ¿Lo hará?

viernes, 27 de agosto de 2010

La Oportunidad de Europa

Por: Jaime De Althaus Guarderas
EL COMERCIO
27-08-10


Como sabemos, luego de golpear a los bancos de Estados Unidos y Europa, la crisis financiera atacó a los gobiernos, principalmente europeos, a consecuencia del endeudamiento en el que tuvieron que incurrir para rescatar a los propios bancos y estimular la economía. Todos los estados europeos afrontan ahora, en mayor o menor medida, unos déficits fiscales insostenibles que los obligan a severas medidas de ajuste. Pero la crisis tiene un lado potencialmente muy positivo: ha servido para no dilatar más el inicio de la reforma del Estado de bienestar, una tarea pendiente desde hace años que se ha vuelto, ahora, impostergable.

En varios países –Grecia, España, Francia, Gran Bretaña, etc.– se plantean no solo recortes del gasto público para reducir el déficit –incluso a costa de reducciones dolorosas de hasta 15 o 20% en los sueldos de los funcionarios públicos–, sino reformas para darle viabilidad al Estado y competitividad a la economía. En todos esos países se está aprobando una elevación de la edad de jubilación –de 65 a 67 años, o más, por ejemplo– a fin de incrementar la base de sustentación del sistema de pensiones de modo que su pago no dependa tanto del presupuesto público, en países en los que la proporción de los que contribuyen es cada vez menor. El sistema en sí mismo, sin embargo, sigue siendo de reparto, no de capitalización individual como tenemos en varios países de América Latina, a la vanguardia en el mundo en este tema.

La otra reforma en marcha es la flexibilización del mercado laboral, para incrementar la competitividad y generar empleo. En España, por ejemplo, se propone reducir significativamente el costo del despido. Aquí el modelo debería ser Dinamarca, país que siendo el arquetipo más acabado del Estado de bienestar, combinó de manera muy inteligente y eficiente la seguridad en el empleo con la flexibilidad absoluta del mercado laboral: las empresas pueden cesar libremente a un trabajador, sin pago alguno, pero el trabajador accede automáticamente a un seguro de desempleo con reentrenamiento. Este sistema ha permitido una economía muy dinámica y bajísimas tasas de desempleo en Dinamarca.

Por supuesto, se requiere otras reformas, principalmente desregulatorias, así como la eliminación de diversos subsidios. Es ahora o nunca, porque Europa no puede competir con el Asia y tampoco con Estados Unidos, ya no genera empleos y los padres ven cómo sus hijos, ya profesionales y con excelentes estudios, no encuentran trabajo. Una incertidumbre existencial, un miedo al futuro se ha apoderado de ese continente y la única salida es una reforma profunda de las instituciones del Estado de bienestar. Esperemos que la oposición ciega de los sindicatos y los intereses creados no termine por abortarla.

viernes, 16 de julio de 2010

El Convidado de Piedra

Por: Jaime de Althaus Guarderas
EL COMERCIO
16-07-10


En el Índice de Competitividad Global del Global Economic Forum, el Perú figura en el puesto 78 de 133 países, pero en el tema de infraestructura está en el puesto 97 y en infraestructura portuaria en el 126. Es decir, casi en el último puesto. Para un país que ha apostado claramente por la integración al mundo y por una estrategia exportadora, esta situación es absolutamente contradictoria e insostenible, y debe hacerse lo que sea necesario para salir de ella del mejor modo posible. Y obviamente el mejor modo posible no es obligando al futuro operador del Muelle Norte, que convertiría el Callao en un gran distribuidor continental, a asociarse con Enapu, la empresa estatal responsable, en parte, de que estemos en ese puesto.

La ineficiencia de Enapu es proverbial. Ricardo Briceño, ex director de Enapu, ha relatado el caso del puerto de Pisco, que funciona todavía con generadores diésel pese a que los postes para una línea de alta tensión entre Pisco y Punta Pejerrey están instalados desde hace 8 años, porque no ha sido capaz, en todo ese tiempo, de gestionar y terminar la aprobación del estudio de impacto ambiental. Obviamente su imposición como convidado de piedra del consorcio ganador no obedece al aporte que pueda hacer, que no solo será nulo sino negativo, puesto que castigará la inversión que se hará en el Muelle Norte. En efecto, mientras las iniciativas privadas que presentaron Dubai Ports y APM Terminals ofrecían 1.300 millones de dólares y 1.900 millones, respectivamente, la convocatoria que se haría sería por una inversión de solo 550 millones, según la Asociación para el Fomento de la Infraestructura Nacional (AFIN).

