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martes, 3 de marzo de 2009

Obama la está Captando: la Recesión tiene un Origen Legal, no Financiero

Por: Hernando de Soto
EL COMERCIO
03-03-09


El presidente Barack Obama acaba de lanzar su plan de rescate económico y Timothy Geithner, su secretario del Tesoro, ha presentado los detalles. Este no había terminado de hablar y ya se podía oír el desencanto de Wall Street. La crítica principal: faltan detalles. Pero más importante es lo que se le escapó a Wall Street… Finalmente, la Casa Blanca ha centrado la atención de los EE.UU. en lo que considero la causa primera de la crisis económica en curso: trillones de dólares en documentos financieros envilecidos, llamados papeles tóxicos, en los balances de las instituciones hoy espantan a acreedores e inversionistas potenciales impedidos de comprender el contenido de todos esos papeles, cuántos hay, quiénes los tienen y cuán riesgosos son. Obama parece estar empezando a vislumbrar cuál es el verdadero enemigo: el envilecimiento de los documentos financieros legales creados para representar y transferir valor, y evaluar riesgo.
Miren en derredor: todas sus propiedades de valor —los títulos de su casa y de su automóvil, su hipoteca, su cuenta bancaria, sus contratos, patentes, las deudas de otros, incluidos los instrumentos financieros apoyados en la propiedad sobre activos (derivados)— están documentadas sobre papel. Usted puede poseer, transferir, evaluar y certificar el valor de tales activos solo mediante documentos legalmente autentificados por un sistema global de reglas, procedimientos y estándares. Para que la relación entre esos documentos y cada uno de los activos independientes que ellos representan nunca sea envilecida existe un formidable sistema de derechos de propiedad legal. Este sistema es global —insisto— y produce la confianza gracias a la cual el crédito y el capital fluyen y los mercados funcionan.

Es mediante el derecho y el papel legal en el cual este se materializa que nos interconectamos y conocemos la economía global. Es imposible hacer negocios importantes en el plano nacional —no se diga ya en un mercado globalizado— sin documentación legal confiable. Pero esta red mundial de confianza se está desplomando. En los últimos años los gobiernos han envilecido ese papel legal al permitir que ingrese al mercado un descontrolado tsunami de instrumentos financieros derivados de hipotecas (tóxicas unas, saludables otras) cuyo valor nominal es de unos US$600 trillones o más, el triple que todo el resto del papel legal en el mundo, sea este representado en efectivo, activos financieros tradicionales, o propiedad, tangible o intangible.

La asombrosa cantidad de estos instrumentos financieros derivados y el que estén tan enredados y mal registrados dificultan determinar cuántos hay, qué valen, o quiénes los tienen. Dado que el volumen de estos derivados empequeñece el de todos los demás papeles, el caos resultante está socavando también uno de los mayores logros de la ley de propiedad: el poder de identificar y aislar con precisión cada activo y cada interés particular de ese activo. Es así que un mero siete por ciento de incumplimiento en hipotecas de alto riesgo o sub prime que fueron financiadas o aseguradas con instrumentos derivados —quizás apenas unos cuantos cientos de billones de dólares de papel tóxico— está envileciendo el resto de los instrumentos financieros y contaminando la economía entera, como una epidemia. Como esta toxicidad del papel se refiere al crédito y al capital, y no solo a una burbuja inmobiliaria, afecta toda la actividad económica; la pérdida de confianza no perdona a nadie y se expande en todas las direcciones y más allá de sectores económicos específicos por todo el hemisferio norte y hacia los mercados emergentes.

Nos encontramos, pues, frente a lo que podría ser la peor recesión de la historia contemporánea.
A las autoridades europeas y de EE.UU. les resulta difícil creer que la causa fundamental de una recesión pueda ser un sistema legal pobremente papelizado. Pero en los mercados emergentes, como este, la relación entre la prosperidad y el orden legal es bastante obvia. La mayoría de nuestra gente es pobre y vive bajo la anarquía de la economía informal, en la que sus activos y contratos se amparan en papel endémicamente tóxico: no registrado, no estandarizado, desactualizado, difícil de identificar, difícil de ubicar y con un valor real tan difícil de determinar que la gente común no logra generar confianza mutua ni merecer la confianza de los mercados globales. En las economías informales del mundo en desarrollo y de la antigua URSS, la escasez del crédito y la crisis económica son una condición crónica. De modo que cuando miro la recesión que ha comenzado en el hemisferio norte (desatada por papel tóxico) me siento perfectamente en casa.

