lunes, 29 de noviembre de 2010

¿Y si se Acaba el Crudo?

Por: Augusto Townsend K.
EL COMERCIO
29-11-10


Así como la Edad de Piedra no llegó a su fin por falta de piedras, el pico alcanzado en la producción petrolera no acabará con la era del crudo, pero sí traerá problemas

“... los recursos siempre han gatillado conflictos, principalmente de naturaleza regional. Para el futuro, los autores esperamos que esto se convierta en un problema global, a medida que la escasez (principalmente de petróleo crudo) afecte a todos”.

A esta conclusión arribó un reporte elaborado para el Ejército Alemán, que se filtró a la prensa en setiembre último. De hecho, el Pentágono se había pronunciado en sentido similar en abril, alertando sobre los riesgos de la estrechez del mercado petrolero para las Fuerzas Armadas estadounidenses (que consumen diariamente el doble de crudo que todo el Perú). El diario “The Guardian” también reveló en febrero, basándose en fuentes internas del Gobierno Británico, que este último estaba más preocupado por el tema de lo que se animaba a reconocer.

Según el reporte inicialmente citado, las principales consecuencias de la escasez del petróleo se sentirán entre 15 y 30 años después de que su producción alcance su pico (lo que en inglés se conoce como ‘peak oil’). Pues bien, la influyente Agencia Internacional de la Energía (IEA), que asesora a las principales 28 economías desarrolladas del mundo acaba de decir que ya no habrá que esperar más, porque el pico de la producción de petróleo convencional ya ocurrió en el 2006.

¿DÉFICIT DE ORO NEGRO?
Ahora, las previsiones –alarmistas, dirían algunos– de la IEA no son compartidas por todos. Shell, por ejemplo, dice que el ‘peak oil’ se dará después del 2025, y la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) básicamente asegura que no sucederá nunca. Pero también es cierto que tanto las empresas como los países productores de crudo están interesados en que la economía global no se despercuda de su adicción al oro negro, pues de eso viven.

Nótese [ver infografía] que lo que ha alcanzado un pico es la extracción convencional de los lotes petroleros existentes, con el máximo de 70 millones de barriles por día (mmbd) registrado en el 2006. Luego de eso, la producción convencional global cayó ligeramente y, de acuerdo con la IEA, oscilará entre 68 o 69 mmpd de aquí al 2035, considerando el aporte de los lotes que aún no se han desarrollado o descubierto.

Por el momento, lo que permite cubrir la demanda diferencial son los líquidos de gas natural (como los que se producen en Camisea) y el petróleo no convencional (como el que se extrae en las arenas bituminosas de Canadá).

SED DE PETRÓLEO
Sin embargo, a falta de políticas gubernamentales que impulsen (por cuestiones ambientales o de seguridad energética) la sustitución del petróleo por fuentes energéticas alternativas, la demanda total crecerá de 84 mmbd en la actualidad a 99 mmbd en el 2035. China contribuirá con un 36% de ese crecimiento y la India con un 18%.

Dado que la producción convencional ya alcanzó su pico, la única forma de calzar la expansión de la demanda (en un escenario ‘business-as-usual’) será aumentando la producción de líquidos de gas natural y de petróleo no convencional y con mayor eficiencia en el procesamiento. La IEA dice que eso será posible, al menos hasta el 2035, pero no por ello oculta su preocupación frente a lo que podría pasar en el interín. De hecho, aunque la demanda no supere la oferta, la estrechez del mercado petrolero tendrá una serie de consecuencias frente a las cuales el Perú haría bien en prepararse (por ejemplo, reforzando su apuesta por el gas natural para el consumo vehicular e industrial). Aquí van cinco que son insoslayables:

1. Viene un shock de precios. Sir Richard Branson, el fundador del grupo Virgin, está convencido de que, tras la actual crisis financiera, la próxima será una crisis de precios en el sector petrolero, como la de los años setenta. Razones no le faltan: impulsos fiscales elefantiásicos en EE.UU. (que terminarán disparando a los commodities denominados en dólares); paralizaciones en los nuevos proyectos de inversión petrolera por la escasez de financiamiento bancario; obstaculización de la exploración ‘off shore’ por las repercusiones del derrame de BP en el Golfo de México, etc. Un sorbo de agua de azahar para los países deficitarios.

2. Aumentarán los conflictos, lo que incrementará aun más los precios. Las tensiones se multiplicarán no solo en el Medio Oriente, sino en zonas ya sensibles de África como Nigeria y Sudán, alrededor del Mar Caspio, quizá hasta en el vecindario latinoamericano, en las islas Malvinas. El Ártico es una incógnita: se sabe que tiene reservas importantes pero el control geopolítico no está bien delimitado 
(EE.UU., Rusia, Canadá, Dinamarca y hasta China tendrían pretensiones allí). No se sorprenda de que en el futuro –o ya mismo, corregirían algunos– vea a países deficitarios tapándose las narices para hacer negocios petroleros con gobiernos violadores de los derechos humanos.

3. El mercado petrolero global se convertirá en uno menos profundo, más proteccionista y dominado por empresas estatales. La OPEP alcanzará la mitad de la producción mundial, si no es más. Los gobiernos se verán cada vez más tentados a nacionalizar sus industrias petroleras. Crecerán los subsidios en un mercado que ya es altamente subsidiado (¿sabía usted que un litro de petróleo es más barato que un litro de gaseosa o de agua?). En buena cuenta, se le quitará confiabilidad y resiliencia a un mercado que todavía es –y será por buen tiempo– vital para la continuidad de las actividades económicas.

4. Se incrementarán los daños ambientales. No solo por las mayores emisiones de CO2 de los combustibles fósiles, sino porque, frente a la ola estatizadora, las empresas privadas tendrán que buscar crudo en entornos cada vez más difíciles. Accidentes como el de BP no serán cosa del pasado, sino quizá algo más recurrente de lo que uno quisiera.

5. Desestabilizará el sistema logístico del comercio internacional. Hoy el mundo nos parece más chico de lo que es justamente porque los combustibles que nos transportan –y que mueven las mercancías entre países– están altamente subsidiados. Si los precios del petróleo se descontrolan, el comercio internacional, que ha sacado a cientos de millones de personas de la pobreza en las últimas décadas, sentirá la pegada. Dios nos coja confesados.