Es una versión en reverso de Sansón y los filisteos: qué importa que la inversión sea menor con tal de que viva Enapu. ¿Para qué? ¿Cuál es la necesidad? La Constitución dice que allí donde el sector privado puede actuar, el Estado no puede tener empresas. En el Muelle Norte hay iniciativas privadas autosuficientes. No se necesita de la empresa pública. Su presencia, por lo tanto, es inconstitucional.

Económicamente tampoco tiene ninguna justificación. Al contrario, es una carga en un tema que tiene que ver con las posibilidades de crecimiento del Perú. La única explicación es política, pero política en el sentido más estrecho del término: se trata de proteger los intereses sindicales vinculados al Partido Aprista. Eso es todo. Con la mayor desfachatez se subordina el interés nacional, de todos los peruanos, al interés político y personal de unos pocos. No puede pasar.

viernes, 9 de julio de 2010

Demagogia Agraria

Por: Jaime de Althaus Guarderas
EL COMERCIO
09-07-10


No cabe duda de que hay en el Perú una propensión malsana a arruinar los mejores logros. Uno de los grandes milagros de los últimos 15 años ha sido la revolución agroexportadora de la costa, luego de la abismal involución producida por la reforma agraria. En 15 años ha surgido una agricultura de exportación no tradicional altamente tecnificada e intensiva en trabajo a la vez —el mejor de los mundos. Pero ya se lanzó un movimiento para poner límites a la extensión de la propiedad agraria. Si se concreta, los inversionistas lo pensarán dos veces antes de invertir, porque quedaría abierta la competencia demagógica por bajar una y otra vez esos límites. Habremos frenado un fenómeno que, en realidad, está recién empezando.

Porque, para comenzar, el área que ocupa esa agricultura no pasa de 100 mil hectáreas de cerca de 900 mil que hay en la costa. Si a ella sumamos otras 100 mil de caña de azúcar, llegamos a las 200 mil. El espacio para la pequeña y mediana agricultura es muy grande, bastante mayor que el que había antes de la reforma agraria. Precisamente, eso es lo interesante de este proceso. Ha supuesto, como es lógico, un cierto proceso de reconcentración de tierras, pero no ha traído consigo la expulsión de personas del medio rural ni la eliminación de la pequeña agricultura. Por el contrario, los jóvenes se quedan en el campo, pues esa agricultura es trabajo-intensiva, y ha emergido una nueva clase trabajadora muy numerosa (más de 250 mil trabajadores) con derechos laborales en un país que casi solo ha producido informalidad. Y con la particularidad histórica de que esos trabajadores no son proletarios. Es decir, conservan, ellos o sus familiares, sus chacras, y en ellas empiezan a introducir mejoras tecnológicas aprendidas en los fundos agroexportadores o nuevas variedades de algodón o maíz. De modo que esa pequeña agricultura está ya en el umbral de la acumulación capitalista. Sin contar la cantidad de parceleros articulados directamente a cadenas agroexportadoras (páprika, marigold, mango, banano orgánico, etc.). Lo que hay es simbiosis, no exclusión.

Y en el caso de las azucareras, sí hay una empresa que ha comprado varios fundos, sumando una extensión mayor a la que tuviera el mayor propietario antes de la reforma agraria, pero no le ha comprado a pequeños o medianos, concentrando tierra, sino haciendas que ya existían. Y así ha podido recuperar ex cooperativas arruinadas y envilecidas por la corrupción, reparando la destrucción ocasionada por la demagogia. Ahora se han recapitalizado y los trabajadores y pensionistas reciben sus pagos puntualmente. Una bendición social.