El principal desafío de Obama y Geithner es restaurar la confianza en el crédito. No me refiero al dinero, que sí sabemos controlar, sino a los instrumentos financieros vinculados a la propiedad sobre activos, que claramente no sabemos controlar. Esa inmensa mayoría del crédito disponible se apoya en papel, como la propiedad fungible, las hipotecas, los bonos e instrumentos derivados, todo lo cual no es dinero en sí mismo pero tiene algunos de sus atributos. Lo que los economistas solían llaman “moneyness” (“dineridad”). Para poder prevenir el envilecimiento del papel e inferir adecuadamente su valor, la administración Obama tiene que asumir algunas fórmulas de éxito comprobado en la administración de la propiedad y así asegurar su credibilidad.Los instrumentos derivados dispersos entre miles de tipos idiosincrásicos de documentos opacos deben ser ahora clarificados, categorizados, estandarizados e inscritos en registros accesibles al público, como todos los demás documentos de propiedad; que la ley tome en cuenta externalidades —la manera en que todas las transacciones financieras afectan a terceros interesados (el antiguo principio legal de erga omnes, “hacia todos”, históricamente desarrollado por el derecho para proteger a esos terceros de las consecuencias negativas de acuerdos secretos entre aristócratas que no respondían sino ante sí mismos—.

Que cada acuerdo financiero debe corresponder a la performance efectiva del activo original para que el monto de cualquier deuda asegurada sobre la base de activos no se ubique peligrosamente fuera de escala respecto de los activos que subyacen a esa deuda, que es la más prominente causa de recesión, según el economista John Kenneth Galbraith; que la producción siempre tenga precedencia frente a las finanzas que están allí para servirla; que los activos puedan ser apalancados y reempacados, pero solo con la condición de que ello incremente el valor del activo original; que la claridad y la precisión sean indispensables para crear crédito y capital mediante papel.

Los anteriores son los criterios para separar los activos tóxicos y prevenir que cualquier futuro contagio cause otra recesión. El equipo Obama también tendrá que educar a quienes todavía se aferran a la esperanza de que el mercado actual eventualmente resolverá las cosas; de que solo se necesita recapitalizar los bancos, una supervisión más estricta e inyectarle dinero a la economía. Eso no va a ser suficiente. Los mercados legales modernos solo funcionan si el papel es confiable y la gente tiene acceso al crédito y a información explícita. “Dejen actuar al mercado” ahora significa, de hecho, “dejen actuar a la economía informal”. Pero los principales beneficiarios de una economía informal en EE.UU. y Europa son los capitalistas-buitres, que devoran a los productores con buenos puntajes crediticios pero ningún crédito.

Un desafío adicional para Obama es que muchos de los dedicados a resolver la crisis ahora sostienen que es virtualmente imposible identificar y valorar todo el papel tóxico que ha pasado por los libros contables de las instituciones financieras. Sin embargo, los abogados y tecnócratas europeos y de los EE.UU. han demostrado ser brillantes a la hora de identificar papel tóxico cuando este se ha referido a malas deudas, reclamos confusos y legislación opaca. Así, han llegado a desentrañar denuncios luego de la fiebre del oro en California, recogido los añicos del orden precapitalista europeo, convertido los enclaves feudales japoneses en una economía de mercado tras las Segunda Guerra Mundial y reunificado Alemania luego de la caída del muro de Berlín. Es el proceso del capitalismo: desintoxicación continua.

El plan de rescate de Obama también debe reconocer que la solución no está solo en manos de los especialistas financieros encuadrados dentro del estrecho contexto de los mercados de derivados. En su forma actual, las normas que rigen los derivados carecen de los estándares necesarios para mantener el papel atado a la realidad, de los indicadores para medir el daño a terceros, de los instrumentos para desbrozar los conflictos entre los poseedores de papel derivado y el resto de la sociedad. Tampoco tiene la comunidad financiera la inclinación ni el interés económico para realizar tarea tan insalubre. Siempre pondrán la carreta financiera delante de los bueyes de la producción.

Es rol del Gobierno establecer estándares, fijar e imponer pesas y medidas, mantener registros, y obligar a toda economía informal a colocarse bajo el imperio de la ley.
Salir de la recesión exige restaurar el orden, la precisión y la confianza en los papeles financieros. Este es el gran desafío legal y político. La tarea dura de localizar, valorizar y aislar el papel tóxico, y de calcular quién va a pagar la cuenta de las pérdidas (si contribuyentes, bancos o capitalistas-buitres) se hará más fácil cuanto más pronto los políticos entiendan que la alternativa podría ser el colapso del propio sistema que ha generado la mayor prosperidad en la historia y el consiguiente pandemonio.

