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lunes, 14 de julio de 2014

¿Producción o Ingresos?

No todo lo que se produce en un territorio se queda en los bolsillos de las personas que viven allí.


Por: Richard Webb*
EL COMERCIO

¿Cómo medimos el éxito de una economía? ¿En su producción? ¿O en sus ingresos? Cuando evaluamos el progreso de una nación, la  costumbre es fijarnos en su producción. La estadística productiva se publica cada mes, pero no pasa un día sin que los medios y los analistas estén proyectando o debatiendo la tendencia de la producción, el llamado “PBI” del país, dato estadístico que se ha constituido en el alfa y omega de la economía nacional. Gracias al Instituto Peruano de Economía, ahora contaremos además con estimaciones mensuales del “PBI” de cada región.

La lógica detrás de esa atención preferente a la producción es evidente. Si bien el objetivo final de la economía son los ingresos, el camino pasa por la producción. Ciertamente, es posible aumentar la riqueza o reducir la pobreza mediante transferencias entre personas o países, sean voluntarias o involuntarias, pero en el mundo en que vivimos lo que manda es la producción. En términos generales, cada uno baila con su pañuelo.

Sin embargo, el baile entre la producción y los ingresos no es tan pegadito como se podría creer. En algunas de nuestras regiones, por ejemplo, hasta parecen estar peleados. En Ica, parangón de la inversión y modernización, el PBI por persona aumentó 8.0 por ciento al año desde 2004, pero el ingreso familiar creció apenas un triste 2.0 por ciento. En Huancavelica ocurrió lo opuesto, con apenas 2.9 por ciento anual de crecimiento de PBI pero un fenomenal 9.0 por ciento de mejora anual en sus ingresos. Cajamarca, duramente criticada por oponerse a la gran inversión minera, tuvo un magro 1.5 por ciento de mejora anual en su PBI en ese periodo pero los cajamarquinos gozaron una sorprendente mejora de sus ingresos de 5.7 por ciento anual. Claramente, el PBI no nos cuenta la historia completa.

Es que no todo lo que se produce en un territorio se queda en los bolsillos de las personas que viven allí. Antes de la reforma agraria, las rentas de las haciendas salían del campo para financiar la vida urbana de sus dueños. Hoy sucede con las utilidades de compañías extranjeras, especialmente las mineras, que si bien pagan una planilla de obreros mineros, y hacen otros gastos locales, al final pueden llevar sus utilidades a sus propios países. De otro lado, el trabajo de migrantes de muchos países aumenta el PBI de otros países, pero engorda el ingreso de sus propios países en la forma de remesas. Las remesas que mandan trabajadores hondureños y salvadoreños a sus casas, por ejemplo, representan un quinto del PBI de sus países.

Esas idas y vueltas de las inversiones y de los trabajadores entre países, se multiplica cuando se trata de regiones. En muchas regiones de la sierra ya es rutina migrar a la costa o selva durante varios meses al año, engrosando así las economías de sus hogares pero no el PBI de su región. La minería representa más de un tercio del PBI de ocho regiones peruanas, pero su aporte a los ingresos locales es mucho menor.

El desarrollo nos lleva en la dirección de una creciente interconexión entre países pero también entre regiones nacionales. La producción es el necesario motor de ese desarrollo pero, paradójicamente, un efecto del progreso será una creciente separación entre la producción y el ingreso.

* Director del Instituto del Perú de la USMP

domingo, 4 de mayo de 2014

El Perú vs. Kuznets

Por: Richard Webb
EL COMERCIO
05-05-14

Simon Kuznets fue un gigante de la economía del siglo XX. Ruso, emigrado a Estados Unidos, ganador del Premio Nobel, inventó el PBI (la estadística que mide la producción de un país).

Antes, se decía que la economía iba bien o mal según ciertos eventos aislados, como las cosechas. El invento del PBI revolucionó nuestra capacidad para conocer un país. Fue como pasar de las fotos de un viajero a una foto satélite que capta al país entero.

Pero hoy nos interesa especialmente un segundo invento de este notable ruso, porque es allí donde hoy el Perú se enfrenta con él. Se trata de una teoría acerca de la distribución de ingresos conocida como “la curva Kuznets”, según la cual la desigualdad inevitablemente aumenta cuando un país inicia su desarrollo, proceso que se reversa solamente cuando se alcanza un alto nivel de ingresos. La trayectoria de la desigualdad, entonces, dibuja una curva, primero de aumento y luego de reducción. La explicación era que el desarrollo económico consiste en la creación de fábricas y la urbanización, proceso necesariamente desigual, donde primero se benefician capitalistas y algunos obreros, mientras que la mayoría de los campesinos siguen condenados a la pobreza en espera de la creación de nuevos empleos industriales.

La ley de Kuznets ha sido una firme creencia de economistas desde hace medio siglo, sirviendo incluso de justificación para ignorar el mal de la extrema desigualdad.

