En el mundo, hoy es más fácil industrializarse. Sin embargo, para el Perú parece ser cada vez más difícil
Por: Waldo Mendoza
Jefe del Departamento de Economía de la PUCP
EL COMERCIO
06-03-14
Es deseable que el país tenga un mayor grado de industrialización. Las experiencias de crecimiento sobre la base de lo que Dios nos ha dado a menudo terminan mal. En el mundo, hoy es más fácil industrializarse. Sin embargo, para el Perú parece ser cada vez más difícil. Pero algo hay que hacer.
Dani Rodrik es uno de los más versados en la industrialización. Sus argumentos son convincentes.
Primero, casi todos los países que han crecido un montón en las últimas décadas lo han hecho bajo el liderazgo de la industria y la exportación manufacturera. Son muy pocos los países que lo han hecho a punta de explotar recursos naturales.
Segundo, como la industria es un sector de alta productividad, el desplazamiento de la mano de obra desde otras actividades menos productivas eleva la productividad total de la economía.
Tercero, la productividad del trabajo en la industria manufacturera converge hacia la frontera tecnológica.
Entonces, la productividad en la industria de los países pobres, que está muy lejos de la de los ricos, tiene un margen grande para crecer, pues estas industrias producen bienes que se comercian internacionalmente, lo cual facilita la transferencia de tecnologías.
Richard Baldwin, otro erudito en estos temas, advierte que para industrializar un país hoy no valen las recetas del pasado.
El detalle es que en las últimas décadas se ha producido en el mundo una reducción drástica del costo de transmitir tecnología y conocimiento. Las distintas etapas del proceso productivo pueden hacerse en diferentes países.
Ya no se necesita industrializar a la antigua, con la sustitución de importaciones, como lo hicieron exitosamente Alemania, Estados Unidos y Japón, aplicando complejas políticas industriales, protegiendo el mercado interno de la competencia extranjera, con salarios elevados y desarrollando dentro de las fronteras todas las etapas del proceso productivo.
Los países de industrialización reciente lo han hecho simplemente integrándose a las cadenas de suministro internacional.
Ya no se requiere contar con un mercado interno grande, ni protección contra la competencia externa, y tampoco se necesita tanta intervención estatal. Exagerando, solo se necesita ser un buen anfitrión de la inversión extranjera y contar con mano de obra barata, pues el resto de insumos y tecnología lo producen otros países.
Sin embargo, hay dos grandes problemas.
Primero, todos los países que han logrado un crecimiento industrial destacado lo han hecho suministrando insumos o partes a las tres potencias industriales: Estados Unidos, Japón y Alemania. Esos países, además, están localizados cerca de estas tres potencias. La geografía, a pesar de lo que digan Acemoglu y Robinson, parece ser, en este caso, decisiva.
Segundo, esta industrialización ya no jala con tanta fuerza al resto de la economía como en las experiencias clásicas. La razón es que la producción local tiene un altísimo contenido importado.
Pero algo hay que hacer.
Una vía posible es utilizar mejor los tratados de libre comercio (TLC). Tenemos TLC con potencias industriales como Estados Unidos, Japón o Corea del Sur. Hay que pasar de la vía fácil del yo te bajo los aranceles y tú me bajas los tuyos, a establecer acuerdos que nos faciliten integrarnos en estas cadenas de suministro internacional.
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jueves, 6 de marzo de 2014
jueves, 13 de enero de 2011
Humala, PPK y la Minería
Por: Waldo Mendoza Bellido*
EL COMERCIO
13-01-11
Una de las pocas propuestas atendibles de Humala es el del tratamiento tributario que debe darse a la minería. Su propuesta ha tenido tanta pegada que hasta PPK se la ha comprado, matizándola. Más candidatos prometerán cobrar más a las mineras, aunque algunos, como García en el 2006, lo harán solo para la foto.
Hay razones que justifican el tratamiento discriminatorio a la minería.
Primero, porque el mineral es un recurso no renovable. Solow y Stiglitz plantearon en 1974 que la explotación de minerales reduce el stock de capital natural de la economía. En 1977, Hartwick, en la regla que lleva su nombre, propuso que el Estado tome parte o la totalidad de la renta o ganancia extraordinaria y la invierta, para mantener el capital total intacto.
Segundo, porque el mineral es del Estado, tal como lo establece el artículo 66 de nuestra Constitución. Solo por ser dueño, el Estado debe recibir un pago por el derecho a explotar el recurso, adicional al pago del impuesto común a otros sectores.