Por último, todo lo anterior lo que ha hecho es subir astronómicamente el valor de las tierras, de modo que cuando los pequeños venden, sencillamente salen de la pobreza. No dejemos que el populismo vuelva a agredir al pueblo.

viernes, 21 de mayo de 2010

La Política del Gas

Por: Jaime de Althaus Guarderas
EL COMERCIO
21-05-10


Los pueblos quieren gas pero no quieren hidroeléctricas. Quieren un combustible no renovable con efecto invernadero en lugar de una fuente energética renovable y no contaminante. Por supuesto, el gas es menos nocivo que el petróleo, pero mucho más que la energía hidráulica. Y como la inversión en hidroeléctricas no es rentable al precio artificialmente bajo al que se vende el gas del lote 88 a las centrales termoeléctricas, lo que estamos viendo es una participación creciente del gas en la matriz energética en detrimento de la energía de fuente hidráulica. Así, la suma de la presión social y el incentivo económico llevan al Perú a depender crecientemente de un recurso no renovable, de modo que cuando este se agote en unas decenas de años, no tendremos cómo suplirlo con hidroeléctricas que no habremos construido.

No es solo que no hay plan energético de largo plazo. Es que el gas cumple otras funciones. Más que el sucedáneo energético, es el sucedáneo político del petróleo. Sirve para agitar banderas nacionalistas y demagógicas. Para reverdecer el anticapitalismo. Con el gas, la exportación vuelve a ser la expoliación y nos reinstala en el imaginario colonial. Se la rechaza en todos los tonos, y más aún si es al horrendo Chile. La exportación al vecino del sur queda tácitamente prohibida, aun cuando lo que nos pueda pagar ese país sea un precio bastante más alto que el del deprimido mercado mundial. Chile ha construido dos plantas de regasificación para importar gas, y lo tiene que hacer desde Nigeria, con altísimo costo. Si exportamos, es absurdo y primitivo no hacerlo a ese destino, aun cuando al final acabe dándose el desenlace irónico de que el gasoducto surandino, demandado por las “nacionalistas” regiones del sur del país, termine vendiéndole gas (o energía de una termoeléctrica) a Chile para conseguir el mercado que necesita para hacerse rentable. Porque es obvio que en el sur del Perú no hay suficiente salida para un gasoducto que puede costar 2 mil millones de dólares o más.

Son los caminos curiosos que encuentra la historia, si es que los encuentra. Porque puede pasar lo de Bolivia, donde el nacionalismo reivindicativo ha logrado bajar las reservas de 56 TCF a 12 TCF en muy pocos años. Pues las reservas son, en efecto, un concepto dinámico. Crecen si hay inversión, y esta aumenta si hay mercado y se respetan las reglas de juego. Por eso, hay que tener cuidado con los meses que vienen. La competencia electoral inflama los discursos hasta el paroxismo. Ojalá, en medio de la pasión, se conserve la capacidad de salvar el verdadero interés nacional.

sábado, 30 de enero de 2010

Carta de Respuesta de Jaime de Althaus a Francisco Durand

LA REPUBLICA
29-01-10

Señor Director:

En su réplica a mi crítica, Francisco Durand repite que hay una tendencia a la “desnacionalización” que tiene graves consecuencias. Pero en una economía abierta es lógico que una cierta proporción de las empresas grandes sean extranjeras. Eso no es malo. Es bueno. Trae capital y tecnología a un país descapitalizado por las políticas nacionalizadoras y populistas que el Sr. Durand pareciera defender.

Lo importante, lo novedoso, es que desde 1990 el capital nacional se está reconstruyendo y por primera vez en la historia han emergido nuevos grupos económicos nacionales de origen popular que, además, se están convirtiendo en las primeras transnacionales peruanas junto a otros grupos que también se internacionalizan. Durand lo acepta pero desvaloriza su importancia señalando que son jugadores pequeños o medianos en Sudamérica. Oiga, pero si su internacionalización ha comenzado hace pocos años. Si el Perú hubiese abierto su economía hace 40 años como Chile y no hace sólo 20, esos grupos serían mucho más grandes y Oeschle, Monterrey o Tía estarían en Santiago en lugar de Ripley y Falabella acá.

Durand añade que a esos grupos emergentes igual los compran, como al grupo Wong. No es así. El grupo Wong no ha sido comprado. Ha vendido un negocio pero con esa plata ha realizado nuevas inversiones y se ha diversificado. Ha crecido, no ha desaparecido.

Argumenta que esos grupos y las multinacionales crecen porque reciben favores, exoneraciones tributarias y rentas indebidas en arreglos con el poder. Si aportara las pruebas, me sumo a la denuncia. El hecho contante y sonante es que nunca como ahora ha sido el impuesto a la renta tan alto como porcentaje. Ha pasado de menos de un 20% de los ingresos tributarios en los 80 a un 42% el 2008. ¡El Estado “liberal” hace pagar mucho más impuestos a las grandes empresas! ¡Y por eso pudo subir, por ej. el sueldo a los maestros, que durante los 70 y 80 se había encogido!

