A la cumbre del cielo que llamamos desarrollo se llega con educación orientada a la innovación e instituciones consolidadas
Por: Gustavo Rodríguez
EL COMERCIO
01-08-14
Cada vez se publican con mayor insistencia reportes sobre una probable desaceleración económica en nuestro país. Tras ellos se adivinan ceños fruncidos, muy alejados de las sonrisas triunfales que alguna vez tuvieron la osadía de proclamar al Perú como un posible tigre sudamericano.
Es bueno concordar en que este freno tiene un contexto internacional que lo explica en parte. Pero también es bueno recordar –y varios lo dijeron en su momento– que ponerse triunfalistas solo con el crecimiento económico era una enorme irresponsabilidad.
El Perú empezó a tener hace más de una década un crecimiento económico sin precedentes y una imagen para ilustrarlo podría ser la de un horizonte con globos aerostáticos. Cada globo era un país. Y el Perú estaba al ras del piso: sobre nosotros se elevaban la mayoría de países del mundo luciendo sus colores a mayor o menor altitud entre ellos. Era previsible estar por los suelos: nuestra canasta iba llena de los lastres provocados por los experimentos económicos de distintos gobiernos, el terrorismo que nos desangró y las interrupciones democráticas.
¿Y qué ocurre cuando un globo aerostático se ve libre de sus lastres? Pues empieza a subir. La sensación es de vértigo, se siente el nudo de la emoción en el estómago y nos creemos imparables. Se asciende rápido, por supuesto, porque antes se estuvo detenido y en el trayecto vertical vemos que nos acercamos como bólidos a nuestros vecinos, que nos miran expectantes desde sus posiciones.
Cada vez que he criticado a los que confunden crecimiento con desarrollo lo he hecho cuidándome de no parecer aguafiestas. Por supuesto que hay mérito en crecer económicamente, en tener por fin una clase media, en disminuir los índices de pobreza y en aminorar parcialmente la brecha en infraestructura.
Pero todo aquello que se hizo y falta por hacer en lo económico solo basta para poner a nuestro globo a cierta altura y no en la estratósfera, como pensaban ciertos ingenuos durante la subida vertiginosa. A la cumbre del cielo que llamamos desarrollo se llega, justamente, con dos cosas que a nuestros gobernantes menos ha parecido importarles: con educación orientada a la innovación y con instituciones consolidadas.
La educación es un componente de ascenso que es fácil de explicar. La señora que se mata para que su hijo acceda a la formación que ella no tuvo lo comprende mejor que nadie y la proliferación de colegios y universidades ripiosas a raíz de esta demanda es uno de los ejemplos de cómo se ha manejado la educación en el país estrella de América Latina.
Pero la institucionalidad no está en el top ten de la cabeza de los peruanos y eso hace –o hacía– más imperiosa la necesidad de ser guiados por verdaderos estadistas. ¿Cómo sacar adelante una reforma del transporte si los propios usuarios han sido anestesiados por décadas de salvajismo individualista? ¿Cómo pretender más seguridad si andamos en busca de un mesías de mano dura y no de una policía realmente corpórea y bien adoctrinada? ¿Cómo no vamos a tener delincuentes saqueando nuestros impuestos si los partidos son clubes de enriquecimiento en lugar de ser intermediarios entre la gente y el estado? ¿Cómo ir a un mundial de fútbol con las federaciones alejadas del bien común?
El lastre ya se agotó, compatriotas, y subir ahora será más difícil. Nos toca meterle músculo al fuelle ahora o nunca: con innovación y con gente que forme instituciones.
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viernes, 1 de agosto de 2014
sábado, 12 de diciembre de 2009
No se Arañen por Porter
Por: Federico Salazar
LA REPÚBLICA
13-12-09
Economistas, periodistas, empresarios, “maileros” (los que mandan cadenas por correo electrónico) y algunos bloggeros (los que publican blogs) han hablado mucho sobre Michael Porter. El llamado “gurú de la competitividad” hizo críticas severas al manejo económico en el Perú.