No obstante, en el Perú, al que le falta mucho para ser país desarrollado, la desigualdad se viene reduciendo. Las evidencias más saltantes, referidas a la evolución de los ingresos familiares del 2007 al 2013, son las siguientes:

1. El ingreso del 10% más rico de las familias peruanas se elevó en 6%; el del 10% más pobre en 53%.
2. Huancavelica, la región más pobre del país en el 2007, fue la que tuvo el aumento más grande (80% en seis años), cuatro veces más que el promedio nacional de 22%.
3. En términos regionales, los extremos de riqueza son Lima, por un lado, y la población rural de la sierra, por otro. En Lima, el ingreso familiar aumentó 13%; en la sierra rural, 53%.
4. El ingreso de las cuatro regiones más pobres en el 2007 (Cajamarca, Huancavelica, Ayacucho, Apurímac) aumentó 54%, el de las cuatro más ricas (Moquegua, Tumbes, Arequipa, Tacna), 19%.
5. A la población rural en general le fue mucho mejor que a la urbana: el ingreso rural aumentó 47%; el urbano, solo 16%.

Lo más alentador es que el retroceso en la desigualdad no es tanto por los programas sociales sino por su propia productividad. Solo un quinto del aumento en el ingreso rural se debe a mayores transferencias; cuatro quintos de la mejora reflejan una mayor capacidad productiva. El “empleo adecuado”, por ejemplo, se elevó 138% en la sierra rural, 112% en la agricultura, y solo 13% en Lima. ¿Kuznets se equivocó? ¿O el Perú está encontrando un camino propio para el desarrollo?

viernes, 1 de enero de 2010

Por qué se Cayeron los Salarios

Por: Humberto Campodónico
LA REPÚBLICA
01-01-10


Hasta mediados de los años 70 la participación de los salarios en el ingreso nacional siempre estuvo por encima de 40%. El punto más alto de la participación salarial fue de 48% hacia 1967-68, siendo el promedio hacia 1950-75 de 44%. De su lado, la participación de las utilidades también se mantuvo estable, siendo en promedio de 22% para el periodo 1950-75, alcanzando su punto más alto hacia 1969, con el 29% del total del ingreso nacional.


De allí en adelante, la participación salarial tiene una tendencia decreciente marcada, sobre todo de 1984 a 1990, pasando de 37 a 28.6% del ingreso nacional. La razón es conocida: la hiperinflación del periodo arrasó, literalmente, con los salarios. Esta tendencia continuó en los 90 debido al “fujishock”, que puso la participación salarial en tan solo 25.4%. Nótese los salarios disminuyen su participación en 25 puntos del ingreso nacional, algo que no sucedió en ningún otro país de la Región.

Con las utilidades sucedió algo distinto, pues estas comenzaron un ascenso gradual desde 1979 cuando saltaron al 32%, llegando al 40% en 1990. Pero su participación también fue afectada por el “fujishock” que la hizo bajar hasta 30.7% en 1994. La contrapartida de los salarios y de las utilidades es la creciente participación de los independientes (que no aparecen en el gráfico), cuya participación también ha venido creciendo en todo el periodo. Como se sabe, en el rubro “independientes” están desde los profesionales hasta los informales, pasando por los empleados del hogar.

Desde 1994 hacia adelante, la metodología empleada para medir la distribución funcional del ingreso cambió, lo que hace que la serie se detenga en ese año. Sin embargo, con la nueva metodología del INEI, la tendencia de la disminución de la participación salarial siguió a la baja, incluso del 2002 al 2008, años de crecimiento, mientras que la participación de las utilidades aumentó. Estas tendencias más recientes las hemos analizado en nuestros artículos sobre la “boca del cocodrilo”.

Dice Efraín Gonzales que “la economía peruana tuvo un ciclo de larga duración de aproximadamente 40 años, con una fase expansiva de 1950 a 1975 y otra recesiva a partir de 1976 hasta inicios de los años noventa”. Durante la fase creciente del ciclo, las participaciones fueron estables, “en cambio, en la fase decreciente del ciclo la pugna distributiva fue muy inestable, pero con una tendencia a la concentración por el lado de las ganancias” (Inversión privada, crecimiento y ajuste estructural en el Perú 1950-1995, IEP, Lima).

Así, lo que tenemos de 1976 a 1990 es una especie de “empate político”, en el que no se han revertido aún totalmente las reformas velasquistas, pero se aprecia una tendencia liberalizadora creciente. Este empate es roto por Fujimori quien, en 1990-91, aplica una política de reformas estructurales de corte neoliberal que –engarzadas con el ciclo económico de auge de la economía mundial– ponen al país nuevamente en una fase de crecimiento económico.

Una de las condiciones claves para el relanzamiento del crecimiento desde 1992 es el fuerte deterioro del nivel de los salarios –sobre todo por la hiperinflación, así como por la reforma pro empresarial de las leyes laborales en 1991-92–, lo que permite un fácil aumento de la rentabilidad empresarial. A esto se agregan las privatizaciones de los 90 y, como dice Rosemary Thorp, que –desde principios de los años 60– había una serie de grandes proyectos de exportación primaria que no se habían podido poner en valor debido al clima político imperante.

Esos serían, entonces, los factores que explicarían las razones del deterioro salarial y la sustantiva mejora de las utilidades empresariales en el ingreso nacional. Salvo mejor parecer.