Acepta que las exportaciones no tradicionales han crecido espectacularmente en estos 20 años, pero anota que en el PBI predominan las materias primas de siempre. Claro, pero lo que importa es la tendencia. Y no es cierto que las manufacturas que se exportan son las que surgieron con las políticas proteccionistas: esas tendieron a desaparecer, por ineficientes.

Relativiza la “revolución del microcrédito” diciendo que entre garantías, 19% de IGV, impuesto a la renta y tasas de interés, esos microempresarios casi no ganan nada ni crecen. Aparentemente ignora que para la mayor parte de esos créditos no se pide garantía; que muchos de los prestatarios son informales, y los formales restan el IGV que pagan cuando compran, de modo que casi anulan el 19%. Y que las tasas de interés se han reducido a la tercera parte en los últimos 14 años (Webb, El Árbol de la Mostaza, p. 22). Un fenómeno extraordinario de inclusión económica.

Jaime de Althaus G.

viernes, 15 de enero de 2010

Mitos Recargados

Por: Jaime de Althaus Guarderas
EL COMERCIO
15-01-10

Puede ser un buen negocio en el mercado académico estadounidense explotar el tema de los países pobres sometidos a los designios de las transnacionales. Ese es un nicho de investigación y publicaciones para el que nunca faltará material y menos lectoría, pues se trata, en el fondo, de otra versión del “buen salvaje” arruinado por la perversión del sistema capitalista.

El profesor de la Universidad de San Antonio, Texas, Francisco Durand, por ejemplo, vuelve a la carga con su ya fatigada letanía de la “desnacionalización de la economía” que nos pone en manos de intereses que tienen el poder para lograr que las empresas paguen pocos impuestos y para que el país “siga siendo un vagón de minerales enganchado al convoy de la globalización”, en el que faltan oportunidades y donde las pymes están abandonadas…

Para mantener ese nicho académico no conviene mirar los números, siempre tan fríos, que revelan que nunca las empresas pagaron más impuestos que ahora. En efecto, en 1986, en pleno socialismo del siglo XX peruano, con populismo a viento en popa haciendo crecer el PBI a la fabulosa cifra de 11,7%, con grandes utilidades en las empresas, el Impuesto a la Renta fue el 23% de los ingresos tributarios, todo un récord. Pues bien, en el 2008 dicho impuesto fue el ¡42%! de los ingresos, casi el doble como proporción: el Estado “liberal” resultó mucho más redistributivo.

Tampoco conviene reconocer que con el nuevo modelo económico las exportaciones no tradicionales crecieron (entre 1994 y 2007), en volumen —no en precios—, a una tasa anual promedio 2,5 veces mayor que las tradicionales (minerales), de modo que el vagón tiene cada vez más productos elaborados. Razón por la cual ahora tenemos una industria mucho más articulada y por primera vez el empleo en las provincias ha estado creciendo más que en Lima, abriendo oportunidades que no había antes.

Hay que ocultar que las pymes, lejos de estar abandonadas, han recibido el impulso extraordinario de la revolución del microcrédito que ha crecido a tasas superiores al 20% por lo menos desde 1998, incorporando a más de un millón de microempresarios como nuevos prestatarios. Lo que, sumado a una titulación masiva, ha permitido la emergencia de una nueva clase media en las ciudades.

Es cierto que las empresas privatizadas fueron adquiridas principalmente por transnacionales, porque el querido socialismo anterior había destruido el capital nacional. Pero para qué mostrar que al mismo tiempo han surgido, por primera vez en la historia, nuevos grupos económicos de origen popular (Añaños, Rodríguez, Wong, Flores, Huancaruna, Oviedo, etc.), y que el modelo está permitiendo reconstruir un capital nacional que está generando las primeras transnacionales peruanas, que serían aun mucho más poderosas e importantes si el modelo hubiese estado vigente desde hace casi 40 años como en Chile y no desde hace solo 19 años.

viernes, 11 de diciembre de 2009

La Izquierda Globalizadora

Por: Jaime de Althaus Guarderas
EL COMERCIO
11-12-09


No cabe duda que estamos avanzando cuando Michael Porter, gran propulsor de la globalización y del planeamiento estratégico para penetrar los mercados internacionales, se convierte en el ícono de la izquierda intelectual peruana. Porter advirtió, por ejemplo, que el Perú está todavía poco integrado al mercado mundial en comparación con otros países emergentes. Es decir, que nuestro comercio exterior —la suma de nuestras exportaciones e importaciones— es todavía relativamente pequeño como porcentaje del producto, pese a haber saltado espectacularmente de un 21% del PBI en 1990 a un 47% el 2008, más del doble en 18 años, indicando que nuestro aparato productivo se vuelca hacia afuera. Pero todavía de manera insuficiente, según Porter.