El presidente García, finalmente, ha lanzado sus dardos contra el consultor. Ha dicho que no debemos aceptar lecciones de personas que no conocen el Perú.
El Presidente se equivoca. Hay que aceptar lecciones de quienes las puedan dar. Porter no conoce en detalle la economía peruana, pero sabe mucho, mucho, pero mucho más de economía que el presidente García.
¿Se puede ser eficiente en política si se sabe poco del Perú? No. ¿Se puede manejar la economía si se sabe poco de economía? Tampoco.
Lo que dijo Porter ya lo sabemos: hay que mejorar la educación, el sistema de salud, las carreteras. La desigualdad económica y cultural atenta contra el desarrollo, así como la corrupción y el mercantilismo.
No hay una política de reforma del Estado y, en realidad, la política económica consiste en anclarse al desarrollo de países como China y Brasil. Porter dijo que vivimos una ilusión exportadora, y es cierto, en buena parte.
No hay ningún cambio en nuestra preparación para competir. Descansamos sobre la ola del comercio mundial. No hay que ser Porter para darse cuenta de ello. No hay que ser Porter para reconocer que el esquema es vulnerable. Entonces, ¿por qué arañarse?
“Arañarse” quiere decir, en el habla popular, hacerse el ofendido, el herido (el arañado). Significa rasgarse las vestiduras, actuar con exageración. Indica exceso de sensibilidad o sensibilidad del tipo femenino.
Dice el presidente García que el error de Porter es dar la misma lección en todos los países. ¡Pero si de eso se trata! Porter cree que todos los países se rigen por las leyes básicas de la economía. Porter cree que todos los países deben buscar ser competitivos.
¿Por qué excluir al Perú de las leyes básicas de la economía? ¿Acaso en el Perú no funciona eso que llaman “la ley de la oferta y la demanda”, por ejemplo?
¿Acaso la productividad en el Perú es alta? Es baja, bajísima, como lo destacó Porter. Y si mejoramos la productividad, mejoramos la economía, como sugiere Porter.
¿Por qué arañarse, entonces, por Porter? ¿Acaso solo aceptamos la propaganda? La intolerancia y el exceso de sensibilidad no favorecen el entendimiento. Sin entendimiento no hay cómo enfrentar el futuro del país.
LA REPÚBLICA
13-12-09
Economistas, periodistas, empresarios, “maileros” (los que mandan cadenas por correo electrónico) y algunos bloggeros (los que publican blogs) han hablado mucho sobre Michael Porter. El llamado “gurú de la competitividad” hizo críticas severas al manejo económico en el Perú.
El presidente García, finalmente, ha lanzado sus dardos contra el consultor. Ha dicho que no debemos aceptar lecciones de personas que no conocen el Perú.
El Presidente se equivoca. Hay que aceptar lecciones de quienes las puedan dar. Porter no conoce en detalle la economía peruana, pero sabe mucho, mucho, pero mucho más de economía que el presidente García.
¿Se puede ser eficiente en política si se sabe poco del Perú? No. ¿Se puede manejar la economía si se sabe poco de economía? Tampoco.
Lo que dijo Porter ya lo sabemos: hay que mejorar la educación, el sistema de salud, las carreteras. La desigualdad económica y cultural atenta contra el desarrollo, así como la corrupción y el mercantilismo.
No hay una política de reforma del Estado y, en realidad, la política económica consiste en anclarse al desarrollo de países como China y Brasil. Porter dijo que vivimos una ilusión exportadora, y es cierto, en buena parte.
No hay ningún cambio en nuestra preparación para competir. Descansamos sobre la ola del comercio mundial. No hay que ser Porter para darse cuenta de ello. No hay que ser Porter para reconocer que el esquema es vulnerable. Entonces, ¿por qué arañarse?
“Arañarse” quiere decir, en el habla popular, hacerse el ofendido, el herido (el arañado). Significa rasgarse las vestiduras, actuar con exageración. Indica exceso de sensibilidad o sensibilidad del tipo femenino.