Tercero, porque dada la dificultad del ingreso de nuevas firmas a este tipo de industrias, considerando que el recurso natural es un factor fijo, existe renta, incluso en el largo plazo.
El carácter no renovable de los recursos y la propiedad estatal de los mismos, justifican, por sí solos, la aplicación de un impuesto por encima de lo que pagan los otros sectores, al margen de si existe o no renta. Es decir, aun cuando no haya renta, el Estado debe recibir un pago por ser propietario y porque necesita renovar el stock de capital destruido por la explotación de recursos no renovables.
En esa dirección, debe considerarse la creación de un impuesto específico para la minería, similar al de Chile, como un porcentaje de la renta imponible. La tasa a aplicar debiera permitir alcanzar un monto de ingresos para el Estado, que, incluyendo las regalías, permita financiar la inversión en capital físico y humano necesario para reponer el stock de capital natural perdido por la explotación minera. Para reparar el defecto del canon y el óbolo minero, estos recursos debieran gastarse en las zonas pobres del país que no gocen de la bonanza minera.
Con una contribución mayor de la minería al fisco y el buen uso de esos recursos, el actual modelo de desarrollo, que triplicó el PBI en los últimos 10 años, puede quedarse a vivir en el Perú.
(*) Economista, Jefe del Departamento de Economía de la PUCP
EL COMERCIO
13-01-11
Una de las pocas propuestas atendibles de Humala es el del tratamiento tributario que debe darse a la minería. Su propuesta ha tenido tanta pegada que hasta PPK se la ha comprado, matizándola. Más candidatos prometerán cobrar más a las mineras, aunque algunos, como García en el 2006, lo harán solo para la foto.
Hay razones que justifican el tratamiento discriminatorio a la minería.
Primero, porque el mineral es un recurso no renovable. Solow y Stiglitz plantearon en 1974 que la explotación de minerales reduce el stock de capital natural de la economía. En 1977, Hartwick, en la regla que lleva su nombre, propuso que el Estado tome parte o la totalidad de la renta o ganancia extraordinaria y la invierta, para mantener el capital total intacto.
Segundo, porque el mineral es del Estado, tal como lo establece el artículo 66 de nuestra Constitución. Solo por ser dueño, el Estado debe recibir un pago por el derecho a explotar el recurso, adicional al pago del impuesto común a otros sectores.
Tercero, porque dada la dificultad del ingreso de nuevas firmas a este tipo de industrias, considerando que el recurso natural es un factor fijo, existe renta, incluso en el largo plazo.
El carácter no renovable de los recursos y la propiedad estatal de los mismos, justifican, por sí solos, la aplicación de un impuesto por encima de lo que pagan los otros sectores, al margen de si existe o no renta. Es decir, aun cuando no haya renta, el Estado debe recibir un pago por ser propietario y porque necesita renovar el stock de capital destruido por la explotación de recursos no renovables.
En esa dirección, debe considerarse la creación de un impuesto específico para la minería, similar al de Chile, como un porcentaje de la renta imponible. La tasa a aplicar debiera permitir alcanzar un monto de ingresos para el Estado, que, incluyendo las regalías, permita financiar la inversión en capital físico y humano necesario para reponer el stock de capital natural perdido por la explotación minera. Para reparar el defecto del canon y el óbolo minero, estos recursos debieran gastarse en las zonas pobres del país que no gocen de la bonanza minera.
Con una contribución mayor de la minería al fisco y el buen uso de esos recursos, el actual modelo de desarrollo, que triplicó el PBI en los últimos 10 años, puede quedarse a vivir en el Perú.
(*) Economista, Jefe del Departamento de Economía de la PUCP
jueves, 29 de julio de 2010
2011-2015
Por: Waldo Mendoza Bellido, Economista
EL COMERCIO
29-07-10
En materia de políticas económicas importantes, el gobierno de García ya concluyó. Luego del mensaje presidencial de ayer, el interlocutor válido será quien nos gobierne en 2011-2015. Estas líneas son para ella (él).
Usted recibirá una economía con inflación baja, crecimiento entre los más altos en América Latina, reservas internacionales suficientes y, debido al crecimiento, índices de pobreza en caída. El contexto externo, las políticas macroeconómicas aplicadas y el modelo de desarrollo vigente explican estos buenos resultados.