Y tiene razón. Pero lo interesante —que Porter no informó— es que ese vuelco hacia afuera ha comprometido a casi todos los sectores, no solo la exportación de minerales. La industria, por ejemplo, se ha reorientado a la exportación. Por eso ha caído tanto este año, como consecuencia de la crisis internacional. Las exportaciones no tradicionales, de mayor valor agregado, han crecido, en volumen, a una tasa anual promedio de 16% entre 1994 y 2007, mientras que las tradicionales solo a 6,5% (siempre en volumen, no en precio). Esto es, una tasa promedio anual 2,5 veces mayor que las tradicionales. Algo que refuta categóricamente el mito del retorno al modelo primario exportador. Estamos en el camino de un modelo secundario exportador. Se trata de colaborar para acelerarlo. ¿Cómo? Lo dijo Porter: incrementando la competitividad del país, lo que significa mejores puertos, carreteras, comunicaciones (concesiones, asociaciones público-privadas), educación, innovación. Esa es la lucha, precisamente. Y mucha más colaboración público-privada en clusters o conglomerados.

También dijo Porter que hacía falta más inversión extranjera, pese a la que ya ha ocurrido en minería, hidrocarburos, turismo, banca, telecomunicaciones, etc. Y que los frutos del crecimiento no se han expandido suficientemente al conjunto de la sociedad. Pero allí el que falla es el Estado: poca infraestructura para conectar al mercado, alto costo de la formalidad. Pese a ello, los estratos más pobres se han beneficiado más, algo que la izquierda oculta deliberadamente. El informe “Panorama Social de América Latina 2009” de la Cepal revela que el índice de Gini (que mide la desigualdad) ha caído en el Perú, entre 1997 y 2008, de 0,53 a 0,47 y que el 40% más pobre ha incrementado su participación en el ingreso nacional de un 13% a un 16%, mientras que el 10% más rico lo ha disminuido de un 33% a un 29%. Es que aceptar esta verdad equivaldría, para esos intelectuales, a la autodesintegración ideológica.

viernes, 23 de octubre de 2009

Los Cinco Mitos

Por: Jaime de Althaus Guarderas
EL COMERCIO
23-10-09


Sinesio sigue repitiendo los mismos mitos del pasado. Primero, la satanización del mercado externo, del capitalismo global, como inductor de nuestro desarrollo. Señor: los únicos países que se han desarrollado en los últimos 50 años son los que se integraron francamente a la economía mundial y pasaron a depender, efectivamente, de la demanda externa, gran palanca de desarrollo. Las 13 economías que han crecido más de 7% anual durante 30 años seguidos en los últimos 50 años tienen en común el aprovechamiento del mercado mundial (Banco Mundial, The Growth Report, 2008). Mirándose al ombligo uno se muere de hambre.

Segundo mito: que este es un modelo “primario exportador”. Primario exportador fue el modelo populista-proteccionista anterior. Hace 20 o 25 años casi no exportábamos confecciones, ni productos químicos, ni metalmecánicos, ni muebles, etc., ni había agroexportaciones tecnificadas. Entre 1994 y 2007 las exportaciones no tradicionales han crecido —en volumen— a una tasa promedio anual 2,7 veces superior a las exportaciones primarias. La tendencia es clara (De Althaus, “La revolución capitalista…”).

Tercer mito: que ahora tenemos una “producción basada en poca absorción de mano de obra… y su eslabonamiento a otros sectores de la economía es muy débil”. Por favor: eso es lo que ocurría en el modelo anterior: una industria importadora, ensambladora, desarticulada, que le vendía al mercado interno pero no le compraba nada. Nuestra industria actual, en cambio, es más procesadora de nuestros recursos, empleadora y exportadora (las ramas más artificiales cerraron con la apertura). Para no hablar de la moderna agroexportación —intensiva en mano de obra y generadora de una nueva clase trabajadora no proletaria con derechos—, del turismo y de una minería mucho menos “enclavada” que la anterior.