Dice el presidente García que el error de Porter es dar la misma lección en todos los países. ¡Pero si de eso se trata! Porter cree que todos los países se rigen por las leyes básicas de la economía. Porter cree que todos los países deben buscar ser competitivos.
¿Por qué excluir al Perú de las leyes básicas de la economía? ¿Acaso en el Perú no funciona eso que llaman “la ley de la oferta y la demanda”, por ejemplo?
¿Acaso la productividad en el Perú es alta? Es baja, bajísima, como lo destacó Porter. Y si mejoramos la productividad, mejoramos la economía, como sugiere Porter.
¿Por qué arañarse, entonces, por Porter? ¿Acaso solo aceptamos la propaganda? La intolerancia y el exceso de sensibilidad no favorecen el entendimiento. Sin entendimiento no hay cómo enfrentar el futuro del país.
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FEDERICO SALAZAR,
PERU
martes, 8 de diciembre de 2009
Lo que Porter dijo y no dijo
Por: Daniel Córdova*
EL COMERCIO
08-12-09
El Reto de la Competitividad
Es gratificante que nuestra iniciativa de organizar un foro con Michael Porter, profesor de Harvard y estudioso de las fuerzas competitivas, haya generado un verdadero impacto en las columnas de opinión. Lo curioso es que, salvo honrosas excepciones, todos los comentarios se han hecho sobre uno o dos reportajes periodísticos acerca de la conferencia y no sobre la base de la conferencia completa. Porque los comentarios han resaltado cosas que Porter dijo, le han hecho decir cosas que no dijo y, sobre todo, no han tomado en cuenta lo que dijo y los dos reportajes periodísticos no recogieron.
Porter dijo que el Perú había progresado significativamente en los últimos años, mostrando un gráfico de la reducción de la pobreza. Pero que no por eso había dejado de ser un país muy atrasado económicamente. No dijo que estábamos por un mal camino. Solo que necesitábamos ir mucho más allá. Dijo que se había crecido en la producción y exportación de sectores como el minero y pesquero, pero que en comparación con países más dinámicos, desde Malasia hasta la China, faltaba que se desarrollaran conglomerados más sofisticados de sectores manufactureros y de servicios. No dijo que el desarrollo de sectores primarios estaba mal, ¡todo lo contrario! Señaló que sin el progreso de las exportaciones mineras y pesqueras hubiese sido imposible el crecimiento incipiente de los sectores que son los llamados a liderar el progreso futuro.
Porter dijo que el Perú no era un país suficientemente abierto. Que para progresar debía exportar más e importar más en relación a lo que produce. Dijo que la productividad por trabajador era baja. Y que se necesitaba más inversión extranjera en la industria y los servicios para que el Perú gane en productividad. No dijo que el Perú tenía que dejar de privilegiar las exportaciones, ni que las empresas estatales deben jugar algún papel, ni que el Estado debe restringir la inversión privada.
¿Qué es lo que debe suceder para que el Perú siga progresando de acuerdo con la propuesta de Porter? Las claves de la competitividad, según nuestro invitado, se dividen en dos grupos: la competitividad macroeconómica y la competitividad microeconómica.
La competitividad macroeconómica se da en dos niveles: el de las políticas macroeconómicas y el de la “infraestructura” social e instituciones políticas. Porter elogió el manejo fiscal responsable y la política monetaria de baja inflación, que el Perú ha conseguido. Y criticó los problemas de educación y salud (ambos temas en los que estamos atrasados por la mala gestión estatal). Asimismo, señaló que el Estado de derecho y el respeto de los derechos de propiedad, así como un Estado eficiente, son aspectos esenciales en los que estamos jalados. No abogó por el gasto fiscal irresponsable, ni por tolerar “democráticamente” las tomas de carreteras, ni por mayores impuestos a los más ricos para que los gobernantes de turno se llenen los bolsillos. Fue muy crítico de la corrupción y de los impuestos altos.
