Por: Eduardo Morón
SEMANA ECONOMICA
10-01-12
Empecemos por el descargo correspondiente. Tengo 8 kilos de sobrepeso. Tengo 4 hijos que les encanta comer en restaurants de comida chatarra. Ninguno de ellos tiene un problema de sobrepeso.
Al Ministro Tejada le salió lo de árbitro y quiere ponerle tarjeta amarilla a la comida chatarra en vez de seguir con la promoción de los trotes alrededor del Pentagonito de su época de alcalde sanborjino.
Aquí hay varias preguntas. La primera es si el Estado debe desincentivar el consumo de comida que puede ser nociva para la salud y bienestar futuro de las personas. La gran mayoría diría que sí y pondría los ejemplos de lo que ya se hace con el alcohol y el tabaco. Pero (y no es menor), la gran complicación viene por la forma de cobro. En el caso del alcohol y el tabaco se cobra dicho impuesto a la venta de productos debidamente manufacturados. Si pudiera comprar puros rolados a mano que se vendiera al pie de los semáforos ese producto estaría exento de impuestos, lo mismo con algún aguardiente producido de manera artesanal.
Lo esencial en el diseño de un impuesto es que la base imponible sea visible y verificable. Eso aumenta enormemente la recaudación. Piensen en el ITF o en el impuesto a los combustibles. En el caso de la comida chatarra uno podría preguntarse para empezar a qué le llamamos comida chatarra. Una respuesta simple es identificar a quien vende. Pero una hamburguesa con papas me la puedo comer en un fast food como en el restaurant más refinado. Una segunda opción es ir por el contenido de la comida en sí y hacer como hacen los daneses que le cobran un impuesto a cualquier comida que tenga un contenido de grasas saturadas mayor a un cierto nivel. El problema es que hay comidas como el chocolate oscuro que tiene otras buenas propiedades que están por encima de muchas comidas rápidas.
Pero un problema aún mayor es la efectividad de la política. Estamos muy acostumbrados a no evaluar lo que hacemos pero es algo fundamental. Lo que muestra el caso danés es que el impuesto a las comidas con grasa saturada no ha reducido significativamente el nivel de obesidad de las personas. ¿Entonces? Lo que corresponde es probar diferentes instrumentos siguiendo un diseño experimental que permita aislar posibles explicaciones erróneas para evaluar cual es la mejor manera de modificar los hábitos alimenticios de las personas. De repente terminamos concluyendo que lo más efectivo para reducir la obesidad en las personas es motivándolos a correr o caminar creando estos espacios públicos en las ciudades. Es decir, lo mejor es enfocarse en lo que ya hace tiempo puso en marcha el actual Ministro Tejada, y no en un impuesto chatarra, mal diseñado y peor implementado.
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martes, 17 de enero de 2012
sábado, 3 de diciembre de 2011
Minería: Pico y Pala
Por: Eduardo Morón *
EL COMERCIO
03-12-11
Para muchos desinformados la actividad minera se puede reducir a agarrar un pico y una pala; la actividad no implica ningún esfuerzo tecnológico, no hay nada de sofisticado. Como las exportaciones de minerales están clasificadas como tradicionales, algunos suponen que se utilizan métodos tradicionales, por no decir ancestrales o artesanales.
Me imagino que estarán pensando en la minería informal, en la minería artesanal. La minería formal y por tanto la exportación de minerales es por el contrario una actividad donde la tecnología de punta está en todos lados. Desde la manera como se lleva a cabo la exploración y prospección hasta las complejidades de la explotación, la minería es una actividad donde la tecnología y la innovación abundan.
El problema es que no conocemos que para cosas tan aparentemente simples como volar un cerro que tiene algún contenido de mineral, no se recurre al estilo “Duro de matar”, sino que debe ser volado de una manera controlada. Este detalle incluye cosas como definir qué tipo de cargas explosivas usar, cómo conseguir piedras de cierto tamaño que permitirán extraer más fácilmente (y más económicamente rentable) el mineral.
Proyectos como Yanacocha muestran el triunfo tecnológico de poder encontrar de manera rentable las minúsculas partículas de oro en, literalmente, cerros de material, a través de un proceso llamado lixiviación.
La minería innova porque un dato crucial para sus proyectos de inversión es cuál es su costo de producción. Los mineros no deciden a qué precio venden. Ese precio viene dado. Si sus costos de operación no son suficientemente bajos, simplemente no van.