Respecto al modelo (cuánto Estado y cuánto de mercado, cuánta protección arancelaria y cuánto de libre comercio, cuánta intervención en los precios), en América del Sur se pueden juntar los países en dos grupos: el grupo A (el Perú, Colombia, Chile y Brasil) y el grupo B (Venezuela, Argentina, Bolivia y Ecuador).
Mientras en el grupo B se la pasan “refundando” sus modelos de desarrollo, transitando, cada cierto tiempo, entre la extrema derecha y la extrema izquierda, y manteniéndose a la larga en el mismo sitio, García no tocó un pelo del modelo heredado de Toledo. Hizo bien en privilegiar el mercado externo como fuente de demanda y la inversión privada como principal fuente de oferta.
Pero hay un gran problema. Mientras la pobreza ha descendido, la desigualdad parece haberse agravado, como en Chile de los últimos años de Pinochet, o como en el Perú de los cincuenta y sesenta. El tema distributivo pone en peligro el modelo vigente.
Hay dos vías para enfrentar el problema. La vía boliviana que cambia el modelo de desarrollo para redistribuir mejor, y la vía chilena de fines de los noventa, que eleva los tributos para redistribuir mejor, sin cambiar el modelo de desarrollo.
A mí me gusta la vía chilena. Pero a su antecesor nunca le ha preocupado la presión tributaria, que bajó a la mitad en su primer gobierno y también bajó en su segundo gobierno.
Las opciones no son muchas: o desaparece las exoneraciones tributarias o modifica el esquema actual de tributación minera.
Menuda tarea que le espera.
EL COMERCIO
29-07-10
En materia de políticas económicas importantes, el gobierno de García ya concluyó. Luego del mensaje presidencial de ayer, el interlocutor válido será quien nos gobierne en 2011-2015. Estas líneas son para ella (él).
Usted recibirá una economía con inflación baja, crecimiento entre los más altos en América Latina, reservas internacionales suficientes y, debido al crecimiento, índices de pobreza en caída. El contexto externo, las políticas macroeconómicas aplicadas y el modelo de desarrollo vigente explican estos buenos resultados.
Respecto al modelo (cuánto Estado y cuánto de mercado, cuánta protección arancelaria y cuánto de libre comercio, cuánta intervención en los precios), en América del Sur se pueden juntar los países en dos grupos: el grupo A (el Perú, Colombia, Chile y Brasil) y el grupo B (Venezuela, Argentina, Bolivia y Ecuador).
Mientras en el grupo B se la pasan “refundando” sus modelos de desarrollo, transitando, cada cierto tiempo, entre la extrema derecha y la extrema izquierda, y manteniéndose a la larga en el mismo sitio, García no tocó un pelo del modelo heredado de Toledo. Hizo bien en privilegiar el mercado externo como fuente de demanda y la inversión privada como principal fuente de oferta.
Pero hay un gran problema. Mientras la pobreza ha descendido, la desigualdad parece haberse agravado, como en Chile de los últimos años de Pinochet, o como en el Perú de los cincuenta y sesenta. El tema distributivo pone en peligro el modelo vigente.
Hay dos vías para enfrentar el problema. La vía boliviana que cambia el modelo de desarrollo para redistribuir mejor, y la vía chilena de fines de los noventa, que eleva los tributos para redistribuir mejor, sin cambiar el modelo de desarrollo.
A mí me gusta la vía chilena. Pero a su antecesor nunca le ha preocupado la presión tributaria, que bajó a la mitad en su primer gobierno y también bajó en su segundo gobierno.
Las opciones no son muchas: o desaparece las exoneraciones tributarias o modifica el esquema actual de tributación minera.
Menuda tarea que le espera.
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MACROECONOMIA,
PERÚ,
WALDO MENDOZA
jueves, 3 de junio de 2010
BCR Precavido Vale por Dos
Por: Waldo Mendoza, Economista*
EL COMERCIO
03-06-10
El epicentro de la crisis se ha trasladado a Europa. El desenlace es incierto. La agudización de esta crisis, que involucra a la cuarta parte de la economía mundial, puede afectar a la economía peruana. Si queremos crecer más de 5% este año, hay que tomar ciertas precauciones.
El mejor escenario para Europa es que la política fiscal contractiva sea exitosa en amainar la crisis financiera. El costo de ese ajuste será un crecimiento raquítico o nulo en Europa, que tendrá algún impacto en nuestras exportaciones.
El peor escenario es que no se contenga la crisis financiera y se agudice la recesión. En ese caso, además del efecto extra sobre las exportaciones, podría interrumpirse el ingreso de capitales a nuestro país, y afectar al crédito bancario en dólares y el tipo de cambio.