En el aspecto microeconómico, abogó por un entorno que favorezca el desarrollo de los negocios, por empresas modernas y socialmente responsables y por el impulso de los sectores emergentes. Y sí, criticó la pasividad del Estado Peruano para generar una promoción económica que potencie (no que invente) los clusters que están marcando poco a poco el nuevo progreso del Perú: la agroexportación, los textiles y confecciones, los servicios turísticos, la pesca de consumo humano, las infraestructuras, y potencialmente la petroquímica, además de las reformas del Poder Judicial, y de los servicios de salud y educación.
El empresariado y la universidad estamos a disposición para ir adelante con la ejecución de estas propuestas. Los ministros abiertos al diálogo y a nuevas ideas también. El presidente tiene la palabra.
(*) Director de posgrado Universidad del Pacífico
EL COMERCIO
08-12-09
El Reto de la Competitividad
Es gratificante que nuestra iniciativa de organizar un foro con Michael Porter, profesor de Harvard y estudioso de las fuerzas competitivas, haya generado un verdadero impacto en las columnas de opinión. Lo curioso es que, salvo honrosas excepciones, todos los comentarios se han hecho sobre uno o dos reportajes periodísticos acerca de la conferencia y no sobre la base de la conferencia completa. Porque los comentarios han resaltado cosas que Porter dijo, le han hecho decir cosas que no dijo y, sobre todo, no han tomado en cuenta lo que dijo y los dos reportajes periodísticos no recogieron.
Porter dijo que el Perú había progresado significativamente en los últimos años, mostrando un gráfico de la reducción de la pobreza. Pero que no por eso había dejado de ser un país muy atrasado económicamente. No dijo que estábamos por un mal camino. Solo que necesitábamos ir mucho más allá. Dijo que se había crecido en la producción y exportación de sectores como el minero y pesquero, pero que en comparación con países más dinámicos, desde Malasia hasta la China, faltaba que se desarrollaran conglomerados más sofisticados de sectores manufactureros y de servicios. No dijo que el desarrollo de sectores primarios estaba mal, ¡todo lo contrario! Señaló que sin el progreso de las exportaciones mineras y pesqueras hubiese sido imposible el crecimiento incipiente de los sectores que son los llamados a liderar el progreso futuro.
Porter dijo que el Perú no era un país suficientemente abierto. Que para progresar debía exportar más e importar más en relación a lo que produce. Dijo que la productividad por trabajador era baja. Y que se necesitaba más inversión extranjera en la industria y los servicios para que el Perú gane en productividad. No dijo que el Perú tenía que dejar de privilegiar las exportaciones, ni que las empresas estatales deben jugar algún papel, ni que el Estado debe restringir la inversión privada.
¿Qué es lo que debe suceder para que el Perú siga progresando de acuerdo con la propuesta de Porter? Las claves de la competitividad, según nuestro invitado, se dividen en dos grupos: la competitividad macroeconómica y la competitividad microeconómica.
La competitividad macroeconómica se da en dos niveles: el de las políticas macroeconómicas y el de la “infraestructura” social e instituciones políticas. Porter elogió el manejo fiscal responsable y la política monetaria de baja inflación, que el Perú ha conseguido. Y criticó los problemas de educación y salud (ambos temas en los que estamos atrasados por la mala gestión estatal). Asimismo, señaló que el Estado de derecho y el respeto de los derechos de propiedad, así como un Estado eficiente, son aspectos esenciales en los que estamos jalados. No abogó por el gasto fiscal irresponsable, ni por tolerar “democráticamente” las tomas de carreteras, ni por mayores impuestos a los más ricos para que los gobernantes de turno se llenen los bolsillos. Fue muy crítico de la corrupción y de los impuestos altos.
En el aspecto microeconómico, abogó por un entorno que favorezca el desarrollo de los negocios, por empresas modernas y socialmente responsables y por el impulso de los sectores emergentes. Y sí, criticó la pasividad del Estado Peruano para generar una promoción económica que potencie (no que invente) los clusters que están marcando poco a poco el nuevo progreso del Perú: la agroexportación, los textiles y confecciones, los servicios turísticos, la pesca de consumo humano, las infraestructuras, y potencialmente la petroquímica, además de las reformas del Poder Judicial, y de los servicios de salud y educación.
