viernes, 14 de agosto de 2009

Sin Cultura de Metas

Por: Jaime de Althaus Guarderas
EL COMERCIO
14-08-09


Nos proponemos metas y después nos olvidamos de cuáles eran esas metas e incluso de que nos las habíamos propuesto. Eso es lo que le pasa al Gobierno, incluso en temas tan críticos y graves como la desnutrición infantil. En su presentación en el Congreso, el presidente del Consejo de Ministros, Javier Velásquez Quesquén, anunció que en los últimos seis meses la desnutrición infantil se había reducido de 21,5% a 19%, y no dijo nada más. Pero resulta que la meta del Gobierno anunciada el 2006 era reducir ese índice de 25% a 19% el 2011. Lo que significa que ya se habría cumplido la meta y el Gobierno no se ha dado cuenta. Debió haberlo festejado y propuesto una nueva, más avanzada. Pero nada. Increíble. Salvo que el dato no sea real, lo que es muy posible.

Lo mismo ocurre en otros órdenes. El Gobierno dio una batalla descomunal para evaluar a los maestros —que ganó— y luego otra igual de ciclópea para aprobar la ley de carrera magisterial —que ganó también—, pero parece que se cansó porque se olvidó de dar la batalla para implementar la ley. Entonces la está perdiendo.

Este año se abrieron 20 mil plazas —debieron ser 60 mil, para recuperar las 30 mil del año pasado— y el Sutep logró convencer a los maestros que no se presenten, pese a que los sueldos son mucho más altos. Apenas postularon 11 mil. Si ingresaran —digamos— 5 mil, esto significaría que, a ese ritmo —5 mil en dos años— nos demoraremos ¡120 años! para que todos los maestros ingresen a la carrera magisterial.

¿Y la ley mypes? Una reforma muy importante, que fue también el parto de los montes porque fue resistida cerradamente por las cúpulas beneficiarias de la excluyente ley general de trabajo, pues ha sido casi abandonada. No salen los instrumentos para aplicarla ni hay una campaña nacional para formalizar las microempresas.

Con la reforma del Estado y la ley de simplificación administrativa pasó algo similar, aunque en menor grado. Lo mismo con el presupuesto por resultados, que es precisamente el instrumento para que la acción del Estado se rija, evalúe y redefina según la medida en que va alcanzando metas.

El MEF lanzó el presupuesto por resultados, y luego se olvidó: el resultado de los resultados no se produjo. No hay “voluntad completiva”, como dirían los psicoanalistas. Hay metas pero no se convierten en cultura, no se interiorizan, ni sirven para guiar y corregir la acción. Sin eso, no seremos un Estado moderno, ni los mensajes presidenciales dejarán de ser listados poco útiles para avanzar.