martes, 22 de septiembre de 2009

Las Nuevas Clases Medias del Perú

Por: Rolando Arellano Cueva *
LE MONDE DIPLOMATIQUE
Setiembre del 2009


El Perú siempre ha sido un país de grandes contrastes. Durante la denominada etapa aristocrática, la brecha entre lo que el gran historiador de la República, Jorge Basadre, denominó “el Perú formal” y “el Perú real”, no obstante los cambios producidos durante la segunda mitad del siglo XX, sigue manteniéndose en su esencia: existe todavía un Perú oficial y otro que no lo es. Sin embargo, eliminada la aristocracia, el contraste de las llamadas familias acomodadas tiene ahora el fenómeno de las clases emergentes.

En el Perú, al igual que en algunos países latinoamericanos como México, Colombia y Brasil, está surgiendo una nueva clase media con modelos culturales y económicos diferentes a las clases medias tradicionales. Así, lo que hace más de 20 años fue señalado por diversos intelectuales como José Matos Mar (1) como un movimiento de las masas pobres del país, hoy se ha convertido en un fenómeno social que reclama su parte en la dirección de la cultura y la economía de la sociedad.

Esta situación no solamente pone en cuestión la estructura social de los países, sino que también muestra que los estereotipos de la clasificación socioeconómica (los ricos son blancos, limeños y modernos, los pobres son mestizos, provincianos y tradicionales) resultan obsoletos. Si eventualmente ellos correspondieron alguna vez a la realidad de la sociedad latinoamericana, es claro que ellos no se adaptan a los cambios en curso. Además, los estudios sobre estilos de vida de los peruanos y de los mexicanos (2) evidencian la inexistencia de una relación directa entre modernidad, tecnología e ingreso, pues la mayor cantidad de nuevos ricos de nuestros países no tendrían las características aceptadas de los ricos tradicionales. El “rey de la papa”, el dueño-chofer de la flota de camiones y el gran empresario textil de Gamarra, con niveles de riqueza mayores a los de muchos de la clase alta clásica, no comparten con ellos sus costumbres, valores o comportamientos.

El surgimiento y crecimiento
Esta nueva clase media es el resultado de la gran corriente migratoria del campo a las ciudades que se presentó en casi todos los países latinoamericanos a partir de los años 60 y que continuó ininterrumpidamente hasta fines del siglo XX. Con ella Ciudad de México y Sao Paulo pasaron de tener unos pocos millones de habitantes a ser unas de las urbes más pobladas del mundo, y en la misma proporción se situó el crecimiento de Bogotá, Río de Janeiro y Lima.

A partir de su llegada a las ciudades, estos migrantes fueron rechazados por los Gobiernos y las clases altas y medias tradicionales, invadieron los terrenos más yermos alrededor de las ciudades (los desiertos de Lima, los cerros de Río o de Ciudad de México) y se replegaron en la informalidad (para la construcción de sus viviendas, para la generación de sus empresas y negocios, e incluso para sus operaciones económicas o financieras). En esa situación lograron, en tres generaciones, desarrollar una economía que adquiere su propia dinámica y que hoy tiene representantes icónicos que muestran los caminos a seguir para muchos.

¿Su estrategia central, aunque no exclusiva, de desarrollo? Dedicarse a proveer de productos y servicios al 80% de la población menos rica del país, que la empresa tradicional y el Estado había descuidado por centrarse únicamente en servir al 20% perteneciente a las clases alta y media tradicional. Ello les permitió crecer casi sin competencia externa, y sin control estatal, en un mercado donde existía una gran demanda insatisfecha. La oferta formal, preocupada en guardar la comodidad de su estrategia de mercados pequeños con altos márgenes, desestimó el potencial de los grandes mercados con márgenes menores, pese a que esto último es la regla en los países desarrollados.

“Mientras las familias burguesas latinoamericanas, de Lima, Caracas, Guayaquil o Ciudad de México, veían disminuir poco a poco su importancia social y sus ingresos y, se quejaban de la “desaparición de la clase acomodada”, en los alrededores de su ciudad surgía una sociedad distinta, que crecía y se desarrollaba sin pausa. Los habitantes de esos nuevos barrios, contrariamente a sus vecinos del centro, durante los últimos 40 años vieron crecimiento y progreso en sus familias y sus vidas. El abuelo, campesino rechazado por el campo, conquistó un pedazo de cerro o arenal y comenzó con una casita de pajas y cartones. El padre creció ya en el primer piso de una casa de ladrillos y fue chofer de taxi. Finalmente, el nieto vio ya la casa con tres pisos y estudia para ser especialista en computación”. “Dicen que en todos los fenómenos naturales, los extremos tienden a juntarse. En este caso, parece que esa conjunción se da en el encuentro de los burgueses en su bajada al llano, con los migrantes en su subida económica y social”(3)