El empresariado y la universidad estamos a disposición para ir adelante con la ejecución de estas propuestas. Los ministros abiertos al diálogo y a nuevas ideas también. El presidente tiene la palabra.
(*) Director de posgrado Universidad del Pacífico
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DANIEL CÓRDOVA,
PERU
miércoles, 9 de septiembre de 2009
Levantando Obstáculos
Por: Fritz Du Bois
PERU21
09-09-0
Finalmente, la modernidad se empieza a reflejar en nuestro posicionamiento internacional. En dos días se ha anunciado que hemos mejorado 5 puestos en el índice global de competitividad y 9 puestos en el ranking sobre el clima de negocios a nivel mundial. Sin embargo, nos encontramos aún en los lejanos puestos 78 y 56, respectivamente, así que todavía hay mucho por remar.
Es importante resaltar que lo más útil que tienen estos índices es que nos permiten medir anualmente avances o retrocesos. No hay nada peor que ser como el avestruz. Un ejemplo de ello fue retirarnos de las pruebas PISA de la Unesco durante el gobierno de Toledo porque salíamos en último lugar.
Justamente, la pésima calidad de la educación es una de las peores cargas que arrastramos. Al menos es el único sector social en el que este gobierno está actuando, enfrentando al Sutep, que durante 30 años impidió que el esfuerzo y la capacidad individual sean recompensados.
Otra tara que aparece por todos lados es nuestra insufrible tendencia al papeleo contra la cual poco se ha hecho y es la causa principal de la economía informal. Pero los 800 millones que tiene el presupuesto para modernización municipal deberían eliminar cientos de trámites y trabas a nivel de gobierno local, que es donde se concentra lo más avezado de la burocracia.
Por otro lado, a veces es difícil explicar cómo es que el Perú ha hecho para tener la peor infraestructura en la región –después de Bolivia, que siempre evita que estemos en el último puesto–, pero cuando uno ve la coalición en contra de la concesión de Paita, conformada por quienes han hecho de la envidia y la pequeñez un medio de vida, ya no se requiere dar ninguna explicación.
Incluso los opositores al ingreso de la inversión a sectores monopolizados por las empresas del Estado o a introducir competencia en la educación o a promover la simplificación, son los mismos que han marginado al 60% de la población de la posibilidad de tener un trabajo adecuado, manteniendo una legislación laboral que solo beneficia a un pequeño grupo de privilegiados.
Así que, para cumplir el objetivo de llegar al puesto 25 en dos años, al gobierno no le queda más que enfrentarlos de plano, pues no nos podemos dar el lujo de esperar a que ocurra un cambio generacional para que dejen de seguir obstaculizando.
PERU21
09-09-0
Finalmente, la modernidad se empieza a reflejar en nuestro posicionamiento internacional. En dos días se ha anunciado que hemos mejorado 5 puestos en el índice global de competitividad y 9 puestos en el ranking sobre el clima de negocios a nivel mundial. Sin embargo, nos encontramos aún en los lejanos puestos 78 y 56, respectivamente, así que todavía hay mucho por remar.
Es importante resaltar que lo más útil que tienen estos índices es que nos permiten medir anualmente avances o retrocesos. No hay nada peor que ser como el avestruz. Un ejemplo de ello fue retirarnos de las pruebas PISA de la Unesco durante el gobierno de Toledo porque salíamos en último lugar.
Justamente, la pésima calidad de la educación es una de las peores cargas que arrastramos. Al menos es el único sector social en el que este gobierno está actuando, enfrentando al Sutep, que durante 30 años impidió que el esfuerzo y la capacidad individual sean recompensados.
Otra tara que aparece por todos lados es nuestra insufrible tendencia al papeleo contra la cual poco se ha hecho y es la causa principal de la economía informal. Pero los 800 millones que tiene el presupuesto para modernización municipal deberían eliminar cientos de trámites y trabas a nivel de gobierno local, que es donde se concentra lo más avezado de la burocracia.
