lunes, 28 de febrero de 2011

El Moralismo no es Ética

Por: Richard Webb
EL COMERCIO
28-02-11


No todos los días un ganador del Premio Nobel de la Paz lanza una guerra, pero es lo que acaba de hacer Muhammad Yunus, premiado por ser pionero de las microfinanzas.

Yunus ha disparado con furia moralista, denunciando a las instituciones financieras que, a su criterio, “lucran” de la actividad crediticia. Dice que fundó el Grameen Bank en Bangladesh para eliminar a los prestamistas usureros, pero hoy observa, indignado, la aparición de una industria microfinanciera que hace grandes ganancias aprovechándose de los pobres.

Yunus confunde el medio con el fin, el método con el resultado.

El gran motor que está acabando con la pobreza en el mundo nunca ha sido la filantropía sino el negocio.

Las chompas, camisas y zapatillas baratas, el atún y la leche en lata para los que no tienen refrigeradora, las vacunas, los fósforos, las máquinas de coser, las ollas de lata y acero, la electricidad, el foco de luz, las sustancias químicas que purifican el agua, el camión que lleva papas y arroz al mercado, el celular, todos son productos que mejoran la vida de los más pobres y que han sido inventados y producidos por empresarios que buscaban y conseguían ganancias.

La revolución industrial fue liderada por los capitalistas ingleses, cuyas fábricas y tecnologías abarataron el costo de la ropa para los pobres en todo el mundo, y hoy son los capitalistas de la China y de la India quienes continúan esa labor, no como un acto de caridad o de responsabilidad social sino para ganar dinero.

La filantropía adereza el trabajo fundamental que hacen la tecnología y el negocio, pero como todo aderezo puede ser contraproducente.

Las microfinanzas han logrado lo mismo que las fábricas en la revolución industrial: han abaratado enormemente el costo de una necesidad de los pobres.

Hasta hace pocos años, el crédito era inaccesible, casi impensable para el morador de una casucha en los cerros de Lima o para el campesino de la puna.

Hoy consiguen crédito con tanta facilidad que han surgido temores de un exceso de endeudamiento.

El moralista se fija en los medios y en las apariencias; la ética en los resultados.

Si bien la industria de microfinanzas ha generado utilidades, como otras innovaciones en los negocios, también ha logrado una mejora extraordinaria en la gama de oportunidades que tiene el pequeño empresario.

Así como la justicia extrema es injusticia, según dijo Cicerón, podríamos decir que el moralismo extremo termina siendo inmoral.