Como la probabilidad de que la crisis europea se agrave no es nula, será mejor ser precavidos.
¿Por qué la crisis internacional del 2008-2009, a pesar de ser severa, nos golpeó mucho menos que la de 1998-1999? Porque, en esencia, el Banco central de Reserva del Perú (BCR) suministró al mercado todos los dólares y soles que este requirió.
Entre agosto del 2008 y febrero del 2009, el BCR inyectó unos US$10.000 millones para sofocar la crisis externa, entre dólares y papeles de corto plazo indexados al tipo de cambio. Esta política, además de proveer de dólares a los bancos, impidió que el tipo de cambio saltase.
Por otro lado, el BCR también proporcionó toda la liquidez que los bancos solicitaban en soles. Esto se hizo de manera automática, pues en el nuevo esquema creado en el 2002, el BCR emite todo el dinero que el público pide a la tasa de interés fijada.
La posición de cambio es hoy bastante menor que el nivel pico alcanzado en abril del 2008. Tener suficientes dólares es, para el país, como contar con un seguro frente a los choques externos. Hay que iniciar una acumulación acelerada de dólares.
Respecto a la tasa de referencia, mantenerla fija por un buen tiempo es la mejor opción en el contexto actual.
(*) Jefe del Departamento de Economía de la PUCP
EL COMERCIO
03-06-10
El epicentro de la crisis se ha trasladado a Europa. El desenlace es incierto. La agudización de esta crisis, que involucra a la cuarta parte de la economía mundial, puede afectar a la economía peruana. Si queremos crecer más de 5% este año, hay que tomar ciertas precauciones.
El mejor escenario para Europa es que la política fiscal contractiva sea exitosa en amainar la crisis financiera. El costo de ese ajuste será un crecimiento raquítico o nulo en Europa, que tendrá algún impacto en nuestras exportaciones.
El peor escenario es que no se contenga la crisis financiera y se agudice la recesión. En ese caso, además del efecto extra sobre las exportaciones, podría interrumpirse el ingreso de capitales a nuestro país, y afectar al crédito bancario en dólares y el tipo de cambio.
Como la probabilidad de que la crisis europea se agrave no es nula, será mejor ser precavidos.
¿Por qué la crisis internacional del 2008-2009, a pesar de ser severa, nos golpeó mucho menos que la de 1998-1999? Porque, en esencia, el Banco central de Reserva del Perú (BCR) suministró al mercado todos los dólares y soles que este requirió.
Entre agosto del 2008 y febrero del 2009, el BCR inyectó unos US$10.000 millones para sofocar la crisis externa, entre dólares y papeles de corto plazo indexados al tipo de cambio. Esta política, además de proveer de dólares a los bancos, impidió que el tipo de cambio saltase.
Por otro lado, el BCR también proporcionó toda la liquidez que los bancos solicitaban en soles. Esto se hizo de manera automática, pues en el nuevo esquema creado en el 2002, el BCR emite todo el dinero que el público pide a la tasa de interés fijada.
La posición de cambio es hoy bastante menor que el nivel pico alcanzado en abril del 2008. Tener suficientes dólares es, para el país, como contar con un seguro frente a los choques externos. Hay que iniciar una acumulación acelerada de dólares.
Respecto a la tasa de referencia, mantenerla fija por un buen tiempo es la mejor opción en el contexto actual.
(*) Jefe del Departamento de Economía de la PUCP
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PERÚ,
SECTOR EXTERNO,
WALDO MENDOZA
jueves, 6 de mayo de 2010
Enfriamiento: Turno del BCRP
Por: Waldo Mendoza B Economista*
EL COMERCIO
06-05-10
El Ministerio de Economía y Finanzas ha anunciado el inicio de una política fiscal contractiva. Por su parte, el Banco Central de Reserva del Perú (BCR) está listo para “adoptar ajustes preventivos en la posición de la política monetaria”. Esos ajustes se iniciarían con un alza de la tasa de encaje. Esa política es dañina para la política monetaria y, en ciertas condiciones, inútil.
En un régimen de metas de inflación, la tasa de interés de referencia es el instrumento de la política monetaria. Pero a principios del 2008, el BCR resucitó el viejo instrumento de la tasa de encaje y parece que volverá a usarlo hoy. El argumento es que el alza de la tasa de encaje enfría la economía e impide la caída del tipo de cambio, mientras que si se sube la tasa de referencia solo se consigue el enfriamiento.