Por eso es falso también el cuarto mito, que este es un desarrollo centrado en Lima. Oiga: ese era, nuevamente, el signo característico del modelo proteccionista: la industria ensambladora centrada en Lima succionando el mercado interno. Ahora, por primera vez en décadas, las 20 ciudades más grandes generan empleo —en promedio— a una tasa superior que Lima. Sí es cierto que la sierra rural se queda atrás, pero ello se debe a que está menos conectada al mercado, pues el Estado no ha construido la infraestructura necesaria ni ha aplicado una política de desarrollo productivo.

Por eso es también falso el quinto mito: que se ha incrementado la desigualdad. Con la sierra rural, sí, por las razones antedichas. Pero entre Lima y las regiones en general, y dentro del sector urbano, la desigualdad ha tendido a reducirse (INEI, encuestas NSE de Apoyo, etc.), y ha surgido una nueva clase media emergente. Esto debido a la abolición de los privilegios rentistas (proteccionistas y estatistas) que transferían ingresos de la sociedad a los sectores industriales y estatales protegidos; al mismo aparato productivo más integrador; a la abolición del impuesto inflacionario, a la titulación masiva de la propiedad y a la revolución del microcrédito y los teléfonos. Se produjo una redistribución social de los privilegios rentistas. Nada menos.

viernes, 2 de octubre de 2009

Le pregunto a Sinesio

Por: Jaime de Althaus Guarderas
EL COMERCIO
02-10-09


Sinesio López me responde pero no refuta nada. Más bien insiste en la tesis de que lo que tenemos desde los años 90 es un capitalismo tan salvaje que solo pudo imponerse en el Perú por la fuerza, gracias, entre otras cosas, a una concentración autoritaria del poder. Y ahora por las armas.

Vuelvo a preguntarle, entonces, a Sinesio, si el hecho de que las regiones estén creciendo más que Lima por primera vez en 100 años es más salvaje que la anterior concentración creciente de la riqueza. Le pregunto si la nueva industria, mucho más articulada a nuestros recursos, más empleadora y más exportadora es más salvaje que la vieja industria protegida, ensambladora y centralista que expoliaba el mercado interno sin comprarle nada. Si la nueva balanza alimentaria, que le ha devuelto el mercado interno a los productores de papa —los más pobres del país— y ha recuperado autoabastecimiento en leche y azúcar, es más salvaje que el viejo subsidio populista a alimentos importados despojando a los campesinos de su mercado interno. Si el ingreso de capitales privados a las grandes empresas azucareras que ha saldado la ominosa deuda laboral y paga sueldos al día es más salvaje que la ruindad de las cooperativas azucareras que no pagaban a sus trabajadores ni a sus jubilados y donde los derechos laborales eran nostalgias burguesas. Si los nuevos fundos agro exportadores que han creado una nueva clase trabajadora con derechos laborales son más salvajes que la agricultura de subsistencia muerta de hambre que dejó la reforma agraria. Si la emergencia de pequeños agricultores que se conectan a cadenas exportadoras o que exportan ellos mismos café orgánico, mango, bananos y otros productos es más salvaje que la inopia languideciente del pasado.

Le pregunto a Sinesio si la nueva inversión minera, ambiental y socialmente responsable, es más salvaje que la vieja minería contaminadora. Si las nuevas concesiones forestales —más grandes y duraderas— son más salvajes que las viejas pequeñas concesiones de un año que fomentaban la depredación del bosque. Si el nuevo sistema de cuotas de pesca es más salvaje que la carrera desbocada por la anchoveta.

También le pregunto si es salvaje la nueva clase media que ha emergido en los distritos periféricos de las ciudades y los modernos centros comerciales a los que acude. Si la titulación masiva y la revolución del microcrédito son más salvajes que la vieja concentración mercantilista del crédito. Si la estabilidad y la libertad de precios son más salvajes que la inflación, la carestía y las colas provocadas por los controles de precios.

También sería bueno que Sinesio nos dijera si una ley que reduce los costos de la legalidad para que muchos trabajadores puedan acceder a derechos laborales le parece más salvaje que la que excluye de esos derechos a las mayorías. Si le parece más salvaje una carrera magisterial con evaluaciones y remuneraciones mucho mejores, que la estabilidad laboral absoluta con bajos salarios y bajísima calidad.