sábado, 28 de febrero de 2009

El Mercado en la Informalidad

Entrevista a Hernando de Soto
¿Qué tienen en común los ejecutivos de Wall Street con las personas más pobres del mundo? En esta entrevista de “Newsweek”, el economista peruano da la respuesta

Por: Barret Sheridan
EL COMERCIO
28-02-09


Aunque resulta difícil de creer, en este momento los financistas con trajes Gucci de Wall Street tienen bastante en común con los habitantes de barriada en Kenia y Bombay: ambos están atascados en economías informales, donde datos básicos, como quién posee qué, son casi imposibles de determinar. Esa opacidad, dice el economista peruano Hernando de Soto, es la fuente de la continua crisis crediticia que agosta Nueva York, Londres y otros centros financieros, y que es una realidad básica de la vida en gran parte del mundo en desarrollo. De Soto, quien dirige el Instituto Libertad y Democracia, un “think tank” global, conversó desde sus oficinas en Lima con Barret Sheridan de “Newsweek”. Extractos:

Su best seller, “El misterio del capital” aborda la idea de los derechos de propiedad y su impacto en el desarrollo económico.
Lo que posibilita una economía de mercado es que las personas puedan encontrar datos unas sobre otras y acerca de sus empresas, aun sin tener contacto físico directo. Así que la pregunta es, ¿cómo llegan a conocer las cosas? ¿Cómo consiguen datos? Encontrarás que la mayoría de los datos que quieres están en los papeles de propiedad. Una de las cosas que los países en desarrollo no tienen es que cerca del 80% de sus empresas en realidad no están plenamente registradas como propiedad.

Y la manera más sencilla de graficar esta idea es que un montón de personas pobres en los países en desarrollo no tienen títulos de propiedad de sus viviendas.
No tienen títulos registrados. Incluso pueden llegar a tener un título, pero no está en el sistema del conocimiento, por lo cual uno no puede leer sobre él.

Así que este conocimiento sobre quién posee qué no está estandarizado.
No está estandarizado y no está distribuido. Puede tener aquí un manuscrito que dice en efecto —de manos del rey de España— que desde que los españoles llegaron al Perú, yo poseo esta tierra. Pero tú no puedes saber de ello a menos que yo lo registre.

¿Por qué es tan importante la propiedad?
La propiedad significa que tengo algo que perder. Si uno es banquero, significa que tiene una garantía. También quiere decir que soy creíble, de modo que me puedes dar crédito. Si lo piensas, sea propiedad, sea crédito, sea capital, sea identificación, ninguna de las cosas que forman una economía moderna son posibles sin propiedad.

¿Cómo se relaciona esto con la crisis financiera?
El enorme monto de derivados financieros vertidos al mercado —hay cerca de US$600 trillones de estos papeles dando vueltas— tampoco está registrado de manera global o centralizada, o de forma que permita empezar a cuantificarlos. [El presidente de la SEC Christopher] Cox calculó que tal vez la parte tóxica de todos estos activos era de uno a dos trillones de dólares. [El secretario del Tesoro Timothy] Geithner nos contó que tal vez había tres o cuatro trillones de dólares. Nadie sabe a ciencia cierta, así que de cierta manera EE.UU. y Europa en los últimos años representan la más grande economía informal, o a la sombra, del mundo. Ese papel no identificado es la fuente de la incertidumbre y de la contracción del crédito.

Así que no están identificados, de la misma manera que la propiedad en, digamos, una barriada en el Perú o África no está identificada.
Correcto. Hemos trabajado en lugares como Tanzania y Egipto y Etiopía. Cuando uno visita un hogar allí no encuentra su justificación en los libros. En otras palabras, no es información disponible centralmente. Cuando uno habla sobre economías informales en muchos países, no es solo la economía de los gángsteres. También son economías informales aquellas donde una gran parte de las empresas no tienen los atributos funcionales para operar con credibilidad en el mercado. Entre ellas se cuentan esas que, si bien son autorizadas, el papel que las identifica, que determina su propiedad y evidencia de que existen no está disponible fácilmente ni de manera pública. Eso es lo que crea la sombra.

¿El mercado de hipotecas subprime o de alto riesgo se ha convertido en una economía informal?
Las hipotecas subprime no son una economía informal. Pero lo que ha sucedido es que gran parte de estas hipotecas fueron originalmente empacadas y convertidas en valores. Luego se volvieron obligaciones de deuda colateralizadas y fueron fileteadas y retaceadas, y de nuevo reempacadas. Cuando algunas de estas hipotecas se agriaron y la gente empezó a incumplir sus pagos, entonces claro que los valores amarrados a ellas también se agriaron. Pero cuando tratas y haces un seguimiento sobre quién es en última instancia responsable del valor de aquel papel, ya no puedes seguirle la huella y encontrarlo. Esa es la parte del mercado que se ha vuelto tóxica porque vive en la sombra de la informalidad.