Casi ningún banco central moderno usa la tasa de encaje como instrumento. Sus razones tienen.
Primero, la tasa de encaje debilita la potencia de la política monetaria. La tasa de interés de referencia afecta las tasas de interés de largo plazo y de esta manera a la economía.
El uso prolongado de este instrumento fortalece el vínculo entre las tasas de corto y largo plazo. El uso de otros instrumentos sustitutos debilita este efecto traspaso.
Segundo, subir la tasa de encaje puede ser inútil. Es el caso cuando ante un alza en la tasa de encaje, banqueros optimistas no recortan su oferta de préstamos y prefieren desprenderse de los bonos que poseen.
Tercero, si ante una mayor tasa de encaje banqueros menos optimistas deciden recortar el crédito bancario, esto producirá tendencias alcistas en la tasa de interés interbancaria, que el BCRP anulará, inyectando soles, para no mover la tasa de interés.
Hay una ruta más limpia de enfriar la economía, sin hacer caer el precio del dólar. Elevar la tasa de interés de política, con lo que se enfría la economía, y al mismo tiempo, hacer compras esterilizadas de dólares, con lo que se anula el efecto de la tasa de interés sobre el tipo de cambio.
(*) Jefe del Departamento de Economía de la PUCP
EL COMERCIO
06-05-10
El Ministerio de Economía y Finanzas ha anunciado el inicio de una política fiscal contractiva. Por su parte, el Banco Central de Reserva del Perú (BCR) está listo para “adoptar ajustes preventivos en la posición de la política monetaria”. Esos ajustes se iniciarían con un alza de la tasa de encaje. Esa política es dañina para la política monetaria y, en ciertas condiciones, inútil.
En un régimen de metas de inflación, la tasa de interés de referencia es el instrumento de la política monetaria. Pero a principios del 2008, el BCR resucitó el viejo instrumento de la tasa de encaje y parece que volverá a usarlo hoy. El argumento es que el alza de la tasa de encaje enfría la economía e impide la caída del tipo de cambio, mientras que si se sube la tasa de referencia solo se consigue el enfriamiento.
Casi ningún banco central moderno usa la tasa de encaje como instrumento. Sus razones tienen.
Primero, la tasa de encaje debilita la potencia de la política monetaria. La tasa de interés de referencia afecta las tasas de interés de largo plazo y de esta manera a la economía.
El uso prolongado de este instrumento fortalece el vínculo entre las tasas de corto y largo plazo. El uso de otros instrumentos sustitutos debilita este efecto traspaso.
Segundo, subir la tasa de encaje puede ser inútil. Es el caso cuando ante un alza en la tasa de encaje, banqueros optimistas no recortan su oferta de préstamos y prefieren desprenderse de los bonos que poseen.
Tercero, si ante una mayor tasa de encaje banqueros menos optimistas deciden recortar el crédito bancario, esto producirá tendencias alcistas en la tasa de interés interbancaria, que el BCRP anulará, inyectando soles, para no mover la tasa de interés.
Hay una ruta más limpia de enfriar la economía, sin hacer caer el precio del dólar. Elevar la tasa de interés de política, con lo que se enfría la economía, y al mismo tiempo, hacer compras esterilizadas de dólares, con lo que se anula el efecto de la tasa de interés sobre el tipo de cambio.
(*) Jefe del Departamento de Economía de la PUCP
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MACROECONOMIA,
PERU,
WALDO MENDOZA
jueves, 25 de marzo de 2010
Acumular Reservas Internacionales
Por: Waldo Mendoza, Economista*
EL COMERCIO
25-03-10
Estamos en un nuevo ciclo expansivo. Según el Fondo Monetario Internacional, la economía peruana crecerá 6,25% este año y tendremos un importante ingreso de capitales.
Es un buen momento para que el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) acumule sostenidamente reservas internacionales. Las crisis externas de 1998-1999 y 2008-2009, así como el episodio del verano del 2006, muestran la importancia de tener muchas reservas.
En 1998, cuando la crisis rusa desencadenó una salida de capitales, el BCRP no contaba con suficientes reservas y tampoco hacía la política monetaria como hoy, fijando la tasa de interés. Entonces, se limitó a observar el trabajo que hacía el mercado: la salida de capitales produjo el derrumbe del crédito bancario y el salto del tipo de cambio y la tasa de interés. Como resultado, el crecimiento de 7 % en 1997 dio paso a una recesión en 1998.