Por otro lado, a veces es difícil explicar cómo es que el Perú ha hecho para tener la peor infraestructura en la región –después de Bolivia, que siempre evita que estemos en el último puesto–, pero cuando uno ve la coalición en contra de la concesión de Paita, conformada por quienes han hecho de la envidia y la pequeñez un medio de vida, ya no se requiere dar ninguna explicación.
Incluso los opositores al ingreso de la inversión a sectores monopolizados por las empresas del Estado o a introducir competencia en la educación o a promover la simplificación, son los mismos que han marginado al 60% de la población de la posibilidad de tener un trabajo adecuado, manteniendo una legislación laboral que solo beneficia a un pequeño grupo de privilegiados.
Así que, para cumplir el objetivo de llegar al puesto 25 en dos años, al gobierno no le queda más que enfrentarlos de plano, pues no nos podemos dar el lujo de esperar a que ocurra un cambio generacional para que dejen de seguir obstaculizando.
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FRITZ DU BOIS,
PERU
domingo, 14 de septiembre de 2008
Un Paso Adelante, Dos Pasos Atrás
Por Fritz Du Bois
EL COMERCIO
14-09-08
El Gobierno debería seguir el ejemplo del 'Loco' Vargas, que nunca se dio por vencido y hasta el final empujó para delante. Especialmente ahora que en el partido de la economía mundial tenemos un marcador en contra. Por ejemplo, estamos viendo cómo bancos con más de 150 años corren el riesgo de desaparecer porque han perdido la confianza del mercado. Igual suerte pueden seguir los países que no se modernizan, ya que cuando no avanzan generan desaliento en la inversión y sus economías se estancan.
Esta semana nos cayó un baldazo de agua helada cuando el Perú descendió al puesto 62 en el ranking sobre el clima para hacer negocios que elabora el Banco Mundial. Las causas son las de siempre y sobre las cuales mucho se ha hablado, pero poco se ha actuado: el exceso de burocracia en general, la dificultad en lograr el cumplimiento contractual, la rigidez del mercado laboral, el tiempo que toma tanto pagar impuestos como desaduanar etc. Incluso, una cierta complacencia de tener la economía que más crece en la región habría llevado a algunos a pensar que ya no se requiere reformar ni reducir los altísimos e innecesarios costos de transacción que soportan el ciudadano y el empresario. Pero el riesgo de retroceder es real, basta ver las propuestas para restringir la inversión extranjera o revertir la reducción de aranceles para confirmar que si se pierde el impulso de avanzar se va rápidamente hacia atrás.
Por ello, es urgente retomar reformas que no estén solo limitadas a mejorar el gasto del Estado sino también a hacer competitivo al sector privado. En primer lugar, la reducción de la maraña burocrática es fundamental, no solo se encarece la inversión sino que siempre será fuente de corrupción. El presidente García empezó con mucho impulso, exigiendo a los ministerios que recorten procedimientos, pero al poco tiempo parece que se olvidó del asunto. Ahora, con el ajuste del gasto, se puede generar una nueva corriente entre entidades estatales de inventar trámites obligatorios simplemente para aumentar sus ingresos propios. La solución, aparte claro está de eliminar miles de trabas burocráticas, es decretar la gratuidad de cualquier trámite que el ciudadano esté forzado a realizar, limitándose el Estado a cobrar el costo del servicio prestado solo en aquellos casos que lo solicitan sin estar obligados.
Adicionalmente, se debe reducir el universo de los que caen en las garras del Poder Judicial y fomentar tanto la conciliación como el arbitraje, con el fin de abaratarlos y abrirlos más. Asimismo, reducir y unificar los aranceles para limitar la discrecionalidad aduanera, la que cada día parece estar peor; lo cual, sumado a los 200 millones de dólares en sobrecosto anual que representa el Callao, nos resta competitividad. Más aun en momentos como el actual, en que nuestros mercados entran en recesión, por lo que cada dólar de margen es fundamental para poder mantener la exportación. También sería vital ampliar los alcances de la Ley de Mypes a todo nuevo puesto de trabajo que se crea al margen del tamaño de la empresa, no solo para generar empleo adecuado sino también para dar un verdadero salto en la formalización.