De modo que en lo básico, derechos de propiedad mal definidos en el sector de las hipotecas subprime causaron un colapso. ¿Sucede lo mismo en el mundo en desarrollo?
Sí. Es de esperar que esa sombra sea una condición temporal en EE.UU. y Europa occidental. Se podrá superar en un año o 10, pero será superada. La situación pasajera que hoy se da en los países desarrollados, en cambio, es una situación crónica en los países en desarrollo. Siempre andamos en escasez de crédito. Como no se sabe quién es dueño de qué, nadie se atreve a prestarle a otro. Traer la ley a los mercados emergentes posiblemente sea la medida más importante que se puede tomar para ayudar a que esos países enriquezcan. Miren a los iraníes, miren a los coreanos del norte: están construyendo plantas nucleares. Miren la computadora: está siendo construida en el norte de la India. La cuestión no es la expansión de la tecnología. Todos la podemos conseguir, tomarla prestada, comprarla o robárnosla. La cuestión es cómo se obtiene un sistema legal que permite a la gente cooperar en mercados ampliados y así crear sistemas y objetos más complejos.

¿De modo que a estas alturas un banquero de Wall Street en un traje de US$10,000 está enfrentando básicamente el mismo problema que ha venido acosando por décadas o más a los habitantes de la barriada de Nairobi?
De todas maneras. Sin embargo, la diferencia está en que en Nairobi siguen luchando por comprender que un sistema de propiedad es la mejor forma que tienen de hacer las cosas. En EE.UU. cada lote de terreno, cada casa, cada automóvil, cada avión, cada manuscrito para una película, cada patente, están escritos, registrados y descritos. Solo hay en EE.UU. una cosa que no está registrada de esa manera, y eso son los derivados. Solo estamos hablando de un 7% del mercado suprime en la insolvencia y, sin embargo, está causando una enorme contracción en su economía. No logran que su crédito vuelva a fluir porque no saben qué está dónde y a quién pertenece.

¿Cuál es la respuesta? ¿Cómo le asignamos “derechos de propiedad” a los derivados?
Los bancos y los demás en poder de estos instrumentos deben reportarlos de manera tal que su gobierno y el público sepan quién es dueño de qué y dónde. Una vez que se haga la luz, sabrán quién es solvente, quién insolvente. Podrán tener un debate limpio respecto de a quién ayudar y a quién no ayudar. Y tendrán una mucho mejor idea de las consecuencias de ayudar o de no hacerlo. Ahora están discutiendo todas estas cuestiones, pero carecen de los datos relevantes. De modo que lo primero es que la ley exija a los dueños de esas cosas que se sinceren.

Cuando lo pone así suena sencillo, pero imagino que hay intereses creados dedicados a impedirlo.
Estoy convencido de que hay intereses creados. Establecer el derecho de propiedad en EE.UU. fue mucho más fácil que en Europa porque buena parte de la tierra, los activos, los bosques y las áreas rurales de hecho no pertenecían a nadie, o pertenecían a los pueblos autóctonos o a los mexicanos. Pero en Gran Bretaña los dueños de la propiedad pudieron resistirse a registrarla hasta el primer tercio del XX. Llegaron a argumentar que el conocimiento público de quién era dueño de qué podía conducir a envidias o cosas similares. Y lograron mantener la luz apagada hasta 1925. Después de la Segunda Guerra Mundial Occidente crece más que en los 2000 años anteriores. La cosa es que una economía de mercado opera en base a información. Si uno no tiene los datos, no tiene mercado, y no puede tener justicia.

¿Aquí en occidente lo hemos olvidado?
Se atribuye a Einstein haber dicho “¿Qué sabe el pez sobre el agua en la que nada?”. Uno tiene que ser humano y mirarla desde fuera, y entonces uno comprende por qué el pez vive donde vive. De modo que yo pienso que lo sucedido es que los occidentales obtuvieron derechos de propiedad muy temprano en el día, hace unos 200 años en el caso de los estadounidenses, y se acostumbraron a ellos. Ustedes son ese pez del cual hablaba Einstein.

(C) (2009), NEWSWEEK, INC. ALL RIGHTS RESERVED. REPRINTED BY PERMISSION.

LA FICHA
Nombre: Hernando de Soto Polar.
Profesión: Economista.
Edad: 67 años.
Cargo: Presidente del Instituto Libertad y Democracia (ILD).
Publicaciones: “El otro sendero”. “El misterio del capital”.
Trayectoria: Asesora a varios estados y gobiernos en políticas sociales y económicas.