miércoles, 25 de noviembre de 2009

Los Últimos Apóstoles

Por: Luis Felipe Gamarra
EL COMERCIO
25-11-09


El "idilio" entre el poder político y el económico

Los patriarcas que sobreviven hasta hoy aplicaron reformas en sus empresas, lo que no hicieron los demás grupos, que terminaron siendo comprados o reducidos a cenizas por las transnacionales

Los “apóstoles” practicaron una vida monástica dedicada a sus empresas, que para ese entonces eran como una extensión visible de su intimidad familiar. Y cómo no iban a serlo, si en la fachada de sus firmas estaban —en letras labradas en bronce— los apellidos que heredaron de sus progenitores: hombres que llegaron al Perú el siglo XIX desde ultramar, sin un centavo en los bolsillos, pero con instinto para hacer dinero.

Como lo dijo Mario Brescia Cafferata, líder del grupo Brescia, uno de los más importantes del Perú, en la última Convención Anual de Ejecutivos (CADE): eran jefes de familia que construyeron fortunas trabajando durante décadas, acumulando capital en torno a una empresa altamente rentable, que se consolidó en un nicho económico, y que se diversificó más tarde en diversos sectores.

Para la década de los ochenta, los “apóstoles” encabezaban más de doce grupos económicos: Benavides, Brescia, Romero, Lanata Piaggio, Wiese, Bentín Mujica, Picasso Candamo, Raffo, Ferreyros, Nicolini, Olaechea-Álvarez Calderón, Cogorno, Piazza Tangüis y Delgado Parker.

Eran grupos que desde los años cincuenta representaron un poder económico que reemplazó a las viejas oligarquías. Todos estos apellidos representaban casi la totalidad del sector privado, en rubros que iban desde minería, agricultura, construcción, industria, banca y pesca, hasta telecomunicaciones, consumo masivo y manufactura. Pero, como sucedió con la mayoría de las grandes especies que se extinguieron, los “apóstoles” eran altamente vulnerables: su supervivencia dependía de las prebendas del Estado, a las que muchos de estos empresarios se acostumbraron durante las décadas del setenta y ochenta, como reconoció Dionisio Romero Seminario, en la CADE 2009.

En junio de 1986, al más puro estilo italiano, los jefes de las doce familias más influyentes del sector privado se juntaron en casa del empresario Alberto Biondi Bernales con el presidente Alan García Pérez y sus principales ministros para discutir lo que se denominaría una “política de concertación selectiva”, que consistía en otorgarles diversos beneficios a cambio de que reinvirtieran sus utilidades.

En la CADE de 1985, el presidente García clausuró la cita de ejecutivos reclamándoles a los empresarios: “Hay que apostar, señores. No esperar. Aquí no se puede exigir más garantías que a un banco de Miami. Hay que entregarse”. En la casa de Biondi, los empresarios le explicaron al presidente que ellos preferían llevarse sus utilidades al extranjero porque temían otro impulso estatista del Gobierno. “Había temor. La economía estaba centralizada”, dice Ricardo Vega Llona, quien participó en algunas de esas reuniones.

Sin embargo, a pesar de todas las facilidades que les brindó García, los empresarios no cumplieron su palabra. Por ese motivo, en julio de 1987, García anunció la nacionalización de la banca, que era controlada por los ’12 apóstoles”. A pesar de que esta no prosperó, la relación entre los “apóstoles” y García se destruyó.

El meteoro que produjo su extinción caería unos años más tarde, con la fuerza de un tsunami llamado Fujimori: la liberalización de la economía hizo que todos perdieran sus beneficios, obligándolos de golpe a competir con productos venidos del exterior. Muchos trataron de batallar en ese contexto, pero la mayoría de grupos terminaron siendo comprados por transnacionales.

De todos ellos, solo siguen vigentes Benavides, Brescia y Romero (en menor escala se mantienen Raffo y Ferreyros). ¿Por qué? Son los únicos de todos los “apóstoles” que salieron sin temor al exterior a captar capitales frescos en bolsas de valores del mundo, o elevando la capacidad de sus inversiones con socios regionales. Otro punto: la masa crítica de sus gerencias está hoy en manos de ejecutivos ajenos a la familia. ¿Cuáles serán los apóstoles del futuro?