Respóndame, por favor, Sinesio.

viernes, 18 de septiembre de 2009

López en Venezuela

Por: Jaime de Althaus Guarderas
EL COMERCIO
18-09-09


Sinesio López (“La República” (4/9/2009) argumenta que Alan García apela a las armas (el proyecto de ley que autoriza a la policía a disparar) para defender el modelo neoliberal, que impone un capitalismo salvaje “sin derechos ni garantías para el trabajo, inversión y acumulación sin distribución, políticas económicas para los ricos y políticas sociales para los pobres”.

Bueno, es increíble. La mayor parte de los trabajadores carece de derechos laborales debido al altísimo costo de la legalidad laboral, heredera del velasquismo y tenazmente defendida por la CGTP y la izquierda, verdaderas oligarquías laborales. Fueron ellas las que se opusieron a cualquier intento de reforma que permitiera formalizar el trabajo y extender los derechos laborales.

¿Inversión y acumulación sin distribución? Por favor. Por primera vez en 100 años las regiones están creciendo más que Lima y la brecha centralista tiende a reducirse. La desigualdad al interior de las ciudades ha disminuido. Solo la distancia con la sierra rural —menos conectada al mercado, precisamente— se ha ampliado. Aquí es el Estado el que está fallando, no el mercado.

¿“Políticas económicas para los ricos y políticas sociales para los pobres”? Frase efectista, pero poco seria. La apertura de la economía permitió redistribuir los privilegios rentistas de los sectores urbano-industriales hacia los sectores populares, que incrementaron su ingreso real. El mismo efecto tuvo la derrota de la inflación, hija del populismo, así como la eliminación de los controles de precios, que generaban escasez y carestía. Por eso ha tendido a reducirse la desigualdad urbana y ha surgido una nueva clase media emergente en las principales ciudades, impulsada además por la titulación masiva que ayudó a la revolución del microcrédito de los últimos diez años, y por las privatizaciones que permitieron extender los servicios de telefonía y otros de una manera exponencial.

La apertura engendró una nueva industria, mucho más articulada a nuestros recursos y exportadora, como la de confecciones, que da mucho empleo. Se desató la revolución exportadora de la costa, que creó una nueva clase trabajadora de más de 250.000 personas con derechos laborales, y las empresas azucareras pudieron recapitalizarse pagando la gigantesca deuda laboral engendrada por el cooperativismo velasquista, y restableciendo los derechos laborales de sus trabajadores. Los productores más pobres, los de papa en la sierra, recuperaron su mercado interno (el consumo per cápita de papa, que cayó de 100 kilos en 1970 a 33 kilos en 1990, volvió a remontar a 80 kilos en la actualidad). Etcétera…

Añade López que, para imponer ese “capitalismo salvaje” (¿cuál?), los gobiernos neoliberales necesitan imponer formas autoritarias: “Concentración del poder en la cúspide, gobierno secreto con decretos de urgencia, hiperactivismo legislativo (sin debate público) del Ejecutivo por delegación de facultades del Congreso y aplicación vertical de las políticas públicas”. Parece que se equivocó de país: eso es Venezuela. Perdón, Venezuela es peor.

viernes, 11 de septiembre de 2009

La otra Amazonía

Por: Jaime de Althaus Guarderas
EL COMERCIO
11-09-09


Hernando de Soto ha regresado a ocuparse del Perú, esta vez de las comunidades amazónicas. Su objetivo con esta megainiciativa es similar al que tuvo con “El otro sendero” en los años 80, cuando la izquierda tenía la hegemonía intelectual: demostrar que hay un camino distinto y mucho más productivo para las comunidades amazónicas que el que propone el movimiento indígena detrás de Aidesep y algunas ONG, que centra su activismo en el reconocimiento del derecho a la consulta reconocido por la declaración 169 de la OIT y en el rechazo a inversiones capitalistas vistas como una amenaza, y que aboga eventualmente por una economía aislada del mercado. Y que aquel camino pasa por reclamar los mismos derechos de propiedad y empresa que tiene una compañía formal o una transnacional, en lugar de los títulos disminuidos e inútiles que tienen ahora, si los tienen. Es decir, derecho a la igualdad legal o fin del apartheid jurídico.