Los nuevos íconos empresariales peruanos
Luego de años de crecimiento “oculto” en los mercados de las grandes mayorías y muchas veces en la informalidad, comienzan a surgir algunos grupos empresariales icónicos de este fenómeno. Ellos tienen algunas características comunes (no necesariamente todas, pero comparten la mayoría), entre las que pueden mencionarse el ser de origen provinciano -básicamente serrano-, tener una estructura empresarial familiar o de grupo regional y haber crecido desde estructuras pequeñas. Un elemento más, generalmente guardan un perfil bajo frente a la prensa y la opinión pública. Allí entrarían grupos como Torvisco (pinturas y bebidas), Perales Huancaruna (café), Añaños (bebidas), Oviedo (azúcar y comercio) y Flores (textiles). Eventualmente podrían colocarse allí también a los Rodríguez Rodríguez (leche), Dyer (pesca y agro) y Wong (retail), aunque en el imaginario social en este fenómeno no deja de estar presente un componente regional serrano. Por ello resulta más aceptable encontrar allí al grupo Rodríguez, cuyo ascenso es anterior al resto y basado en la mejora de una empresa más antigua y de prestigio, y que, desde nuestro punto de vista, se parece más a grupos semi-tradicionales como Romero o Rodríguez Pastor.

De todos ellos, quizás el más representativo es el Grupo Añaños, no solamente por su inmenso crecimiento nacional e internacional, sino también porque su estrategia de negocio está basada en una ampliación de su sus inicios de servicio a los mercados olvidados por las empresas tradicionales. Los Añaños, que comenzaron su éxito lanzando gaseosas de precio bajo dirigidas a las grandes mayorías peruanas, han repetido el mismo negocio en todos los países a los que han ido. Este ha sido simplemente generar productos para quienes tienen menos dinero disponible (generalmente aquellos de los grandes grupos de migrantes a las ciudades), mercados donde las empresas tradicionales no quisieron bajar sus mayores márgenes de utilidad unitaria.

Detrás de ellos se encuentra una multitud de otros fenómenos empresariales similares, aún poco conocidos pero que en algún momento serán descubiertos por la prensa. Los propietarios de Norky’s y Rocky’s (las más grandes cadenas de restaurantes del Perú), muchos empresarios textiles de Gamarra y algunos exportadores agrícolas de Trujillo, son un buen ejemplo de ello.

Una visión divergente
Un elemento importante para entender a estas nuevas clase medias es que no tienen los mismos criterios aspiracionales de las clase medias tradicionales. En efecto, las clases medias tradicionales vivieron y crecieron siempre bajo la protección y el empleo de las clases altas y su mayor aspiración era integrarse a ellas. Las nuevas clases medias divergentes crecieron sin tener relación con las clases altas (más bien fueron rechazadas por éstas) y, por tanto, construyeron sus propios códigos de moda, de cultura y de consumo. Sus antecedentes provincianos, su experiencia de vida en Lima, y el contacto permanente con el mundo a través de la televisión y la tecnología, generaron un nuevo mestizaje cultural. Enchapado externo de las casas con cerámica brillante, gastronomía con fuertes componentes de origen serrano y música con acordes mezclados modernos y andinos, son algunos de los componentes más evidentes de esta nueva cultura. Si bien la mayoría de ellos son rechazados inicialmente por los grupos tradicionales, poco a poco comienzan a ser aceptados por ellos, siendo quizás el caso más significativo el de la música, al punto que hoy en ninguna fiesta peruana, de alto o bajo ingreso, dejará de escucharse (y bailarse) al Grupo 5, Néctar o Armonía 10, típicos representantes del sonido del Perú migrante.

¿Qué se viene? Sin ninguna duda un crecimiento mayor de esta nueva clase media, una aceptación creciente de sus costumbres y un mayor peso en la economía. Junto con ello, la formación de una cultura peruana realmente mestiza, que mezcla, por fin, a todas las sangres, todas las regiones y todos los niveles de ingreso del país. ¿Por fin un Perú culturalmente unido?


REFERENCIAS
(1) Matos Mar, J. “Desborde popular y crisis del Estado: Veinte años después”. Fondo Editorial del Congreso, 2004.
(2) Arellano, Rolando. “Los Estilos de Vida en el Perú: Cómo somos y pensamos los peruanos del siglo XXI”. Editorial C y M, 2000.
(3) Arellano y Burgos, “Ciudad de los Reyes, de los Chávez, los Quispe”. Editorial IMSA, 2006.


* Doctor (PH.D) en marketing de la Universidad de Grenoble, Francia; MBA de ESAN, Perú; y psicólogo de la Universidad Católica. Presidente de Arellano Marketing Investigación y Consultoría, y autor de 12 libros y más de 300 artículos sobre los mercados en las economías emergentes.