La presencia de empresas transnacionales es, sin duda, una enorme ventaja para la adopción de tecnología. Estas son empresas que tienen un enorme incentivo para innovar. Cada ventaja tecnológica implica una ganancia directa en sus beneficios, así que lo van a hacer no porque les interese ser sofisticados sino porque les conviene privadamente.
Pensar que no hay valor agregado es suponer que la minería se hace a punta de pico y pala. Esa es simplemente una caricatura alejada de la realidad.
* Economista, Universidad del Pacífico
EL COMERCIO
03-12-11
Para muchos desinformados la actividad minera se puede reducir a agarrar un pico y una pala; la actividad no implica ningún esfuerzo tecnológico, no hay nada de sofisticado. Como las exportaciones de minerales están clasificadas como tradicionales, algunos suponen que se utilizan métodos tradicionales, por no decir ancestrales o artesanales.
Me imagino que estarán pensando en la minería informal, en la minería artesanal. La minería formal y por tanto la exportación de minerales es por el contrario una actividad donde la tecnología de punta está en todos lados. Desde la manera como se lleva a cabo la exploración y prospección hasta las complejidades de la explotación, la minería es una actividad donde la tecnología y la innovación abundan.
El problema es que no conocemos que para cosas tan aparentemente simples como volar un cerro que tiene algún contenido de mineral, no se recurre al estilo “Duro de matar”, sino que debe ser volado de una manera controlada. Este detalle incluye cosas como definir qué tipo de cargas explosivas usar, cómo conseguir piedras de cierto tamaño que permitirán extraer más fácilmente (y más económicamente rentable) el mineral.
Proyectos como Yanacocha muestran el triunfo tecnológico de poder encontrar de manera rentable las minúsculas partículas de oro en, literalmente, cerros de material, a través de un proceso llamado lixiviación.
La minería innova porque un dato crucial para sus proyectos de inversión es cuál es su costo de producción. Los mineros no deciden a qué precio venden. Ese precio viene dado. Si sus costos de operación no son suficientemente bajos, simplemente no van.
La presencia de empresas transnacionales es, sin duda, una enorme ventaja para la adopción de tecnología. Estas son empresas que tienen un enorme incentivo para innovar. Cada ventaja tecnológica implica una ganancia directa en sus beneficios, así que lo van a hacer no porque les interese ser sofisticados sino porque les conviene privadamente.
Pensar que no hay valor agregado es suponer que la minería se hace a punta de pico y pala. Esa es simplemente una caricatura alejada de la realidad.
* Economista, Universidad del Pacífico
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EDUARDO MORON,
MINERIA,
PERU
jueves, 4 de septiembre de 2008
Presupuesto sin colesterol malo
Por Eduardo Morón. Economista U. del Pacífico
04-09-08
Hace algunos años me pidieron dar unas charlas sobre temas presupuestales a redactores de economía de los principales diarios. En esa charla, como motivación inversa, les decía a los asistentes que hay pocos temas más aburridos que el tema presupuestal. En efecto, esta percepción --que seguro muchos la tienen y que yo la suscribo plenamente-- se debe a que por muchos años la discusión del presupuesto público era un debate repetitivo e irrelevante. Cada año el Ejecutivo le entregaba al Legislativo un proyecto de presupuesto en que había un montón de gastos que todo el mundo quería mover pero que no se podían mover. Además, este proyecto era presentado a un Congreso poco capacitado para discutir temas presupuestales porque, en parte, todo se dice más complicado de lo que realmente es y en parte porque no existe ningún apoyo significativo a esta importante labor del Legislativo.
Esta vez el Banco Mundial estará apoyando al Congreso para tener mejores herramientas de análisis en la discusión. Ese ya de por sí es un cambio que entusiasma, sin embargo, el cambio más interesante está por otra parte. Uno de esos términos que los funcionarios públicos deben aprender muy rápido es la noción de techo presupuestal. Como parte del proceso presupuestal, el MEF se reúne con todos los responsables de gastar recursos públicos y define estas cosas que se llaman techos presupuestales que no son otra cosa que autorizaciones a gastar una cantidad máxima de dinero. Entonces cada sector en particular sabrá que el próximo año puede gastar hasta una cantidad equis, y si quiere algo más tendrá que pedir que se le asignen nuevos recursos a través de un crédito suplementario.