Entre fines del 2005 y principios del 2006, cuando el candidato Ollanta Humala aparecía como puntero en las encuestas presidenciales, se produjo un miniataque especulativo, una elevación súbita de la demanda por dólares de parte del sector privado. El BCRP conjuró rápido el miniataque vendiendo unos US$1.000 millones. El tipo de cambio casi no se movió, pasaron las elecciones y el BCRP recompuso rápidamente su tenencia de reservas.
Por último, desde que explotó la última crisis internacional en octubre del 2008 hasta marzo del 2009, el BCRP vendió alrededor de US$7.000 millones, aparte de la venta de certificados de depósitos indexados al dólar. Esta inyección de dólares evitó un salto del tipo de cambio, permitió que el crédito bancario no se paralizara y evitó una caída del PBI.
Actualmente, la posición de cambio, los dólares que son del BCRP, suma US$25.000 millones, US$3.000 millones menos de lo que teníamos a mediados del 2008.
Ese nivel es modesto. En el Perú, los choques externos adversos, así como los eventos políticos desagradables para el mercado, pueden estar a la vuelta de la esquina.
(*) Jefe del Departamento de Economía de la PUCP
EL COMERCIO
25-03-10
Estamos en un nuevo ciclo expansivo. Según el Fondo Monetario Internacional, la economía peruana crecerá 6,25% este año y tendremos un importante ingreso de capitales.
Es un buen momento para que el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) acumule sostenidamente reservas internacionales. Las crisis externas de 1998-1999 y 2008-2009, así como el episodio del verano del 2006, muestran la importancia de tener muchas reservas.
En 1998, cuando la crisis rusa desencadenó una salida de capitales, el BCRP no contaba con suficientes reservas y tampoco hacía la política monetaria como hoy, fijando la tasa de interés. Entonces, se limitó a observar el trabajo que hacía el mercado: la salida de capitales produjo el derrumbe del crédito bancario y el salto del tipo de cambio y la tasa de interés. Como resultado, el crecimiento de 7 % en 1997 dio paso a una recesión en 1998.
Entre fines del 2005 y principios del 2006, cuando el candidato Ollanta Humala aparecía como puntero en las encuestas presidenciales, se produjo un miniataque especulativo, una elevación súbita de la demanda por dólares de parte del sector privado. El BCRP conjuró rápido el miniataque vendiendo unos US$1.000 millones. El tipo de cambio casi no se movió, pasaron las elecciones y el BCRP recompuso rápidamente su tenencia de reservas.
Por último, desde que explotó la última crisis internacional en octubre del 2008 hasta marzo del 2009, el BCRP vendió alrededor de US$7.000 millones, aparte de la venta de certificados de depósitos indexados al dólar. Esta inyección de dólares evitó un salto del tipo de cambio, permitió que el crédito bancario no se paralizara y evitó una caída del PBI.
Actualmente, la posición de cambio, los dólares que son del BCRP, suma US$25.000 millones, US$3.000 millones menos de lo que teníamos a mediados del 2008.
Ese nivel es modesto. En el Perú, los choques externos adversos, así como los eventos políticos desagradables para el mercado, pueden estar a la vuelta de la esquina.
(*) Jefe del Departamento de Economía de la PUCP
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PERU,
SECTOR EXTERNO,
WALDO MENDOZA
jueves, 25 de febrero de 2010
El Once de García
Por: Waldo Mendoza Bellido*
EL COMERCIO
25-02-10
Como las políticas importantes se hacen al principio, en la práctica, el gobierno del presidente García ya terminó. Es momento de evaluar su legado y usaremos como criterio la calidad de sus políticas macroeconómicas de corto y largo plazo.
El Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) y el Banco Central de Reserva (BCR) han salido jalados en dos aspectos de la política de corto plazo. Primero, por la postura procíclica del MEF, que gastó a ritmo velasquista cuando no se necesitaba y paró en seco justo cuando empezó la crisis externa; y la excesiva tolerancia del BCR al ingreso de capitales de corto plazo. Segundo, por la lentitud desesperante para actuar contra el impacto recesivo de la crisis internacional.
Pero no todo lo que hicieron el MEF Y BCR estuvo mal. A diferencia de choques externos como el de 1998-1999, en que el BCR subió la tasa de interés y el MEF bajó el gasto público, esta vez, aunque lentos, actuaron en la dirección correcta.
