viernes, 14 de agosto de 2009

Estatizando la Esperanza

Por: Fritz Du Bois
CORREO
14-08-09


Todo indica que la crisis financiera internacional tocó fondo en el primer semestre del año. Algunos países, como China, ya están rebotando de vuelta al crecimiento, mientras que los países desarrollados a lo largo de este semestre empezarán a crecer nuevamente. Habiendo pasado lo peor, ahora toca reconstruir la economía mundial ya que los países están saliendo de esta tormenta altamente endeudados y con una excesiva participación del Estado.

En nuestro caso, junio debe de marcar el piso de la recesión, cerrando los primeros seis meses del año sin crecimiento alguno. En realidad, la rapidez de la caída ha sido espeluznante. Hemos pasado del 10% de velocidad, del último trimestre del año pasado, a 0 en menos de lo que canta un gallo. Si bien estadísticamente el año calendario 2009 está perdido –lo mejor que se podría esperar es crecer 1.5% anual–, lo fundamental es recobrar el dinamismo y terminar el último trimestre creciendo a una tasa del 4% para no perder, también, el próximo año.

Para lograr esa meta, el anuncio de que no se incrementará más el gasto público es lo más adecuado. Este año, el Fisco cerrará con un déficit del 2% del PBI. Aumentarlo sería hipotecar nuestro futuro. Recordemos que, en el Perú, las verdaderas crisis se han dado siempre luego de la quiebra del Estado. Basta recordar a García marca 1.

Más aún, la calidad del gasto público no ha mejorado –el desastre de Pisco lo ha confirmado– y todo incremento terminaría no en inversión, para la cual no hay más capacidad de ejecución, sino en ineficiente gasto corriente. Así que el impulso que el Estado podía dar para reactivar la economía ya lo ha dado, y todo gasto adicional sería dinero echado al tacho.

Más bien, lo que falta en la ecuación es el entusiasmo. Desde el inicio de la crisis solo se ha hablado del esfuerzo público, mientras que se ha descuidado y desperdiciado lo que era el verdadero motor de nuestra economía: el desbordante optimismo del empresariado.

Lamentablemente, parece que la estatización de la esperanza dentro del Gobierno ha calado, ya que ni el presidente ni el premier, en sus respectivos mensajes al Congreso, le dieron importancia alguna a intentar reconstruir la confianza de la inversión privada, pese a que esta es 5 veces mayor que la del Estado. Solo resta confiar en que el inicio del proceso de privatización mental no tome demasiado.