domingo, 29 de noviembre de 2009

El Plan B que No se Necesitó

Por: Juan Vargas
EL COMERCIO
29-11-09

La Crisis que no Fue

El frenazo que experimentó este año la actividad productiva peruana debido a la crisis económica mundial podría haber sido un choque con vuelco y muertos regados en el camino, según los peores escenarios que elaboraron nuestras autoridades económicas para el 2009.
La debacle financiera mundial dio lugar a que la demanda en el exterior por nuestros productos disminuyera y que se recortaran las inversiones locales. La consecuencia fue que pasamos de crecer 9,8% en el 2008 a 1,5% este año; sin embargo, pocas empresas quebraron y el desempleo apenas aumentó.

Pudo haber sido peor y a fines del 2008 eso se temía tanto en el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) como en el Banco Central de Reserva del Perú (BCR). A pesar de los anuncios políticos sobre el supuesto blindaje del Perú para enfrentar la crisis, técnicos del MEF y del BCR recibieron el encargo de pensar en el peor escenario que podría presentarse y de diseñar medidas que podrían tomarse para tratar de minimizar esos daños.

Catástrofe
Eduardo Morón, viceministro de Economía entre setiembre del 2008 y enero del 2009, cuenta que una vez que estalló la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos y uno a uno empezaron a caer grandes entidades financieras de ese país, el peor escenario que se imaginaron fue que se repetiría la crisis de 1997-1998.


¿Qué pasó entonces? Como se muestra en los cuadros de la infografía, los principales indicadores se fueron al suelo. Por ejemplo, en la reciente crisis el dólar prácticamente se mantuvo estable, pero entre setiembre de 1997 y setiembre de 1999, el dólar aumentó de valor 25%. Es como si hoy usted tuviera que pasar de pagar S/.580 mensuales por su departamento (US$200) a pagar S/.725. Como si los desempleados hubieran aumentado en 279.000 personas solo en Lima Metropolitana. Miles de empresas cayeron en insolvencia, incluido el segundo mayor banco de entonces, el Wiese.

Había que evitar que ello se repitiera y por eso el BCR dictó medidas para minimizar la falta de liquidez entre los bancos y que no se produjera una sequía de créditos que pusiera en aprietos a las empresas del país.
Pero además de los programas de estímulo que se dictaron, funcionarios gubernamentales de alto nivel contaron a este Diario que hubo planes alternativos por si la crisis se escapaba de las manos.

Entidades Financieras
“Manejamos la hipótesis de que un banco grande y dos cajas municipales quebraban”, revelan. Esperaban que ello generara una corrida del resto de entidades financieras y una ola de incertidumbre que detendría casi por completo las inversiones.
Por eso, se dispuso una línea de crédito de US$300 millones en las cuentas de Cofide (vía un crédito de la Corporación Andina de Fomento) que se utilizaría en caso de que se diera la contracción del crédito.
“Dos meses fueron de sufrimiento agónico: enero y febrero. Felizmente nada pasó”, comentó una de las fuentes. El sector financiero especializado en las microfinanzas (cajas municipales, cajas rurales y edpymes) era de particular preocupación. “Las cajas y las edpymes crecían dinámicamente, pero no habían pasado por una crisis y, lo que era peor, no existían instrumentos financieros para apoyarlas. Al final el BCR tomó una serie de medidas para permitir que las entidades pudieran ser atendidas”, detalló nuestra fuente.
“El Perú había avanzado mucho en términos de bancarización; en parte, gracias a la expansión de esta pequeñas entidades. Teníamos que cuidar ese proceso y se consideró un fondo de US$100 millones para salvar a alguna de esas entidades que pudiera entrar en insolvencia. La caída de una entidad podía generar consecuencias mayores y tirar al trasto diez años de desarrollo de este sector”, contó otra fuente.

Sector Real
El tercer frente delineado fue el de la atención de las empresas. Si durante la crisis 1997-1998 muchos bancos fueron salvados por los gobiernos, lo mismo no sucedió con las empresas productivas que tuvieron que quebrar.
“Esta vez quisimos copiar la receta que aplicaron los asiáticos entre 1997-1998: crear fondos de reestructuración empresarial. Eso hicimos; la idea era aquí resguardar a los bancos, pero también entrar a capitalizar empresas”, cuentan.
“La quiebra de una sola fábrica hubiera hecho imposible la tarea del Gobierno de eliminar la incertidumbre”, explicaron.
Esos planes, sin embargo, no llegaron a aplicarse debido a que la situación nunca fue tan grave como se temió y lo mejor es que —como dijo Ricardo Paredes, gerente de Estudios Económicos de Cómex Perú— la recuperación llegó con rapidez, lo que facilitó que las medidas inicialmente tomadas bastaran para paliar los efectos de la crisis.