lunes, 12 de octubre de 2009

Ave Fénix Financiero

Por: Richard Webb
EL COMERCIO
12-10-09


En octubre de 1987, el gobierno de Alan García envió una tanqueta armada para forzar la puerta del Banco de Crédito en el jirón Huallaga, tomando posesión así de la mayor entidad financiera del país. El intento de estatización no se cumplió, pero el acto, sumado a la hiperinflación que la siguió, liquidó la seguridad financiera.

Este octubre, 22 años más tarde y con Alan García nuevamente de presidente, el sistema bancario peruano acaba de ser elegido uno de los más seguros del mundo. En el ránking mundial de seguridad bancaria, el Perú ocupa el puesto 15, superando a Suiza (16), Alemania (39), Estados Unidos (40) y Gran Bretaña (44), países cuyos gigantes bancarios vienen desplomándose cual torres gemelas.

La comparativa solidez bancaria peruana no es solamente un privilegio de los ricos. Según el ránking recientemente anunciado por el Banco Interamericano de Desarrollo, las microfinanzas peruanas gozan del marco regulatorio y legal más propicio en el mundo. En banca especializada en la atención de los pobres, el Perú es número uno.

El camino de la banca ha sido una vía dolorosa. Desde 1980 han dejado de existir 75 entidades financieras reguladas por la Superintendencia de Bancos, entre bancos, financieras, mutuales, cajas municipales y rurales, y otras instituciones, sin contar la baja masiva de cooperativas y la desaparición de CLAE. Casi todas esas entidades habían recibido — y habían jurado proteger— los ahorros del público. El empresario de un negocio financiero se presenta necesariamente ante sus clientes con una apariencia de gran seguridad y solidez, pero la realidad es que trabaja en un giro de alto riesgo y — si nos atenemos a la estadística — de baja expectativa de vida.

¿Cómo proteger al ahorrista? Hoy el Perú goza de un sólido sistema bancario, como se refleja en los ránkings recientes, pero la experiencia de países más desarrollados demuestra que el pasado no es garantía del futuro. La única garantía que vale es la vigilancia eterna, como dice el refrán, acerca del precio de la libertad.

De allí la extraordinaria importancia de la buena regulación y supervisión bancaria. Así como el usuario de una red de caminos no tiene cómo saber si un puente está a punto de caerse, tampoco el ahorrista tiene cómo descubrir la solidez de un banco. Como la seguridad en general, la protección de los ahorros requiere de una fuerte presencia del Estado y de criterio técnico.