jueves, 4 de septiembre de 2008

Presupuesto sin colesterol malo

Por Eduardo Morón. Economista U. del Pacífico
04-09-08

Hace algunos años me pidieron dar unas charlas sobre temas presupuestales a redactores de economía de los principales diarios. En esa charla, como motivación inversa, les decía a los asistentes que hay pocos temas más aburridos que el tema presupuestal. En efecto, esta percepción --que seguro muchos la tienen y que yo la suscribo plenamente-- se debe a que por muchos años la discusión del presupuesto público era un debate repetitivo e irrelevante. Cada año el Ejecutivo le entregaba al Legislativo un proyecto de presupuesto en que había un montón de gastos que todo el mundo quería mover pero que no se podían mover. Además, este proyecto era presentado a un Congreso poco capacitado para discutir temas presupuestales porque, en parte, todo se dice más complicado de lo que realmente es y en parte porque no existe ningún apoyo significativo a esta importante labor del Legislativo.

Esta vez el Banco Mundial estará apoyando al Congreso para tener mejores herramientas de análisis en la discusión. Ese ya de por sí es un cambio que entusiasma, sin embargo, el cambio más interesante está por otra parte. Uno de esos términos que los funcionarios públicos deben aprender muy rápido es la noción de techo presupuestal. Como parte del proceso presupuestal, el MEF se reúne con todos los responsables de gastar recursos públicos y define estas cosas que se llaman techos presupuestales que no son otra cosa que autorizaciones a gastar una cantidad máxima de dinero. Entonces cada sector en particular sabrá que el próximo año puede gastar hasta una cantidad equis, y si quiere algo más tendrá que pedir que se le asignen nuevos recursos a través de un crédito suplementario.

Esta forma de armar un presupuesto hace que todos los responsables de enviarle al MEF su presupuesto exageren en sus demandas por recursos. Es más fácil pedirlo y tenerlo a la mano para gastarlo que no haberlo pedido, no tenerlo y luego necesitarlo. El problema es que esta forma de trabajar hace que los presupuestos estén muy llenos de colesterol malo, es decir, proyectos que tranquilamente no pasa nada si no se hacen o proyectos sobredimensionados. Los doctores tratan el colesterol malo a veces con cambios en nuestra rutina, y en otras ocasiones, el colesterol malo es congénito y, por lo tanto, lo que se requiere no es una nueva dieta o más ejercicios sino medicina que afecte la forma como funciona nuestro sistema.

En términos presupuestales hay dos formas de combatir el colesterol malo: una es a través del uso del presupuesto basado en resultados, que busca por principio hacer un uso más eficiente y eficaz de los recursos públicos; la otra opción es darle la vuelta a la lógica de los techos presupuestales. La primera forma está siendo aplicada en el caso del Gobierno Central y la segunda, a los gobiernos regionales. Habiendo mirado este tema creo que es importante profundizar primero la experiencia piloto realizada este año en cinco programas priorizados antes de extender mucho más este esquema. Necesitamos generar casos exitosos de manejo presupuestal basado en resultados antes de pretender que todo se puede manejar así.

De otro lado, se ha introducido para los gobiernos regionales la idea de que hay un piso mínimo de gasto, reconociendo que sin esos recursos no se puede ofrecer lo mínimo indispensable a las distintas poblaciones de esas zonas. Pero se introduce vía el Foniprel --un fondo concursable-- una vía bajo la cual las regiones pueden aumentar su capacidad de gastar en proyectos siempre y cuando estos valgan la pena. No hay mejor cosa que la competencia para promover la eficiencia.


Fuente: http://www.elcomercio.com.pe/edicionimpresa/Html/2008-09-04/presupuesto-sin-colesterol-malo.html