Esta forma de armar un presupuesto hace que todos los responsables de enviarle al MEF su presupuesto exageren en sus demandas por recursos. Es más fácil pedirlo y tenerlo a la mano para gastarlo que no haberlo pedido, no tenerlo y luego necesitarlo. El problema es que esta forma de trabajar hace que los presupuestos estén muy llenos de colesterol malo, es decir, proyectos que tranquilamente no pasa nada si no se hacen o proyectos sobredimensionados. Los doctores tratan el colesterol malo a veces con cambios en nuestra rutina, y en otras ocasiones, el colesterol malo es congénito y, por lo tanto, lo que se requiere no es una nueva dieta o más ejercicios sino medicina que afecte la forma como funciona nuestro sistema.
En términos presupuestales hay dos formas de combatir el colesterol malo: una es a través del uso del presupuesto basado en resultados, que busca por principio hacer un uso más eficiente y eficaz de los recursos públicos; la otra opción es darle la vuelta a la lógica de los techos presupuestales. La primera forma está siendo aplicada en el caso del Gobierno Central y la segunda, a los gobiernos regionales. Habiendo mirado este tema creo que es importante profundizar primero la experiencia piloto realizada este año en cinco programas priorizados antes de extender mucho más este esquema. Necesitamos generar casos exitosos de manejo presupuestal basado en resultados antes de pretender que todo se puede manejar así.
De otro lado, se ha introducido para los gobiernos regionales la idea de que hay un piso mínimo de gasto, reconociendo que sin esos recursos no se puede ofrecer lo mínimo indispensable a las distintas poblaciones de esas zonas. Pero se introduce vía el Foniprel --un fondo concursable-- una vía bajo la cual las regiones pueden aumentar su capacidad de gastar en proyectos siempre y cuando estos valgan la pena. No hay mejor cosa que la competencia para promover la eficiencia.
Fuente: http://www.elcomercio.com.pe/edicionimpresa/Html/2008-09-04/presupuesto-sin-colesterol-malo.html
04-09-08
Hace algunos años me pidieron dar unas charlas sobre temas presupuestales a redactores de economía de los principales diarios. En esa charla, como motivación inversa, les decía a los asistentes que hay pocos temas más aburridos que el tema presupuestal. En efecto, esta percepción --que seguro muchos la tienen y que yo la suscribo plenamente-- se debe a que por muchos años la discusión del presupuesto público era un debate repetitivo e irrelevante. Cada año el Ejecutivo le entregaba al Legislativo un proyecto de presupuesto en que había un montón de gastos que todo el mundo quería mover pero que no se podían mover. Además, este proyecto era presentado a un Congreso poco capacitado para discutir temas presupuestales porque, en parte, todo se dice más complicado de lo que realmente es y en parte porque no existe ningún apoyo significativo a esta importante labor del Legislativo.
Esta vez el Banco Mundial estará apoyando al Congreso para tener mejores herramientas de análisis en la discusión. Ese ya de por sí es un cambio que entusiasma, sin embargo, el cambio más interesante está por otra parte. Uno de esos términos que los funcionarios públicos deben aprender muy rápido es la noción de techo presupuestal. Como parte del proceso presupuestal, el MEF se reúne con todos los responsables de gastar recursos públicos y define estas cosas que se llaman techos presupuestales que no son otra cosa que autorizaciones a gastar una cantidad máxima de dinero. Entonces cada sector en particular sabrá que el próximo año puede gastar hasta una cantidad equis, y si quiere algo más tendrá que pedir que se le asignen nuevos recursos a través de un crédito suplementario.
Esta forma de armar un presupuesto hace que todos los responsables de enviarle al MEF su presupuesto exageren en sus demandas por recursos. Es más fácil pedirlo y tenerlo a la mano para gastarlo que no haberlo pedido, no tenerlo y luego necesitarlo. El problema es que esta forma de trabajar hace que los presupuestos estén muy llenos de colesterol malo, es decir, proyectos que tranquilamente no pasa nada si no se hacen o proyectos sobredimensionados. Los doctores tratan el colesterol malo a veces con cambios en nuestra rutina, y en otras ocasiones, el colesterol malo es congénito y, por lo tanto, lo que se requiere no es una nueva dieta o más ejercicios sino medicina que afecte la forma como funciona nuestro sistema.