En políticas de largo plazo, García tiene dos rostros. En la gestión fiscal de largo plazo está claramente jalado. En el Perú, uno de los países más desiguales en América Latina, luchar contra la inequidad supone elevar sustantivamente la presión tributaria para sostener un gasto público mayor en capital humano e infraestructura. En ese campo, García nunca la vio. En sus dos gobiernos, heredó una presión tributaria de más de 15 % del PBI y la redujo a 8 % en el primero y a 14 % hoy.
En la gestión del modelo de desarrollo, García está aprobado. ¿Qué hizo? Nada. Mantuvo el modelo de desarrollo de los años 90, con énfasis en el mercado externo como fuente de demanda y la inversión privada como fuente de crecimiento de la capacidad productiva. ¿Podría haberlo mejorado? Seguramente. Pero solo el hecho de no haber virado hacia un modelo de desarrollo como el de Argentina, Bolivia, Ecuador o Venezuela, donde la torpe intervención estatal está maltratando la economía, merece nota aprobatoria.
¿Nota promedio de García? Once. Aprobado, raspando.
* Jefe del Departamento de Economía de la PUCP
EL COMERCIO
25-02-10
Como las políticas importantes se hacen al principio, en la práctica, el gobierno del presidente García ya terminó. Es momento de evaluar su legado y usaremos como criterio la calidad de sus políticas macroeconómicas de corto y largo plazo.
El Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) y el Banco Central de Reserva (BCR) han salido jalados en dos aspectos de la política de corto plazo. Primero, por la postura procíclica del MEF, que gastó a ritmo velasquista cuando no se necesitaba y paró en seco justo cuando empezó la crisis externa; y la excesiva tolerancia del BCR al ingreso de capitales de corto plazo. Segundo, por la lentitud desesperante para actuar contra el impacto recesivo de la crisis internacional.
Pero no todo lo que hicieron el MEF Y BCR estuvo mal. A diferencia de choques externos como el de 1998-1999, en que el BCR subió la tasa de interés y el MEF bajó el gasto público, esta vez, aunque lentos, actuaron en la dirección correcta.
En políticas de largo plazo, García tiene dos rostros. En la gestión fiscal de largo plazo está claramente jalado. En el Perú, uno de los países más desiguales en América Latina, luchar contra la inequidad supone elevar sustantivamente la presión tributaria para sostener un gasto público mayor en capital humano e infraestructura. En ese campo, García nunca la vio. En sus dos gobiernos, heredó una presión tributaria de más de 15 % del PBI y la redujo a 8 % en el primero y a 14 % hoy.
En la gestión del modelo de desarrollo, García está aprobado. ¿Qué hizo? Nada. Mantuvo el modelo de desarrollo de los años 90, con énfasis en el mercado externo como fuente de demanda y la inversión privada como fuente de crecimiento de la capacidad productiva. ¿Podría haberlo mejorado? Seguramente. Pero solo el hecho de no haber virado hacia un modelo de desarrollo como el de Argentina, Bolivia, Ecuador o Venezuela, donde la torpe intervención estatal está maltratando la economía, merece nota aprobatoria.
¿Nota promedio de García? Once. Aprobado, raspando.
* Jefe del Departamento de Economía de la PUCP
martes, 19 de enero de 2010
En Defensa del Neoliberalismo
Por: Waldo Mendoza, Economista *
EL COMERCIO
19-01-10
Cuando ocurre una crisis económica, un eterno candidato a culpable es el modelo de desarrollo, cualquiera que sea este.
Como la tasa de crecimiento del PBI ha caído de 10% en el 2008 a 1% en el 2009, hay muchas voces que piden cambiar el actual modelo “neoliberal”.
Sin embargo, si la alternativa en América Latina es un modelo como el de Argentina, Bolivia, Ecuador o Venezuela, donde la intervención estatal entorpece el funcionamiento de la economía, es mejor quedarse como estamos.
Argentina y Venezuela, en plena desinflación mundial, tienen tasas de inflación que son de las más altas en el mundo.
En Argentina, el gobierno ha sido expulsado de los mercados internacionales de crédito y no tiene fondos para pagar su abultada deuda pública.
En Ecuador, justo cuando la economía mundial empieza a recuperarse, la recesión está en su clímax: 17% de caída del PBI en noviembre último.
En Venezuela, la reciente devaluación amplificará la estanflación que se inició en el segundo trimestre del 2009.