Pues de lo que se trataría no es de defenderse de la globalización, sino de aprovecharla para crecer y liberarse de la pobreza. Pasar de una actitud defensiva a una ofensiva. Lo que los pueblos amazónicos necesitan, más que solo ser consultados, es poder económico. Y eso lo conseguirían con derechos de propiedad efectivos que les permitan, por ejemplo, desarrollar empresas o corporaciones que participen directamente en la explotación de los recursos naturales o en otras actividades. Y si se tiene derechos de propiedad potentes, la consulta cae por su propio peso. Ya no sería consulta. Sería negociación.

Constata De Soto que las comunidades nativas no son arcadias comunales en las que todo es colectivo. De hecho, sus territorios están internamente parcelados, aunque los bosques puedan, sí, tener una apropiación colectiva. Pero el título que otorga el Estado no reconoce esas tenencias individuales y solo consiste en una demarcación colectiva que no otorga ningún instrumento económico efectivo.

Lo que se propondría, entonces, es una discusión con y al interior de las comunidades para establecer en qué consisten en la realidad los sistemas de tenencia y propiedad, y a partir de allí construir unos derechos que contengan todos los instrumentos de la propiedad de modo que puedan formar empresas y convocar capital. Pero eso tiene que hacerse para que la iniciativa no quede solo en el terreno ideológico.

Algo similar deberían hacer las comunidades andinas, en las que también hay distintos grados de tenencia privada de la tierra según la intensidad del aprovechamiento productivo. Las tierras agrícolas, por ejemplo, se heredan de padres a hijos. Son propiedad privada en los hechos. Pero prevalece en la Constitución y la ley el mito colectivo, que, en el fondo, no es otra cosa que un instrumento ideológico de la sociedad mayor para mantener a la población indígena en la marginación económica.

sábado, 29 de agosto de 2009

Recuperando su Propio País

Por: Jaime de Althaus Guarderas
EL COMERCIO
29-08-09


En los últimos años se han producido avances sociales muy importantes de los que ni el Gobierno parece consciente. Revisando los datos de la Encuesta Nacional de Hogares del INEI, se observa que se está produciendo un salto estructural en los niveles de inclusión social en los servicios de salud y educación. En efecto, la tasa de asistencia a educación inicial de niños de 3 a 5 años de edad a ha pasado de un 47% en el 2000 a 64% en el 2008, y lo mismo está ocurriendo en el porcentaje de adolescentes que va a secundaria, que en el área rural ha pasado de un 43% en el 2000 a un 63% en el 2008. Esto debería ser acompañado por un incremento simultáneo en la calidad de la enseñanza, y en ese sentido hay que saludar que se haya convocado a un nuevo concurso en octubre para el ingreso a la carrera pública magisterial.

En el ámbito de la salud los progresos de la inclusión son aun mayores: el porcentaje de personas en el área rural afiliado a algún tipo de seguro (al Seguro Integral de Salud —SIS— principalmente), ha pasado del 30% en el 2004 al 61% en el 2008. Es decir, se ha duplicado en solo cinco años. El gran salto se dio el 2008, en que pasó de 39% a 61%. Haría falta constatar el nivel de esta atención, pero la reciente ley de aseguramiento universal debe llevar en unos pocos años a un plan bastante más completo y a toda la población de menores recursos. Está comenzando este año con una atención a todo el universo pobre en Huancavelica, Apurímac, Ayacucho, el VRAE y algunos distritos pobres más. Veremos.

Si a esto se suman los avances en electrificación rural y el ingreso creciente de celulares al campo —ya hay casi 23 millones de líneas vendidas en el Perú—, no cabe duda de que estamos ad portas de un vuelco estructural en las condiciones de incorporación del agro rural andino a la economía nacional. Es el momento, entonces, de entrar masivamente con tecnologías de riego, producción y vivienda que incrementen sustancialmente la productividad campesina. Están dadas las condiciones. El recientemente publicado reglamento que hace posible a las regiones y gobiernos locales destinar el 10% de sus presupuestos de inversión a esta clase de proyectos, es un instrumento cuya utilización debería ser alentada desde todos los frentes.

Y si a esto se sumara la formalización de las mypes en virtud de la campaña ya iniciada de aplicación de la respectiva ley, pues no cabe duda de que en pocos años los sectores populares del Perú habrán recuperado su propio país.