En términos presupuestales hay dos formas de combatir el colesterol malo: una es a través del uso del presupuesto basado en resultados, que busca por principio hacer un uso más eficiente y eficaz de los recursos públicos; la otra opción es darle la vuelta a la lógica de los techos presupuestales. La primera forma está siendo aplicada en el caso del Gobierno Central y la segunda, a los gobiernos regionales. Habiendo mirado este tema creo que es importante profundizar primero la experiencia piloto realizada este año en cinco programas priorizados antes de extender mucho más este esquema. Necesitamos generar casos exitosos de manejo presupuestal basado en resultados antes de pretender que todo se puede manejar así.
De otro lado, se ha introducido para los gobiernos regionales la idea de que hay un piso mínimo de gasto, reconociendo que sin esos recursos no se puede ofrecer lo mínimo indispensable a las distintas poblaciones de esas zonas. Pero se introduce vía el Foniprel --un fondo concursable-- una vía bajo la cual las regiones pueden aumentar su capacidad de gastar en proyectos siempre y cuando estos valgan la pena. No hay mejor cosa que la competencia para promover la eficiencia.
Fuente: http://www.elcomercio.com.pe/edicionimpresa/Html/2008-09-04/presupuesto-sin-colesterol-malo.html
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jueves, 14 de agosto de 2008
El Subsidio Perfecto
Por Eduardo Morón. Economista*
14-08-08
Aunque muchos ya habíamos señalado que el subsidio a los combustibles era como operar una apendicitis con serrucho y martillo, la semana pasada el MEF confirmó que el fondo no subsidia a quienes ellos tenían en mente. Por el contrario, el subsidio básicamente llegaba a las personas de estratos altos y medios. En palabras del MEF, a los más pobres les llegaba 5 de cada 100 soles que tenían la intención de llegar a ellos. En pocas palabras, es un desastre en términos de focalización y diseño de políticas. En estos tiempos está de moda mirar en los programas sociales esto que, en plan de gasfitero, se llaman filtraciones. Es decir, plata que llega a quienes no estaba destinada. Hemos visto entre los casos menos dramáticos cómo los abuelos comparten con los nietos el vaso de leche. Pero también hay casos en que la ayuda social termina vendiéndose en una bodega.
Reconozco que de gasfitería no sé nada, pero a muchos les encanta jugar a gasfiteros y prometen "arreglos a prueba de fallas" para las filtraciones. Discúlpenme pero tengo mis dudas. Recordemos que en cada una de esas soluciones perfectas hay una serie de incentivos que se dejan sueltos, que pueden terminar generando una situación muy distinta a la que uno supuso que pasaría. Déjenme poner un ejemplo a propósito del fondo de combustibles. Supongamos que quiero proteger a los más pobres por el efecto del precio elevado de los combustibles. Una opción es tener una lista de beneficiarios y entregar cheques cada mes o cada tres meses a esta lista y asunto arreglado. ¿Aparentemente todo bien? Claro que no. ¿Qué pasa si el subsidio por familia sale tan chico que administrativamente es más caro mandar el cheque que el propio valor del cheque? Nuestro gasfitero estrella dirá entonces que juntemos varios cheques para reducir costos de envío. OK. ¿Y cómo evitamos que la planilla de beneficiarios no esté plagada de infiltrados, si la ONP paga a jubilados que nunca trabajaron y hasta el programa Juntos tiene problemas en separar los que sí deberían recibir ayuda de los que no deberían estar? Además, ¿se imaginan el lío político de remover subsidios una vez que los has otorgado un par de años? Repitan conmigo: "No existe el subsidio perfecto".
Alguien podría sugerir subsidiar solo el combustible para transporte de carga y pasajeros. ¿Acaso ellos son los únicos que utilizan ese tipo de combustibles? ¿Estamos buscando acaso crear mercados negros de reventa de combustibles? Por favor no. Por otro lado, no entiendo la necesidad de un subsidio a la industria o a la minería. Con esos recursos se debería poner en marcha agresivamente el bono de chatarreo para que las unidades de transporte utilicen combustibles más ecológicos. Más caro nos va a salir atender luego los múltiples problemas de salud derivados de no actuar con mayor decisión en el tema del transporte masivo de pasajeros.