Y el crecimiento económico de Bolivia, el más alto de América Latina en el 2009, está apoyado en el impulso fiscal financiado con los ingresos provenientes de las nacionalizaciones, los cuales son, en su mayoría, transitorios.
Todos estos países, en especial Bolivia y Venezuela, han espantado a la inversión privada, la fuente más importante del crecimiento económico sostenido.
El Perú está felizmente en el otro grupo, junto con Brasil, Chile, Colombia y México.
En estos países, hace muchos años que la inflación ha dejado de ser un problema.
El crecimiento del PBI, con la excepción del de México, ya se restableció, luego de la recesión ocasionada por la crisis internacional.
Por ser modelos amigables para la inversión privada, esta variable crecerá en los próximos años infinitamente más que en el otro grupo de países.
En perspectiva, entonces, estos países crecerán a una velocidad mucho mayor que los otros.
Hay, sin embargo, dos correctivos que deben hacerse para que el crecimiento sea sostenido y socialmente aceptable.
En primer lugar, tenemos que enfrentar mejor los choques externos. El Perú, durante el 2008-2009, fue un ejemplo clamoroso de lentitud de respuesta frente a una grave crisis internacional. El costo ha sido que la economía se paralizó en el 2009.
En segundo lugar, el actual modelo de desarrollo tiene el gran lastre de que no ha logrado que dejemos de ser uno de los países más desiguales en América Latina.
Hay una enorme tarea en este campo para la política fiscal, que tendrá que elevar sustantivamente la presión tributaria para poder sostener un gasto público mayor en capital humano e infraestructura. En ese campo, hemos retrocedido con el actual gobierno.
* Jefe del Departamento de Economía de la Pontificia Universidad Católica del Perú
EL COMERCIO
19-01-10
Cuando ocurre una crisis económica, un eterno candidato a culpable es el modelo de desarrollo, cualquiera que sea este.
Como la tasa de crecimiento del PBI ha caído de 10% en el 2008 a 1% en el 2009, hay muchas voces que piden cambiar el actual modelo “neoliberal”.
Sin embargo, si la alternativa en América Latina es un modelo como el de Argentina, Bolivia, Ecuador o Venezuela, donde la intervención estatal entorpece el funcionamiento de la economía, es mejor quedarse como estamos.
Argentina y Venezuela, en plena desinflación mundial, tienen tasas de inflación que son de las más altas en el mundo.
En Argentina, el gobierno ha sido expulsado de los mercados internacionales de crédito y no tiene fondos para pagar su abultada deuda pública.
En Ecuador, justo cuando la economía mundial empieza a recuperarse, la recesión está en su clímax: 17% de caída del PBI en noviembre último.
En Venezuela, la reciente devaluación amplificará la estanflación que se inició en el segundo trimestre del 2009.
Y el crecimiento económico de Bolivia, el más alto de América Latina en el 2009, está apoyado en el impulso fiscal financiado con los ingresos provenientes de las nacionalizaciones, los cuales son, en su mayoría, transitorios.
Todos estos países, en especial Bolivia y Venezuela, han espantado a la inversión privada, la fuente más importante del crecimiento económico sostenido.
El Perú está felizmente en el otro grupo, junto con Brasil, Chile, Colombia y México.
En estos países, hace muchos años que la inflación ha dejado de ser un problema.
El crecimiento del PBI, con la excepción del de México, ya se restableció, luego de la recesión ocasionada por la crisis internacional.
Por ser modelos amigables para la inversión privada, esta variable crecerá en los próximos años infinitamente más que en el otro grupo de países.
En perspectiva, entonces, estos países crecerán a una velocidad mucho mayor que los otros.
Hay, sin embargo, dos correctivos que deben hacerse para que el crecimiento sea sostenido y socialmente aceptable.
En primer lugar, tenemos que enfrentar mejor los choques externos. El Perú, durante el 2008-2009, fue un ejemplo clamoroso de lentitud de respuesta frente a una grave crisis internacional. El costo ha sido que la economía se paralizó en el 2009.
En segundo lugar, el actual modelo de desarrollo tiene el gran lastre de que no ha logrado que dejemos de ser uno de los países más desiguales en América Latina.
Hay una enorme tarea en este campo para la política fiscal, que tendrá que elevar sustantivamente la presión tributaria para poder sostener un gasto público mayor en capital humano e infraestructura. En ese campo, hemos retrocedido con el actual gobierno.
* Jefe del Departamento de Economía de la Pontificia Universidad Católica del Perú
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WALDO MENDOZA
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