martes, 17 de febrero de 2009

Dinosaurios Ideológicos

Por: Gonzalo Prialé
CORREO
17-02-09


Si ésta fuera la crisis final del capitalismo, no podría ser una crisis cíclica, puesto que si fuera la última de las crisis, se terminaría el ciclo económico.

El tema de la crisis final del capitalismo es una fábula marxista. Algunos aún creen que a fuerza de repetirlo llegará a ocurrir. En cambio, desde el campo capitalista nunca existió algo equivalente, tal como una inminente crisis final del marxismo. Y el marxismo caducó a fines del siglo pasado.

Sólo dinosaurios ideológicos como Evo, Chávez y Fidel siguen postulando ideas marxistas refritas y fracasadas. Aquí Humala de manera simplista caracteriza al Perú como un país cuya economía gira alrededor de enclaves mineros que producen materias primas sin valor agregado.

A lo largo de la historia, muchos estudiosos profundizaron en el tema de los ciclos de auge y caída de la actividad económica. Uno de los más conocidos es el ruso Kondratieff, quien en 1935 publicó Los grandes ciclos de la vida económica, donde halló ciclos largos de 54 años, los famosos ciclos de Kondratieff. Pero esto resulta un anacronismo a estas alturas de la globalización.

No sólo las pirámides y las burbujas han generado crisis económicas. Estas también fueron causadas por guerras, plagas, desastres naturales, mal clima, hambrunas y cambios tecnológicos a lo largo de la historia.Las pirámides y las burbujas constituyen errores de juicio colectivo impulsados por la codicia, antes que fallas fundamentales del modelo económico. Han existido burbujas en Holanda en el siglo XVII (tulipanes), en Inglaterra en el siglo XVIII (Compañía de los Mares del Sur), en Japón en 1992 (burbuja inmobiliaria), en EE.UU. en 2001 (burbuja hightech), entre otras. Las pirámides recientes en inmuebles, derivativos y tarjetas de crédito en EE.UU. no son nuevas bajo el sol. Pero son las más grandes de la historia.

En general, las burbujas derivan del comportamiento tipo rebaño. Individuos que, por ejemplo, compran un producto codiciosamente, sin parar, porque creen que los precios continuarán subiendo siempre, lo cual les permitiría seguir ganando cómodamente en la subida. Esto es imposible y se puede demostrar con una reducción al absurdo: si todos compraran permanentemente algo, terminarían adquiriéndolo todo y en el proceso desaparecerían los vendedores y el mercado mismo.Gonzalo Prialé