domingo, 17 de agosto de 2008

El Dirigista

Por Fritz Du Bois
17-08-08

En estos días hay un 'déja vu' en el ambiente: imágenes de tanques rusos invadiendo que recuerdan el final de la Primavera de Praga, el retorno a la vida del INP hoy Ceplan, la creciente preocupación por los apagones y una crisis profunda en el Pacto Andino hoy CAN, aunque en esta ocasión el disidente no es Chile por liberal, sino una Bolivia cerrada y estatal. Todo ello nos deja una sensación de haberlo vivido, o mejor dicho sufrido, con anterioridad. Incluso el título del artículo suena a una película de los setenta de Bertolucci o Antonioni, aunque las absurdas consecuencias del dirigismo estatal harían que el Woody Allen de esa época fuera el director ideal.

Si bien es evidente que el Estado debe tener capacidad para poder planificar, lo real es que el funcionario estatal tiende a confundir esa función con la de dirigir el mercado e, inevitablemente, termina en algún grado de intervención que siempre genera distorsión. En realidad, son innumerables los episodios de dirigismo equivocado, desde el BCR provocando la mayor volatilidad en el sol de los últimos diez años, que genera expectativa inflacionaria en lugar de apagarla, hasta lo que ocurre en el mercado energético, que es consecuencia de sucesivos intentos gubernamentales por dirigirlo hacia el gas a lo largo de diez años.

Así tenemos que, luego que se cancelara a la Shell en Camisea, se prohibieron las construcciones de nuevas hidroeléctricas para, posteriormente, fijar para el gas un precio bajo y a largo plazo, como si el mercado fuera estático, de modo que en la actualidad el precio local es la quinta parte del internacional. Finalmente, en el Estado parece que no se dieron cuenta de que la economía viene creciendo hace tres años a tasas mucho más altas que lo proyectado y que el tubo de Camisea se iba a llenar más rápido de lo esperado. Con lo cual, hoy tenemos un mercado interno que desincentiva tanto la inversión en hidroeléctricas como el uso eficiente del gas y estamos, además, ante un horizonte de tres meses durante los cuales esperamos que los apagones no sean frecuentes, aunque es probable que en esta misma época del próximo año esa situación se repita.
Pero la más costosa confusión de dirigismo por planificación será el freno que sufrirá la expansión de mercados externos ante la falta de capacidad portuaria para seguir creciendo en nuestra exportación. Hace ocho años el Congreso canceló en el último día la concesión de los puertos regionales con la supuesta excusa de planificar su desarrollo vía una ley, antes de entregarlos al sector privado. Ahora, luego de todos esos años, nuevamente se posterga la concesión de Pisco porque Pro Inversión se han equivocado pidiendo una enorme inversión que no va a tener postores. Evidentemente el diseñar una concesión--que es una función que debería tercerizarse a un ente especializado-- sin ningún incentivo por ser exitoso y mirando de reojo hacia la plaza Bolívar, a los amigos de Enapu y enemigos del privado, es un fracaso asegurado. Con ello tendremos una década más sin desarrollo portuario por falta de inversión, para sumar a las dos anteriores en las que nada se invirtió, lo cual hace inevitable que el cuello de botella, que ya está empezando por saturación del Callao, se vuelva generalizado.

Finalmente, las lecciones para Ceplan de treinta años de dirigismo fracasado y de falta de planificación debe ser el identificar las necesidades de largo plazo para asegurar que fluya la inversión y no tratar de dirigir al mercado. Si alguien puede leer correctamente los mercados, lo más probable es que no sea funcionario estatal sino próspero empresario.



Fuente: http://www.elcomercio.com.pe/edicionimpresa/Html/2008-08-17/el-dirigista.html