Finalmente, cabe mencionar que los sobrecostos burocráticos representan un punto del PBI al año, asumiendo que al ciudadano y al empresario el tiempo perdido les cuesta otro tanto, tenemos dos mil millones de dólares anuales que se pierden sin darle al país ningún valor agregado. Por ello, junto con la reforma presupuestal se requiere a gritos la implementación de una agenda pendiente para poder realmente aligerar al Estado.
EL COMERCIO
14-09-08
El Gobierno debería seguir el ejemplo del 'Loco' Vargas, que nunca se dio por vencido y hasta el final empujó para delante. Especialmente ahora que en el partido de la economía mundial tenemos un marcador en contra. Por ejemplo, estamos viendo cómo bancos con más de 150 años corren el riesgo de desaparecer porque han perdido la confianza del mercado. Igual suerte pueden seguir los países que no se modernizan, ya que cuando no avanzan generan desaliento en la inversión y sus economías se estancan.
Esta semana nos cayó un baldazo de agua helada cuando el Perú descendió al puesto 62 en el ranking sobre el clima para hacer negocios que elabora el Banco Mundial. Las causas son las de siempre y sobre las cuales mucho se ha hablado, pero poco se ha actuado: el exceso de burocracia en general, la dificultad en lograr el cumplimiento contractual, la rigidez del mercado laboral, el tiempo que toma tanto pagar impuestos como desaduanar etc. Incluso, una cierta complacencia de tener la economía que más crece en la región habría llevado a algunos a pensar que ya no se requiere reformar ni reducir los altísimos e innecesarios costos de transacción que soportan el ciudadano y el empresario. Pero el riesgo de retroceder es real, basta ver las propuestas para restringir la inversión extranjera o revertir la reducción de aranceles para confirmar que si se pierde el impulso de avanzar se va rápidamente hacia atrás.
Por ello, es urgente retomar reformas que no estén solo limitadas a mejorar el gasto del Estado sino también a hacer competitivo al sector privado. En primer lugar, la reducción de la maraña burocrática es fundamental, no solo se encarece la inversión sino que siempre será fuente de corrupción. El presidente García empezó con mucho impulso, exigiendo a los ministerios que recorten procedimientos, pero al poco tiempo parece que se olvidó del asunto. Ahora, con el ajuste del gasto, se puede generar una nueva corriente entre entidades estatales de inventar trámites obligatorios simplemente para aumentar sus ingresos propios. La solución, aparte claro está de eliminar miles de trabas burocráticas, es decretar la gratuidad de cualquier trámite que el ciudadano esté forzado a realizar, limitándose el Estado a cobrar el costo del servicio prestado solo en aquellos casos que lo solicitan sin estar obligados.
Adicionalmente, se debe reducir el universo de los que caen en las garras del Poder Judicial y fomentar tanto la conciliación como el arbitraje, con el fin de abaratarlos y abrirlos más. Asimismo, reducir y unificar los aranceles para limitar la discrecionalidad aduanera, la que cada día parece estar peor; lo cual, sumado a los 200 millones de dólares en sobrecosto anual que representa el Callao, nos resta competitividad. Más aun en momentos como el actual, en que nuestros mercados entran en recesión, por lo que cada dólar de margen es fundamental para poder mantener la exportación. También sería vital ampliar los alcances de la Ley de Mypes a todo nuevo puesto de trabajo que se crea al margen del tamaño de la empresa, no solo para generar empleo adecuado sino también para dar un verdadero salto en la formalización.
Finalmente, cabe mencionar que los sobrecostos burocráticos representan un punto del PBI al año, asumiendo que al ciudadano y al empresario el tiempo perdido les cuesta otro tanto, tenemos dos mil millones de dólares anuales que se pierden sin darle al país ningún valor agregado. Por ello, junto con la reforma presupuestal se requiere a gritos la implementación de una agenda pendiente para poder realmente aligerar al Estado.
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