sábado, 29 de agosto de 2009

La Falacia del Colapso del Capitalismo

Por: Jagdish Bhagwati*
EL COMERCIO
29-08-09


Cuando las crisis gemelas irrumpieron en Wall Street y Main Street, los populistas se apuraron en celebrar la desaparición del capitalismo. Pero ahora que la efervescencia se ha ido, nos hemos quedado con mitos rotos y atroces falacias que invitan al escrutinio. No puedo hacer nada mejor para ilustrar tal situación que citar a un prominente populista, un ícono para la masa anticapitalismo y antiglobalización. Me refiero a Joseph Stiglitz, quien ha sostenido que la actual crisis era para el capitalismo (y los mercados) el equivalente a la caída del Muro de Berlín, una analogía particularmente nefasta.

Cuando el Muro de Berlín cayó vimos la bancarrota intelectual de las políticas autoritarias del comunismo y de las economías extensivas, casi universales, de la propiedad de los medios de producción y de planeamiento centralizado. Eso, sin embargo, no ha sucedido en la reciente crisis, en la que hemos sido testigos de una pausa en la prosperidad, pero no de la devastación final del sistema. Porque hasta antes de la crisis habíamos disfrutado de casi dos décadas de prosperidad generadas por reformas liberales en países que comprenden casi la mitad de la población mundial (China e India) y que habían producido un impacto significativo en la reducción de la pobreza. Esa prosperidad (con breves interrupciones) la compartieron tanto países ricos, que aplicaron políticas liberales, como pobres, que regresaron a la democracia y la mantuvieron. Por ello, los esfuerzos teóricos por hacer que lo anómalo se vea como universal es un ejercicio polémico, que niega la historia.

Frente a esto, necesitamos juzgar al capitalismo en función de su utilidad para los pobres. Porque, está demostrado, las economías de crecimiento lento o estancado no pueden rescatarlos de esa situación sostenidamente. China e India inicialmente fracasaron por la aplicación de malas políticas. Luego de las reformas liberales, en cambio, registraron un crecimiento acelerado, que las llevó a que casi 500 millones de personas estuvieran por encima de la línea de pobreza en los últimos 20 años. Esto nos hace afirmar que, sin importar cuán severa haya sido la crisis, no puede usarse para negar esta verdad elemental.

Pero ¿ha sido el destino de los pobres en los países ricos menos reconfortante? Los sindicatos en EE.UU. están convencidos de que el comercio con los países pobres ha producido indigentes en sus países al deprimir los salarios reales. Pero esta calamitosa conclusión no tiene análisis empíricos que la sustenten. Sin embargo, mi análisis, que data de al menos una década, prueba lo contrario. Lo mismo va para el efecto de la emigración de mano de obra (mayormente ilegal) y los salarios de los trabajadores no calificados: es benigno, no maligno. Por ello, tenemos razón en defender lo que las políticas liberales y las reformas han logrado.


* Economista, Catedrático de Economía y Leyes de la Universidad de Columbia