El Gobierno ha ido, a mi juicio correctamente, retirando el subsidio a las gasolinas más caras porque esos consumidores deben no solo responder a los precios de mercado sino que no necesitan apoyo estatal. Y se debería seguir en esa línea. Básicamente de lo que se trata es de reducir el impacto en la cadena logística y en el tema de transporte de pasajeros en tanto es lo que más afecta a la población de menores recursos. Aprovechemos que el precio del petróleo está a la baja y seguramente terminará el año por debajo de cien dólares. Pronto no necesitaremos de este subsidio.
*Universidad del Pacífico
Fuente: http://www.elcomercio.com.pe/edicionimpresa/Html/2008-08-14/el-subsidio-perfecto.html
14-08-08
Aunque muchos ya habíamos señalado que el subsidio a los combustibles era como operar una apendicitis con serrucho y martillo, la semana pasada el MEF confirmó que el fondo no subsidia a quienes ellos tenían en mente. Por el contrario, el subsidio básicamente llegaba a las personas de estratos altos y medios. En palabras del MEF, a los más pobres les llegaba 5 de cada 100 soles que tenían la intención de llegar a ellos. En pocas palabras, es un desastre en términos de focalización y diseño de políticas. En estos tiempos está de moda mirar en los programas sociales esto que, en plan de gasfitero, se llaman filtraciones. Es decir, plata que llega a quienes no estaba destinada. Hemos visto entre los casos menos dramáticos cómo los abuelos comparten con los nietos el vaso de leche. Pero también hay casos en que la ayuda social termina vendiéndose en una bodega.
Reconozco que de gasfitería no sé nada, pero a muchos les encanta jugar a gasfiteros y prometen "arreglos a prueba de fallas" para las filtraciones. Discúlpenme pero tengo mis dudas. Recordemos que en cada una de esas soluciones perfectas hay una serie de incentivos que se dejan sueltos, que pueden terminar generando una situación muy distinta a la que uno supuso que pasaría. Déjenme poner un ejemplo a propósito del fondo de combustibles. Supongamos que quiero proteger a los más pobres por el efecto del precio elevado de los combustibles. Una opción es tener una lista de beneficiarios y entregar cheques cada mes o cada tres meses a esta lista y asunto arreglado. ¿Aparentemente todo bien? Claro que no. ¿Qué pasa si el subsidio por familia sale tan chico que administrativamente es más caro mandar el cheque que el propio valor del cheque? Nuestro gasfitero estrella dirá entonces que juntemos varios cheques para reducir costos de envío. OK. ¿Y cómo evitamos que la planilla de beneficiarios no esté plagada de infiltrados, si la ONP paga a jubilados que nunca trabajaron y hasta el programa Juntos tiene problemas en separar los que sí deberían recibir ayuda de los que no deberían estar? Además, ¿se imaginan el lío político de remover subsidios una vez que los has otorgado un par de años? Repitan conmigo: "No existe el subsidio perfecto".
Alguien podría sugerir subsidiar solo el combustible para transporte de carga y pasajeros. ¿Acaso ellos son los únicos que utilizan ese tipo de combustibles? ¿Estamos buscando acaso crear mercados negros de reventa de combustibles? Por favor no. Por otro lado, no entiendo la necesidad de un subsidio a la industria o a la minería. Con esos recursos se debería poner en marcha agresivamente el bono de chatarreo para que las unidades de transporte utilicen combustibles más ecológicos. Más caro nos va a salir atender luego los múltiples problemas de salud derivados de no actuar con mayor decisión en el tema del transporte masivo de pasajeros.
El Gobierno ha ido, a mi juicio correctamente, retirando el subsidio a las gasolinas más caras porque esos consumidores deben no solo responder a los precios de mercado sino que no necesitan apoyo estatal. Y se debería seguir en esa línea. Básicamente de lo que se trata es de reducir el impacto en la cadena logística y en el tema de transporte de pasajeros en tanto es lo que más afecta a la población de menores recursos. Aprovechemos que el precio del petróleo está a la baja y seguramente terminará el año por debajo de cien dólares. Pronto no necesitaremos de este subsidio.
*Universidad del Pacífico
Fuente: http://www.elcomercio.com.pe/edicionimpresa/Html/2008-08-14/el-subsidio-perfecto.html
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